La lección que no cabía en el horario
Marcos García, profesor de Economía, encontró un hueco en el temario para enseñar a sus alumnos a reconocer la violencia de género y reflexionar sobre las relaciones de pareja
Hay profesores que se limitan a impartir su asignatura. Y hay otros que, cuando encuentran una grieta en el horario, deciden meter por ahí algo que va un poco más allá. Marcos García es de los segundos. Tiene 28 años, es profesor de Economía en un instituto madrileño y, cuando le llega un programa como 'Nos duele a todos', no lo archiva: lo convierte en el proyecto de toda una evaluación.
El pasado curso, Marcos ganó el premio al profesor más influyente en la undécima edición de 'Nos duele a todos', la iniciativa de la Fundación Mutua Madrileña para sensibilizar y prevenir a los jóvenes favor de la igualdad y contra la violencia de género. Sus alumnos del IES La Senda de Getafe presentaron sesenta trabajos, entre ellos Dos generaciones, la misma herida, ganador del premio al vídeo más popular. Pero el reconocimiento, se nota hablando con él, es lo de menos. Lo que de verdad le interesa es lo que ha visto este año: chicos y chicas de quince años que le han hecho revisar, en tiempo real, su propia adolescencia.
Una generación que entiende más de lo que le enseñan
Marcos tiene edad para acordarse bien de cómo era ir al instituto. Y esa cercanía, dice, le ha dado una perspectiva que pocos profesores tienen: no observa a sus alumnos desde fuera, los reconoce desde dentro. Da clase en Getafe, es de Getafe, y además entrena al equipo infantil de un club de fútbol de esa ciudad, el mismo donde él jugó de pequeño. "Este curso he revivido mi adolescencia desde fuera. Hacen lo mismo que hacía yo, van a los mismos sitios… y eso te da una perspectiva que no tienes si vienes de fuera", cuenta.
Esa cercanía es, precisamente, lo que le permite lanzar una conclusión que no esperarías de un profesor hablando de sus propios alumnos: son mejores que su generación. Al menos en algo.
La generación Z es mejor que la nuestra en valores, pero nadie les enseña a reconocer la violencia de género en el aula
Lo explica sin medias tintas: "Es verdad que a los chicos académicamente cada vez les exigimos menos, pero en valores creo que cada vez son mejores […] lo que pasa es que la violencia de género como tal no se profundiza en casi ninguna asignatura". No es una intuición aislada. Habla también de una generación que domina la tecnología, que expone en inglés sin despeinarse en clases bilingües donde a los de su quinta les temblaba la voz, y que, insiste, tolera mucho menos las faltas de respeto que se toleraban cuando él tenía dieciséis años.
Esa es la contradicción de fondo: chavales más capaces, más conscientes y respetuosos que la generación anterior, a los que el sistema educativo todavía no ha encontrado el hueco para hablarles en serio de violencia de género.
Cuando el currículo no llega, llegan los márgenes
Marcos enseña Economía, una asignatura en la que puede hablar de brecha salarial, que ya es algo; pero la violencia de género, las relaciones tóxicas o los límites en la pareja son puntos que no entran en su programa. No porque no le parezca importante, sino porque, sencillamente, el currículo no lo contempla.
"Yo al final explico producción en una empresa o explico el mercado, eso no te da para entrar en la violencia de género. Hay gente que piensa que aquí debemos enseñar nada más que números y letras, pero yo creo que vamos más allá", resume. Y para ello, la vía real, la única, son los márgenes: las tutorías o las asignaturas sin programa fijo, como ese espacio que se llama Medidas de Atención Educativa (MAE) y que, según cuenta, casi nadie fuera de los institutos conoce. Dos horas a la semana sin currículo cerrado, donde pudo llevar 'Nos duele a todos' durante una evaluación entera: sesiones para el taller de concienciación, para ver los vídeos de ediciones anteriores y, después, para que fueran los propios alumnos quienes decidieran cómo querían participar.
El matiz que incomoda: el machismo entre ellas
Cuando un profesor se pasa un trimestre entero hablando de violencia de género con adolescentes, es fácil imaginar qué esperar de la conversación: chicos que minimizan, chicos que se ríen, chicos que no entienden. Marcos, sin embargo, señala otra cosa. Lo que más le ha llamado la atención no viene de ellos.
"Oigo más veces decir a una chica algo hiriente de otra chica que al revés. Y a mí eso me llama muchísimo la atención: no lo dicen de forma despectiva, lo dicen entre amigas, pero sigue estando el estigma de que si tú te lías con muchos chicos, para las propias chicas eso es casi peor que para los chicos", explica.
No habla de agresión ni de control, sino de algo más difícil de señalar: el juicio que circula entre amigas, el estigma que unas chicas siguen aplicando a otras. Una violencia sutil que, a su juicio, convive con una mejora real: hoy, dice, ellas ponen más límites y se hacen respetar más que antes. Pero hay un detalle que a Marcos le sigue pareciendo extraño: sus alumnos comparten la ubicación del móvil no solo con la pareja, sino con todo el grupo de amigos. Él, con 28 años, solo la comparte con su hermano. "No lo entiendo", admite.
De un móvil en clase a los chats de las madres
El trabajo más popular de esta edición salió de las aulas de Marcos: Dos generaciones, la misma herida, un corto realizado por cinco alumnos de 4º de la ESO del IES La Senda: Oliver Sánchez, Álvaro Braojos, Carla Artiaga, Paula Ruiz y Paula Casares.
Marcos se ríe al recordar cómo lo grabaron y editaron todo con CapCut, desde el móvil, sin ningún programa de edición profesional. "Tuvieron mucho trabajo, porque cuando ya lo tenían montado y me lo enseñaban, yo les decía: esto aquí lo fundiría antes. Y había que mover todos los subtítulos otra vez. Se pegaron la currada de rehacer y rehacer", cuenta. En el reparto no solo hay alumnos: la abuela que aparece en el vídeo no es la abuela real de la protagonista, sino la de otra compañera del grupo. Y Oliver, uno de los cinco autores, es actor de teatro, algo que se nota, dice Marcos, en el resultado final.
Meses después del proyecto, Marcos coincidió en la Feria de las Profesiones (un evento del centro que tiene como objetivo enseñar salidas laborales) con los padres de Carla; los dos habían interpretado una escena en el corto. Fue entonces cuando le contaron hasta dónde había llegado el proyecto. "Me dijeron que estaban encantados, que las madres lo mandaban por los chats a sus amigas. El proyecto había llegado a sitios que nosotros no imaginábamos", cuenta Marcos.
La violencia de género, ese tema que en el instituto solo cabe en los márgenes del horario, había saltado sin permiso del aula al salón de casa. El vídeo, grabado en el móvil por un grupo de alumnos, terminó circulando por los chats de las madres del instituto. Y las dos horas semanales de una asignatura sin programa definido se convirtieron en un trimestre entero de sus alumnos preguntándose qué es la violencia de género y qué no lo es.