Música que es memoria
La Fundación Mutua Madrileña promueve actuaciones de músicos de la Escuela Superior de Música Reina Sofía en residencias de mayores.
Música que es memoria
Cualquiera de los dos músicos podría haber escrito esta frase: vengo de una isla que una vez quiso crear un paraíso musical. Esa tierra es Cuba, esa capital es La Habana. Daniel Domínguez Quintero y Daniel Alejandro Armas Malpica son amigos, y su vida, la música, un cruce de caminos. Proceden de idéntica isla y se encontraron por vías distintas, aunque ambos disfrutan de una beca en la prestigiosa Escuela Superior de Música Reina Sofía (Madrid). Su isla es música. Ahora ellos la llevan, además, a las residencias de mayores de la mano de la Fundación Mutua Madrileña.
“Es una maravilla, un proyecto muy bonito: hemos tenido una recepción en todas las residencias increíble”. Unas tres veces al año, los dos Danieles, uno con la voz y el otro con la guitarra: “Como decimos en Cuba hacemos una descarga”, narra Domínguez. “Es increíble ver a los mayores de las residencias reaccionar. Es una suerte ir. Algunos tienen problemas más avanzados que otros. Pero cuando suena un bolero, una melodía, una letra que les recuerda a su juventud ves una sonrisa, una atención, quizá la búsqueda de un profundo recuerdo”, indica Daniel Alejandro.
Dos cubanos unidos por la Escuela
La música es la vida y se aferra a las vocaciones. Daniel Domínguez Quintero (2000) estudió Derecho en la Universidad de La Habana. Su especialidad era la penal. Ahora, tiene 26 años, y es cantante. Desde 2023 estudia en la Cátedra de Canto “Alfredo Kraus” Fundación Ramón Areces de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, con la profesora Juliane Banse. “Veía a Alfredo Kraus, Pavarotti, Josep Carreras en la televisión y pensaba: ¿cómo pueden cantar así?”, recuerda. Él lo pronunciaba a media voz, casi en un susurro en la Facultad. Por afición. Ignoraba su talento para la lírica. Pero en primero de Derecho se lanzó. Le pidieron que cantará en una competición y ganó. Tenía 19 años. Luego, lo que suele suceder en las carreras musicales, unir puntos. Muchas veces fortuitos. “Mi tutora de tesis era vecina nada menos de Milagros de los Ángeles Soto, una de las grandes sopranos de Cuba. Imagine, de no saber nada de ópera a recibir clases de la primera figura del Teatro Lírico Nacional”, subraya. “A las tres semanas cantamos, en un espacio para la lírica que tenía, un dúo juntos del brindis de La Traviata”, se emociona.
“Aunque tengan niveles cognitivos distintos, la música es memoria: cuando suena un bolero o una melodía que les recuerda a su juventud, ves una sonrisa, una atención, quizá la búsqueda de un recuerdo profundo"
Ese fue su verdadero comienzo: en 2019 subió a las tablas del Teatro Lírico Nacional para interpretar Florestan, el protagonista de Fidelio, la única ópera del genio Beethoven. “A partir de ahí, mi profesora dejó de cobrarme por las clases”, detalla. Al no ser una formación reglada igual empezaba desde lo más pesado vocalmente a lo más ligero. “Íbamos montando el repertorio en función de los conciertos. Es difícil subir y bajar registros o cambiarlos”. Mientras, la profesora Paula Sánchez le enseñó a leer música.
Es cierto que en Cuba todo trasluce un sentido de hacer mucho con pocos medios. Allí una vez tamizada en la lírica quedan dos cosas: el talento y el esfuerzo. Dos virtudes que jamás entienden de geografías. ¿Y los referentes? ¿A quién escucha Quintero? Suena la voz de dos tenores inmensos. Franco Corelli (1921-2003) y Mario del Mónaco (1915-1982) o el extraordinario tenor alemán Jonas Kaufmann. También Juan Diego Flórez y Javier Camarena.
¿Y ese personaje, esa interpretación? Domínguez (desde luego, propone ¡quién no! la ópera Tosca de Puccini). “Uno de mis personajes favoritos es Mario Cavaradossi”. El protagonista de la representación. En una profesión que sabe que es competitiva (“lo entiendo como algo positivo, donde siempre se aprende”, observa Daniel). Su próximo reto lo tiene este verano en el Festival Internacional de Santander, donde interpretará el papel de Monostatos de la ópera La Flauta Mágica de Mozart bajo la dirección musical de David Afkham y la dirección de escena de Rolando Villazón. Está enormemente agradecido a la Escuela del Reina Sofía y también a la Fundación Mutua Madrileña. Pero este último espacio, además, lo comparte con su compañero y compatriota Daniel Alejandro Armas Malpica (2004).
El otro Daniel
Regresemos un momento a Cuba donde la vida musical también comenzó para él. Solo avanzaremos que tiene 21 años y que desde 2025 estudia en la Cátedra de Composición Inditex de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, con el profesor Fabián Panisello. Su adolescencia es el ritmo de Chucho, Paquito de Rivera o el extraordinario compositor Leo Brouwer. Daniel Armas en otros tiempos sería considerado un ser humano polímata. Sus conocimientos alcanzan la música clásica, la armonía antigua, la composición, diversos instrumentos y el jazz. Es un pentágono de habilidades. Toca la guitarra con la perfección de quien reconoce que “he estudiado de la “pe” a la “pa”, como dicen en Cuba, al genio de Paco de Lucía y sus increíbles escaletas o su mano derecha, la que lleva el ritmo”.
Otra vez funciona esa conjunción de astros, al igual que con su compatriota y tocayo. En 2022 empezó en el grupo Esemble Lauda. Uno de los más significativos de la música antigua cubana. “No sabía nada de esa expresión, era el encargado de la cuerda pulsada, me dieron una cítola (un instrumento muy popular entre los siglos XII y XIV). No sabía ni que existía. Pero me lancé”, describe. “Estuve a punto de salir corriendo, pero en dos semanas ya tenía mi primera actuación”. Se llevó el instrumento a casa. A partir de ahí música sefardí, árabe. Mientras, en el conservatorio, donde estaba matriculado, seguía practicando piano; y el jazz estaba casi viviendo en sus teclas. Sabía poca composición. La aprendió realmente en la Escuela Superior de Música Reina Sofía.
Tenía que comenzar su carrera y le coge de la mano la famosa profesora y compositora cubana Wilma Alba Cal. Ella le ayudó a entender ese mundo bello y complejo a la vez de las corcheas. También asistió a las clases magistrales del compositor, director y profesor Fabian Panisello. Al preguntarle sobre sus preferencias, le gustaría poner música al poemario “Versos sencillos” (1891) del gran cubano José Martí. ¿Recuerdan? “Yo soy un hombre sincero/ De donde crece la palma / Y antes de morirme quiero / Echar mis versos del alma”. Esta pasión se la ha inculcado a su hermano más pequeño de 13 años, que ha visto en él un modelo de superación.
Ahora el compás, marca ese cruce juntos de Daniel Domínguez Quintero y Daniel Alejandro Armas Malpica que guía hacia la Fundación Mutua Madrileña y su colaboración en residencias de mayores. “Es inolvidable presenciar la atención que nos brindan. Cantan con nosotros. Algunos pacientes se nos han acercado y nos han dicho: hoy nos habéis hecho felices”. Aunque tengan niveles cognitivos distintos, la música es memoria. Y aunque esté a veces escondida, todos los seres humanos la tienen. “Quizás, quizás, quizás”.