Tras la causa oculta de los tumores de cabeza y cuello
ERICA es el nombre del proyecto que investiga qué origina los tumores de cabeza y cuello sin causa clara. Avanza gracias a una Ayuda de la Fundación Mutua Madrileña
Tras la causa oculta de los tumores de cabeza y cuello
La mayoría de los tumores de cabeza y cuello se relacionan con el tabaco, el alcohol, y en algunas localizaciones con el virus del papiloma humano (VPH). Pero en consulta se está abriendo paso otra realidad más difícil de explicar: pacientes con tumores de cabeza y cuello que no responden a ese patrón. No fuman, no beben, no tienen los factores de riesgo habituales… y, aun así, enferman. Ahí es donde la ciencia se pone en modo detective: si no es lo de siempre, ¿qué está desencadenando la enfermedad?
Esa pregunta, tan incómoda como urgente, es el motor del Proyecto ERICA, liderado por la doctora Beatriz Cirauqui (Pamplona, 1975), oncóloga médica en el Institut Català d'Oncologia de Badalona y miembro del grupo de investigación B·ARGO y del programa CARE del instituto de investigación Germans Trias i Pujol (IGTP). El proyecto es uno de los que han recibido una de las XXII Ayudas a la Investigación Médica de la Fundación Mutua Madrileña.
En esta convocatoria, junto al Proyecto ERICA la fundación ha financiado otros 22 estudios en hospitales públicos de toda España con 2,3 millones de euros. Son cifras que, traducidas, significan algo muy concreto: que ideas que estaban en un cajón pasan a tener laboratorio, muestras, análisis, tiempo y un plan de acción. En el caso de ERICA, el objetivo está claro: entender mejor un tipo de tumor de cabeza y cuello que, en algunos pacientes, aparece sin la explicación habitual… y buscar la pista que falta.
Bajo el paraguas de “cáncer de cabeza y cuello” se agrupa un conjunto de tumores complejos (cavidad oral, faringe, laringe, glándulas salivares…) que pueden comprometer funciones tan esenciales como hablar, tragar o respirar. En los casos que más desconciertan hoy al equipo, la localización se repite con frecuencia en la cavidad oral, sobre todo en la lengua. Y, además, dejan huella. “La calidad de vida de estos pacientes se afecta frecuentemente porque es un cáncer que compromete funciones vitales y es muy visible”, subraya la doctora Cirauqui.
No es un problema raro ni marginal. En España se diagnostican más de 10.000 casos nuevos de tumores de cabeza y cuello al año y se maneja una supervivencia global a cinco años entorno al 50%. Además, aunque no siempre ocupe titulares, Cirauqui recuerda que se trata del séptimo tumor con más número de casos diagnosticados en todo el mundo.
En este tipo de cáncer el tiempo cuenta, y mucho: “En dos tercios de las ocasiones se detectan cuando ya están localmente avanzados, y eso condiciona su tratamiento”, señala Cirauqui. Por eso insiste en el trabajo en equipo: “Es fundamental tratarlos en el seno de un equipo multidisciplinar ya que, generalmente, se combinan dos o tres modalidades terapéuticas. Y justo por eso, llegar antes, con más precisión diagnóstica, puede marcar la diferencia en pronóstico, secuelas y calidad de vida”.
Financiar ciencia tiene un efecto multiplicador: hoy financias un proyecto, mañana tienes una hipótesis mejor, pasado un biomarcador útil y, más adelante, una práctica clínica más precisa. Por eso estas ayudas importan especialmente cuando hablamos de diagnóstico”.
Hay también un giro esperanzador. Tras años con cambios lentos, “se ha visto que la inmunoterapia está ayudando mucho a mejorar el pronóstico, consiguiendo largos supervivientes con enfermedades avanzadas”, apunta la oncóloga. Pero incluso con mejores tratamientos, el gran reto sigue estando en prevenir y llegar antes, con un diagnóstico más fino.
La doctora Cirauqui cuenta con claridad y preocupación que “en los últimos 5- 10 años hemos ido detectando mayor número de pacientes con este tipo de cáncer que no se ajusta a los factores de riesgo clásicos como beber, fumar o el VPH. Y lo más llamativo es que se da sobre todo en pacientes con diferentes características al que ya conocíamos, vemos más pacientes muy jóvenes de ambos sexos y mujeres ancianas. Y este patrón está aumentando con los años y no sabemos el porqué”.
