Vidas cruzadas

Por Fundacion Mutua en Social

Vemos en las noticias rostros anónimos que se juegan su vida por venir a Europa en busca de una vida mejor, pero desconocemos sus historias. Uno de esos rostros es el de Moazzem, un chico de Bangladesh, de la ciudad de Gazipur, que llegó a Europa a través de Libia hace ya tres años. Quizá Moazzem ilustró también de forma anónima un día una página de periódico mientras la Policía le detenía con 17 años cuando llegó a Madrid. No lo sabemos.

Ahora, tres años después, Moazzem trabaja de fontanero y está cada vez más cerca de su sueño: poder traerse a España a la mujer que con tan solo 16 años dejó en Bangladesh y a la que prometió concederle una vida mejor.

El periplo de Moazzem al salir de Bangladesh tiene como primer destino Libia “donde llegué con visa y agencia”, pero donde vivió una pesadilla. Un capítulo de apenas un mes que prefiere no recordar: “No me acuerdo donde estuve. Lo peor fue el viaje”. De allí salió en barco, coche, autobús. Primero cruzó a Italia y desde allí a Madrid: “Yo quería vivir en algún país de Europa como Francia, Italia…y en especial España, porque me gusta mucho el fútbol”, resume.

Al llegar a Madrid le detuvo la Policía Nacional y le envió a un centro de menores. Un hecho decisivo que le ha permitido a Moazzem estar donde está hoy con 20 años. En el centro de menores pudo estudiar fontanería y obtener el permiso de residencia. El día que cumplió 18 años le enviaron a uno de los pisos de emancipación que tiene la ONG Nuevo Futuro y que ha contado con una ayuda a proyectos de acción social que concede cada año la Fundación Mutua Madrileña.

El piso está supervisado por Rebeca García, una educadora social que les guía y vigila: “A los pisos de emancipación viene gente de todos los centros de menores. Es la Comunidad de Madrid la que presenta a las ONG que trabajan con menores los casos de chicos de 17 años y 10 meses que van a tener que salir del centro en dos meses. Tienen un perfil muy concreto: chicos que tienen un proyecto de vida y que no tienen una familia que les apoye”, explica Rebeca.

“Yo no sabía qué me iba a ir al piso al cumplir 18 años”, recuerda Moazzem. “Me mandaron porque no tenía a nadie aquí. Ahora ya tengo a mis paisanos que tienen negocio en Lavapiés y con los que voy a charlar”, explica.

“En el piso vivimos 5 chicos, aunque ahora mismo somos tres. No tenemos problemas. Somos tranquilos. Cocinamos y a veces salimos al cine, la montaña o ver un partido”, cuenta. “Rebeca es como una madre. Es muy maja. Siempre se preocupa por nosotros”, confiesa.

Moazzem ya es veterano en el piso. Lleva dos años. Acabó sus estudios de fontanería y ahora ha encontrado trabajo. El no tener permiso de trabajo ha sido su mayor hándicap para encontrar un empleo.

“El problema es que haya un empresario que apueste por él porque tiene que pagar la documentación y presentar un documento en el que se responsabiliza a contratarle por un año”, explica Rebeca.

Un largo camino

“Lo pasé muy mal buscando”, recuerda. Moazzem tenía que convencer a sus posibles empleadores de que le hicieran los papeles. No desistió. Tras algunos intentos frustrantes, encontró su trabajo por internet. Él solo convenció al empresario para que apostara por él, pagará la documentación y se responsabilizara con un contrato. Él no le falla. Trabaja duro. “Estoy aprendiendo mucho. Hago fontanería, pero también albañil, pintor…y preparo el carné de conducir”.

“Ahora va a consolidar el plan ahorro de cara a una salida del piso. Es un chico responsable en ese aspecto porque muchos chicos consiguen trabajar y en seguida quieren volar, y él es sensato, está solo aquí…sabe que necesita ese ahorro”, explica Rebeca.

El plan de ahorro forma parte del itinerario de los pisos de emancipación de Nuevo Futuro: los chicos o chicas viven independientes pero supervisados por una educadora que les guía y empodera para fomentar su autonomía, dotándoles de herramientas para su inclusión sociolaboral y se quedan hasta que están listos para emprender una vida autónoma por su cuenta

“Ahorro poco a poco y mando también a mi país para ayudarles. Hablo con ellos todos los días a través de videollamada con un teléfono que les compré”, explica.

Moazzem hizo una apuesta a ciegas al salir de su país porque no tenía referencias de ningún paisano que le hubiera salido bien y aunque no ha sido fácil, ahora la suya se está convirtiendo en una historia de éxito.

Rebeca tiene claro el secreto del éxito de Moazzem: “Porque es bueno y los buenos ganan. Es buena persona, hace muy fácil la convivencia, es trabajador…y la vida le ha recompensado”.