Turkana, el lado humano de la Medicina
Raquel es integrante del proyecto “SITUP”, que proporciona asistencia sanitaria a la población de Kenia.
¿Cómo una chica madrileña de 22 años, junto a su equipo, puede ganar el X Premio al Voluntariado que ha otorgado la Fundación Mutua Madrileña este año? El reto era importante, porque se han presentado más de 1.500 alumnos de 58 universidades de toda España.
Es Raquel, nació en Madrid, hija de médicos, y una de sus claves es la constancia. Porque los 15 integrantes del proyecto “SITUP” ―acrónimo en inglés de Surgery in Turkana University Project (Proyecto Universitario de Cirugía en Turkana)―, han hecho bueno el refrán de “a la tercera va la vencida”, tras haberse presentado en dos ocasiones anteriores.
En “SITUP” participan 15 alumnos de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad Francisco de Vitoria y la Universidad Miguel Hernández de Elche, junto a la Fundación Emalaikat. Unos estudiantes que, además de prestar asistencia quirúrgica especializada sobre el terreno, realizan labores docentes para formar a los profesionales sanitarios del país y participan en tareas de investigación.
“Yo conocí el proyecto hace dos años, a través de una asignatura optativa que hay en la Universidad Complutense de Madrid, que se llama Medicina sin fronteras -Cirugía en cooperación”.
“Yo conocí el proyecto hace dos años, a través de una asignatura optativa que hay en la Universidad Complutense de Madrid, que se llama Medicina sin fronteras -Cirugía en cooperación”, explica Raquel. “Porque la doctora Carmen Hernández, que es la directora médica de cirugía en Turkana, es una de las tres profesoras de esa asignatura. Cursé la asignatura en segundo de carrera, hace dos años, conocí el proyecto y la verdad es que me enamoró. Ha sido el primer proyecto de cooperación con el que realmente he colaborado, porque siempre he tenido esa idea en la cabeza, pero nunca había colaborado con ninguno”.
“En cuanto a presentarnos a los premios, ya nos habíamos presentado en dos ediciones anteriores, y no habíamos tenido suerte. Decidimos volver a presentarnos este año, y estamos super contentos”, añade. Ahora, el equipo acaba de volver de Turkana, zona con un elevado índice de pobreza y escasez de recursos sanitarios, donde han estado del 28 de enero al 12 de febrero.
Raquel estudia ahora cuarto de Medicina y, al terminar el Grado, son seis años, se examinará del MIR y elegirá la especialidad. Ahora lleva dos años yendo a Turkana, en 2022 y 2023.
“Nosotros estamos super agradecidos a la Fundación Mutua Madrileña, aparte del apoyo económico, que es una gran ayuda para nosotros, también por la visibilidad que da al proyecto, que nos permite llegar a muchos más universitarios y visibilizar tanto a “SITUP” como a Cirugía en Turkana”, señala esta estudiante madrileña.
Una de las cosas que hace especial a Cirugía en Turkana es que “incluye a estudiantes de Medicina en las campañas y como un miembro más de las personas que acuden al equipo. Como estudiante, no es tan sencillo participar en proyectos de cooperación como parte del equipo. Uno de los pilares es la docencia, nos tienen como parte muy importante del proyecto”, subraya.
Los gestos, la sonrisa
Es interesante escuchar las reflexiones de Raquel cuando habla de las lecciones que ha aprendido en Turkana. La joven estudiante universitaria considera que “Turkana nos enseña la parte más humana de la Medicina, la que no está en los libros. Porque hay muchas cosas que puedes estudiar la teoría, la enfermedad, pero al final lo que tienes delante no es una enfermedad: es un paciente, con todas sus circunstancias personales”.
Y prosigue: “Estar en un sitio como Turkana te enseña la parte más humana, el contacto con el paciente, la importancia de los gestos, de la sonrisa, Allí no hablamos el mismo idioma que ellos, intentamos aprender algunas palabras básicas, pero hay mucha comunicación no verbal, con sonrisas, con gestos, darles la mano”.
¿Nos quejamos demasiado aquí?, le sondeamos. “Yo creo que es una experiencia que te ayuda a relativizar, a poner los pies en la tierra. Obviamente, todos tenemos nuestros problemas, pero al final haber vivido una experiencia así ayuda a relativizar cosas a las que antes les daba mucha más importancia; nos damos cuenta de que hay otras cosas que pesan más”.
La zona donde ha estado el equipo de “SITUP” se sitúa junto al lago del mismo nombre, Turkana, en la zona norte del país, en torno a 900 kilómetros de Nairobi, capital de Kenia. “Ha sido un trabajo en equipo en el que hemos colaborado todos”. ¿Qué te ha costado más?”, preguntamos. Responde rápido: “Costar, nada, porque yo disfruto un montón colaborando con este proyecto”.
“Es verdad que hay cosas que te impactan”, reconoce Raquel. “Por ejemplo, ver a chicas de mi edad, que con 22 o 21 años tienen problemas uterinos, porque han tenido cinco o seis hijos; o ver niñas con enfermedades que aquí tendrían fácil solución, y a lo mejor allí es más difícil, por ejemplo, malformaciones en el paladar. O problemas en la lactancia materna, de desnutrición… Son cosas que impactan”.
En cuanto a la falta de medios, a Raquel le gustaría “corregir alguna cosa que dije en un video. Es verdad que tenemos falta de medios ―tienen muchos menos médicos por número de habitantes, etc.―, pero sí tienen analítica de sangre, aunque hay algunos parámetros de la analítica que no podemos pedir, pero la analítica básica sí la pueden hacer. O es cierto que allí tienen un escáner, lo que pasa es que muchas veces no pueden utilizar contraste. Es verdad que hay menos recursos, pero quería precisar estas cosas”.
Trabajo en equipo
La conversación sobre las tareas realizadas en Kenia sale sola. “Tanto en Cirugía en Turkana como en cualquier proyecto de cooperación hay mucho trabajo detrás. Sin el trabajo que se hace en España durante todo el año no se podría hacer el trabajo allí, en el terreno. Es importante entender la Medicina como una salud global, ver otras patologías, el trabajo en equipo”.
“Al final, vas allí, y trabajas con cirujanos, con traumatólogos, con ginecólogos, personas de diferentes especialidades, pero que allí están trabajando en equipo. Y te das cuenta de que en el mundo sigue habiendo un montón de desigualdades. Y si no las conoces, es difícil luchar contra ellas”, añade la estudiante de Medicina. Y que anima “a todos los universitarios a que colaboren en proyectos de cooperación, ya sea en éste o en otros que se han presentado, porque al final nosotros podemos hacer mucho. La gente quiere ayudar y no sabe cómo, y ya desde estudiantes podemos tener un papel activo en intentar mejorar esa situación de desigualdad”.
Los premios al voluntariado universitario se pusieron en marcha por la Fundación Mutua Madrileña hace diez años para visibilizar y reconocer la solidaridad de los universitarios españoles y contribuir económicamente al sostenimiento de sus iniciativas.
Según el último Estudio sobre Voluntariado Universitario, realizado por la Fundación Mutua, el número de universitarios que realiza acciones de voluntariado creció un 60% durante el curso 2021-22.