Fundación Mutua apoya a los jóvenes que desarrollan actividades de voluntariado en su época universitaria a través de los Premios al Voluntariado Universiario- Blog Vidas Cruzadas
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La mirada del compartir

“Vivir juntos cambia vidas” fue finalista en los IX Premios al Voluntariado Universitario.

El 19 de septiembre de 2021, hace poco más de un año, el canario Bernabé Villalba estaba en su tierra, en El Paso. Ignoraba que en unas horas el volcán de Tajogaite, en la dorsal de Cumbre Vieja, iba a hacer retumbar la zona y llenar de fuego y destrucción el valle. “Yo estuve allí el día que explotó el volcán”, ―explica Bernabé―, “porque mi abuela murió el viernes 17 y la enterramos el sábado 18; y el domingo 19 estábamos comiendo fuera de la casa, en la terraza, y de repente vimos el volcán explotar”.

“La casa de mis padres está a tres kilómetros por lo que no afectó a la vivienda. A mis padres sí les afectó en el día a día, porque viven allí. El rugir del volcán por la noche, los gases, la ceniza…eso, durante tres meses, les desgastó mucho”, añade. “Tengo amistades y gente conocida que ha perdido absolutamente todo y están pasando poco a poco su proceso de duelo”.

La mirada especial para las necesidades de los demás de este joven canario no es algo reciente, sino que se fue gestando en el núcleo familiar: “soy de una familia numerosa bastante humilde, el ejemplo de vida de mis padres siempre ha sido inspirador. Sin un solo euro, a los 16 años quise asistir a la Jornada Mundial de la Juventud en Sidney, Australia, con Benedicto XVI, y aunque mis padres no podían ayudarme económicamente, me animaron, me puse manos a la obra para poder conseguir esa meta”, comenta.

Más adelante, sus inquietudes solidarias se fortalecieron en varios proyectos por todo el mundo: en Canarias, con el proyecto Ruta Siete, en el que universitarios de toda España recorren las islas en un programa de innovación social; en Barcelona, con cibervoluntarios que tratan de eliminar la brecha digital en la sociedad y ayudar a personas mayores en las nuevas tecnologías; en Nueva Delhi (India), con distintas organizaciones y proyectos sociales; y en Madrid, con personas sin hogar.

Fundación Mutua apoya a los jóvenes que desarrollan actividades de voluntariado en su época universitaria a través de los Premios al Voluntariado Universiario- Blog Vidas Cruzadas

Por fin, el año pasado decidió presentarse a los IX Premios al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña, a los que optaron 78 candidaturas con cerca de 2.000 alumnos de 57 universidades españolas. Su proyecto, “Vivir juntos cambia vidas”, resultó finalista, junto a otros cuatro.

La iniciativa de Bernabé Villalba, su hermano Miguel, y su amigo José Sánchez, universitarios de la Complutense, Francisco de Vitoria y la Politécnica, se produce en colaboración con la Fundación Lázaro, que promueve la convivencia de jóvenes con personas sin hogar que han sido “rescatadas” de la calle. Además de proporcionarles un techo y la manutención necesaria, los beneficiarios adquieren habilidades sociales y laborales con el objetivo de lograr su reinserción en la sociedad.

Convivir es la clave del compartir

La génesis de esta iniciativa finalista del premio fue “una de las cosas que lo cambió todo para mí fue cuando compartí piso en Barcelona. Aquellos compañeros tenían una mirada distinta de lo que es vivir en una casa”, explica Bernabé Villalba. “Como soy de La Palma, al salir de la isla para estudiar en la universidad necesité buscar un lugar donde vivir, y casi cada año con nuevas personas. Pero algunos cuando comparten piso es como si fuera un hostal y cada uno va a su bola”.

“Sin embargo”, -explica-, “cuando me invitaron a ver el piso aquel, un piso normal en Barcelona, me dijeron: vente, pero te vienes a cenar y así nos conocemos. Entonces me contaron lo que hacían: compartir el piso de verdad. Compartían la comida. Luego, la limpieza de piso, y muy importante, una cena juntos una vez a la semana, y esa cena era muy importante. Porque en el día a día no te ves, pero una vez a la semana, nos sentábamos y hablábamos sobre qué tal había ido la semana, si alguno había tenido problemas, pues lo podías comentar, todo... Y a mí me nació algo, que es como yo quiero compartir de verdad, no quiero volver a vivir en un hostal y a mi bola”.