Punto de partida
Ese “no sabemos” no es resignación: es el punto de partida de la investigación. ERICA nace de un equipo multidisciplinar que mezcla mirada clínica, investigación traslacional y bioinformática, con participación del IGTP, el ICO e IrsiCaixa. Y hay un elemento que aporta una dimensión especialmente humana al proyecto ERICA: hace referencia a una paciente muy joven cuya historia ha marcado profundamente al equipo y ha dejado una huella duradera en su forma de entender el cuidado y la atención. En ese sentido, el proyecto nace como un reconocimiento a esa experiencia y está concebido desde y para los pacientes.
En esa conversación aparece la otra voz clave: Eva Riveira (Madrid, 1977), bióloga investigadora en el grupo Interacciones Virus-Huésped, en IrsiCaixa. Ella pone palabras a una tensión que rara vez se ve desde fuera: la distancia entre el dato y la vida real. “En el laboratorio no tenemos contacto directo con los pacientes, pero somos muy conscientes de que nuestro trabajo tiene un impacto real en la vida de quienes están atravesando momentos difíciles”, explica.
Su laboratorio está especializado en virus, y esa especialización encaja con una hipótesis razonable: si existen estudios que han revelado asociaciones entre infecciones virales (conocidas o no) y diferentes enfermedades, ¿podría estar ocurriendo algo similar aquí, en un subgrupo de tumores de cabeza y cuello donde los factores clásicos no explican nada? “Hasta ahora, en cáncer de cabeza y cuello, la relación de algunos tumores con el virus del papiloma humano y el virus de Epstein-Barr es clara; por eso hay que seguir investigando”, resume Riveira.
ERICA busca analizar muestras extraídas directamente de cada tumor, usando tecnologías de secuenciación de última generación y apoyo de inteligencia artificial para rastrear señales virales, patrones inmunológicos y huellas moleculares que podrían pasar desapercibidas con métodos tradicionales. “Para afinar más, estamos colaborando en este proyecto con el doctor Diako Ebrahimi, del Texas Biomedical Research Institute (San Antonio, Texas). Ebrahimi trabaja con tecnologías de secuenciación avanzadas y técnicas de predicción de secuencias mediante IA y nos está ayudando a buscar secuencias virales en tumores de pacientes no fumadores y sin VPH y a compararlas con las de muestras de tumores de pacientes con los factores de riesgo habituales, buscando patrones diferenciales que nos den pistas”, explica Riveira. El objetivo final es ambicioso, pero concreto: “En estos tres años, el objetivo es comprender mejor estos tumores, identificar los mecanismos que están detrás de su aparición —incluido el posible papel de infecciones virales— y aportar información que nos permita avanzar en su diagnóstico y tratamiento”.
Prevención y detección temprana
En cuanto a la sensibilización sobre el cáncer de cabeza y cuello, la doctora Cirauqui insiste en una idea simple y decisiva: detectar pronto es empezar mejor. “El diagnóstico es el punto de partida de todo lo demás. Hay señales que conviene no normalizar: llagas que no se curan, disfonía persistente, dificultad severa al tragar, ganglios inflamados en el cuello… Se suele detectar a través de la atención primaria y también en clínicas de odontología, que nos derivan pacientes si ven algo sospechoso”.
Riveira añade que “desde esa lógica, financiar ciencia tiene un efecto multiplicador: hoy financias un proyecto, mañana tienes una hipótesis mejor, pasado un biomarcador útil y, más adelante, una práctica clínica más precisa. Por eso estas ayudas importan especialmente cuando hablamos de diagnóstico”.
Y aquí es donde entra la Fundación Mutua Madrileña y el valor práctico del impulso económico. Cirauqui lo dice sin rodeos: “La ayuda que nos ha dado la Fundación Mutua es un impulso para seguir en los próximos tres años trabajando en nuestra línea de investigación”.
ERICA quiere responder una pregunta científica, pero también humana: por qué se originan los tumores de cabeza y cuello que no encajan en el perfil típico. “Dentro de tres años nos gustaría poder demostrar si tienen un perfil genético diferente y descartar una causa viral, para arrojar luz sobre esta incertidumbre. Un punto de partida para seguir investigando”, resume Cirauqui.
Y cierra con un mensaje directo a los pacientes: “No están solos. Estamos a su lado. No entendemos la atención sin investigación: trabajamos para prevenir, para comprender y también para explicar por qué la enfermedad aparece en personas que no encajan en los patrones de riesgo habituales”. Como cierre, concluye con la frase que quiere dejar como idea-fuerza del proyecto: “Para mí, ERICA es ciencia que nace del paciente y retorna al paciente”.