Fundación Mutua promueve el la labor social de los universiatarios a través de los Premios al Voluntariado Universitario -Blog Vidas Cruzadas
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Solidaridad para salir de la pobreza social

Carmen participa en el proyecto de voluntariado “Creando Vínculos”

Nacida en Sevilla y estudiante de quinto de Derecho y ADE, Carmen Aguado forma parte del equipo de voluntarios del proyecto “Creando vínculos”, formado por estudiantes de la Universidad Loyola Andalucía, que participan en una iniciativa puesta en marcha hace décadas por la Congregación de las Religiosas de Jesús-María.

El proyecto ha resultado ganador de los VIII Premios al Voluntariado Universitario, impulsados por la Fundación Mutua Madrileña. Con “Creando vínculos”, los voluntarios como Carmen, tratan de ofrecer apoyo escolar y actividades de ocio a niños en situación de pobreza de la barriada sevillana Polígono Sur, una de las zonas más deprimidas de España.

Con sus 22 años –“soy del 98”-, esta sevillana y los otros estudiantes intentan que las niñas y niños de este barrio obtengan un mejor rendimiento académico y superen su motivación de cara a la reducción del fracaso escolar.

Carmen Aguado pone en contexto la tarea de voluntariado en el Polígono Sur, denominado de “las tres mil viviendas”, y explica para ello su génesis. “La barriada más antigua dentro del barrio es la de las Letanías, y es del año 60. El año 70 comenzaron a construirse las tres mil viviendas. Está limitada por el muro de Hytasa, y por la Carretera de su Eminencia, y situada a un tiro de piedra de una zona muy buena de Sevilla. El problema es que ha convertido en un ghetto, y las personas que viven allí están muy estigmatizadas; es decir, un sevillano asocia las tres mil viviendas con la droga, la pobreza o el vandalismo, por ejemplo”.

Carmen, que realiza sus prácticas en un conocido bufete de abogados, explica lo que está pasando. “Los niños que se crían allí lo hacen en un ambiente determinado. Y hay mucha gente que vive allí. Son obreros no cualificados, sin estudios, pero muy trabajadores, entre los que hay emigrantes de diversos países y continentes. Y si dicen ‘yo soy de las tres mil viviendas’, eso ya les pone una pegatina”.

Desde el voluntariado, Carmen y los demás estudiantes de la Universidad Loyola Andalucía promueven actividades extraescolares lúdicas, “aprender jugando”, pero también intentan “que vean que no se les pone ninguna pegatina, que ellos son parte de la sociedad sevillana, forman parte de Sevilla, y que no tienen por qué sentirse así. Que se pueden desarrollar, que tienen que estudiar, alcanzar una profesión tan digna como la de ser fontanero o pintor, la que tengan su padre y su madre, que no hay ningún problema en eso”.

El diagnóstico de esta chica de leyes es que “no hay tanto pobreza económica, sino más bien pobreza social. Una pobreza en educación. Es decir, viven de una forma en la que no se potencia la progresión profesional. Hay muchísima tasa de abandono o fracaso escolar. En bachillerato, por ejemplo, apenas hay nadie, y en 4º de la ESO muy pocos”.

Para rematar esta idea, Carmen Aguado cuenta una historia que ilustra su tarea y que “me marcó mucho”, reconoce. “Cuando yo empecé a ir, una niña me dijo ‘Maestra’ (porque siempre te llaman maestra, aunque estés jugando con ellos en la calle y no les estés enseñando nada), ‘¿a ti cuánto te pagan por venir aquí?’ Y yo le dije: ¡pero si yo vengo aquí a jugar contigo! ¿Qué pasa, que no puedo jugar contigo? Y me contesta: ¡anda hombre, ibas tú a perder el tiempo conmigo si no te pagasen!”.

“Básicamente, no se creen que tú realmente puedas disfrutar jugando con ellos”, prosigue esta universitaria. Y remacha: “Lo digo bien alto: yo disfruto. Es verdad. He tenido que dejar de ir al voluntariado por el tema de las clases y de la Universidad, y por la pandemia, y para mí ha sido una pena porque no puedo jugar con ellos”.

En busca de un futuro mejor

Hay otra historia que impresionó mucho a Carmen, que tiene también relación directa con el espíritu de los Premios al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileñaapoyar y promover el espíritu solidario de los universitarios españoles y poner en valor el voluntariado como palanca fundamental de apoyo a la sociedad.

El relato de Carmen tiene que ver con la implicación de los padres y su esfuerzo para que sus hijos tengan un futuro mejor. “Es una mujer que tiene dos niños, uno de ellos tendrá 6 añitos y otro tendrá unos 3 más o menos. Hablando con ella, me dijo: “yo sí quiero que mi hijo vaya a clases, porque yo quiero que tenga una vida mejor que la mía”.

“Esto es muy importante también en el voluntariado: los padres se preocupan para que sus hijos reciban la mejor educación posible”, subraya Carmen. “Porque claro, cuando vamos a jugar a la calle, muchos días vienen 20, pero otros días vienen 5; los padres luchan mucho porque jueguen, porque vayan a las clases, porque tengan la mejor educación, etcétera”.

Con la pandemia, los juegos en la calle se tuvieron que posponer porque era inviable, y “el apoyo escolar fue muy muy complicado, porque muchas familias no tenían wifi en casa, no tenían tablets o no tenían forma de impartir esas clases”, señala. De hecho, “el premio que nos han dado va a ir casi íntegro a reformar las instalaciones”.

En el polígono de las tres mil viviendas, los voluntarios intentan ayudar a las familias a adaptarse un poco. Y ahora también se están adaptando los juegos, explica Carmen, que lleva desde los 16 años haciendo voluntariado.

Carmen desea mencionar, en el proyecto del Polígono Sur, a las hermanas de la Congregación de Jesús-María (María Antonia, Manoli, Lolín, Almudena, Valle), a Alberto, laico, que “colabora en todo”, y al Servicio de Evangelización de la Universidad Loyola, que llevan Juan Romero, laico, y José María Valverde SJ.