Le preguntamos cómo conoció a la Fundación Lázaro. “Cuando estuve viviendo en la India, conocí un español. Un año más tarde, ya de vuelta en España me llamó para contarme de qué iba Lázaro, en un momento donde yo estaba mirando para cambiar de piso. Dije a aquella propuesta que sí al instante, porque cuando la propuesta no es solo vivir sino convivir, todo cambia. Ahí conocí la Fundación Lázaro”.

Después, Bernabé conoció la Fundación Mutua Madrileña: “Creo que fue a través de INJUVE, la página del Instituto de la Juventud del Gobierno de España, que vi el anuncio del concurso y en ese tiempo yo estaba terminando el máster de profesorado en la Universidad Francisco de Vitoria. Además, junto a Miguel y José, los tres estábamos en un piso de la Fundación Lázaro, y nos planteamos presentar el proyecto en el que convivimos, sobre todo porque en Lázaro vivimos de una manera bastante humilde, austera. Y pensamos: si esto sale bien, es una oportunidad de renovar cosas de la casa, además el proyecto va a crecer y esto podría ser bueno para el edificio que se está construyendo. Entonces nos presentamos, hicimos un video muy rápido con el móvil de José, yo lo edité un poco, lo presentamos y acabó sucediendo”.

Segundas oportunidades

“En el piso en el que estamos la propuesta es compartir de verdad. La mitad de los compis son personas que necesitan un hogar, y la otra mitad somos jóvenes que quieren convivir voluntariamente. En Lázaro no sólo compartimos el techo, sino nuestro tiempo, nuestras vidas, nuestra amistad. Creemos que para cambiar el mundo no hace falta tener superpoderes, basta ser uno mismo y decidirse a amar y a compartir lo que tenemos con los que no lo tienen. Aquí lo importante es el otro, no vivir encerrado para uno mismo”.

Bernabé Villalba subraya que “es como si todos viviéramos en una burbuja y cuando entras en Lázaro, esa burbuja se rompe, empiezas a ver otras realidades. Y en mi caso, esta inquietud de hacer algo con mi vida y en mi día a día, poder darme a los demás, está aquí en Lázaro. Mi tiempo es mío, pero no es sólo para mí”, porque como dice el lema de la fundación “todo lo que no se da, se pierde”.

Sobre las personas con las que viven, el ahora reciente profesor de Formación Profesional destaca que “pasan de ser vidas desconectadas en la calle a una vida en familia, en un hogar. Estoy convencido que cada persona puede crecer, superar sus inseguridades y sus miedos, abrirse en la confianza a los demás, y encontrar su lugar en la sociedad, redescubriendo sus capacidades y su propio valor. Y esto no se refiere sólo a los compis que han pasado por la pérdida de un techo y de un hogar, sino también a nosotros, los jóvenes que compartimos nuestra vida con ellos. Y en esto no estamos solos, en Lázaro hay una familia responsable que es esa figura a la que acudir cuando necesitas apoyo, y también hay voluntarios que ofrecen su tiempo para venir y hacer alguna actividad. Por ejemplo, está viniendo un chico de la Francisco de Vitoria a enseñar español a Mohammed y una chica a enseñar pintura a Fernando”.

Al terminar la conversación, surge una última reflexión, tal como ha visto en la naturaleza de las islas durante su vida: “Lázaro va de segundas oportunidades. Todos nos equivocamos y todos podemos volver a levantarnos. Para mí, hay un símil muy bonito en Canarias, que es el pino canario. Se llama pinus canariensis”.

 “El pino canario tiene una particularidad, y es que cuando un incendio parece que ya ha acabado con él, siempre y cuando su corazón no ha sido destruido por el fuego, del árbol vuelven a surgir las ramas, las hojas verdes… aunque el árbol se queda con la marca de que allí ha habido un incendio”.

“Yo creo que al final es lo mismo con las personas, que uno puede en algún momento en la vida pasar por situaciones muy difíciles, y todos cargamos con una cruz, que en ocasiones nos deja heridas, pero mientras no se destruyan los corazones de las personas, hay posibilidad de hacer cosas maravillosas”, concluye.