La energía como forma de vida
Bamba, Junior y Said son “Jóvenes Profesionales” del curso que les da una oportunidad real de empleo.
La energía como forma de vida
Bamba vivía en San Louis (Senegal) dedicado a la construcción hasta que hace año y medio decidió venir a España en busca de un futuro mejor. Esa búsqueda, al igual que la situación de vulnerabilidad y el abandono escolar temprano, es compartida con sus ocho compañeros de promoción de la segunda edición de “Jóvenes Profesionales II”, el curso de fontanería y calefacción-climatización doméstica que les acreditará como técnicos de instalaciones de energías del hogar ofreciéndoles una oportunidad laboral real.
El sector de las instalaciones energéticas -que abarca múltiples actividades, como electricidad, fontanería, instalaciones térmicas, gas, instalaciones de productos petroleros, eficiencia energética, etc.- es un sector en auge, sin paro, pero que paradójicamente se enfrenta a un problema de relevo generacional, pues los profesionales se jubilan, pero no hay demasiados jóvenes que quieran dedicarse a ello.
“Me gusta mucho este curso porque quiero ser autónomo. Yo vivo en una asociación y mi trabajador social me encontró este curso, que creo que es muy bueno para los jóvenes como yo que querríamos tener nuestro propio negocio”.
Por eso, la Fundación Mutua Madrileña, junto a la Fundación EXIT y la Asociación de Empresas del Sector de las Instalaciones y la Energía (Agremia) pusieron en marcha hace un año esta iniciativa. En esta segunda promoción son nueve los jóvenes que han llegado al final de la formación y ahora empiezan sus prácticas en empresas.
“Me gusta mucho este curso porque quiero ser autónomo. Yo vivo en una asociación y mi trabajador social me encontró este curso, que creo que es muy bueno para los jóvenes como yo que querríamos tener nuestro propio negocio”, explica Bamba que ahora tiene 24 años.
Sus compañeros de promoción le secundan. Algunos han hecho otros cursos, pero no les han interesado tanto como este o no han encontrado la oportunidad laboral tras terminarlo: “He hecho cursos de cocina en varias asociaciones”, comenta Junior, apodado así por ser el benjamín del grupo. Nacido en España, pero de origen dominicano, Junior vive con su madre y hermanas y abandonó el instituto en el primer año de la ESO. “Me gusta más la fontanería que la cocina”, explica el joven de 18 años.
Los compañeros de promoción de Junior y Bamba tienen historias de lo más variopintas: Moha es un refugiado de Afganistán que llegó a España hace dos veranos y que se está poniendo las pilas con el idioma; Álvaro es soldado y en el Ejército, para seguir ascendiendo, necesita seguir formándose…y ahora se plantea qué le gusta más si ser soldado o la fontanería porque el curso le ha despertado el interés; o Said, de 21 años y origen marroquí, que llegó a España hace tres años con su hermano y que, aunque en la asociación en la que vive había hecho cursos, hasta ahora no tenía los papeles para trabajar: “En los otros cursos que había hecho, en las prácticas me habían ofrecido contratos pero no tenía los papeles para trabajar. Pero ahora ya tengo el permiso de trabajo por lo que espero que esta sea la definitiva”, explica.
Son nueve chicos que han superado con éxito la teoría, las Matemáticas -que coinciden todos ha sido lo que más les ha costado- y que ahora miran esperanzados a que las prácticas se conviertan en una oportunidad de trabajo. El esfuerzo realizado les ha despertado el gusto por seguir mejorando: “Al principio del curso me costaba la teoría, pero ahora ya lo he pillado. Cuando termine esto me apuntaré al instituto a terminarlo”, comenta Junior. “Yo seguiré estudiando el idioma porque es importante si trabajo de cara al cliente”, añade Bamba.
Los nueve han hecho piña: “Somos amigos y quién sabe si futuros socios”, termina Said.