Vidas Cruzadas https://www.vidascruzadas.es El blog de las historias que explican nuestra razón de ser es-ES Detrás de cada primer paso https://www.vidascruzadas.es/salud/detras-de-cada-primer-paso/ Thu, 27 Sep 2018 11:14:37 +0200 1459435338261 Quizás sea por su color rojo y su aspecto futurista, pero todos los niños cuando ven por primera vez el exoesqueleto piensan en lo mismo: en Iron Man. El super héroe que con ayuda de su armadura puede llegar a hacer cosas inimaginables. No se equivocan, el exoesqueleto infantil también tiene el poder de conseguir algo que parecía imposible, que los niños con Atrofia Muscular Espinal (AME), una enfermedad degenerativa que les impide andar y permanecer erguidos, puedan ponerse de pie y caminar.

La diferencia más importante entre ambas armaduras es que el exoesqueleto es real, existe y funciona, y además es made in Spain. Gracias a un ensayo clínico pionero financiado por la Fundación Mutua Madrileña, tres niños con AME han podido andar por primera vez con la ayuda del primer exoesqueleto infantil del mundo, desarrollado íntegramente en nuestro país.

El proyecto comenzó a finales de 2015 y ha sido codirigido por el doctor Gustavo Lorenzo Sanz, responsable de la Unidad de Neurodesarrollo de Neurología Infantil del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid y la doctora Elena García Armada, investigadora del CSIC. Pero hay otra pieza fundamental de esta armadura sin la que el proyecto no habría podido llevarse a cabo, se llama Fernanda y es quién ha acompañado a los niños y sus familias cada día durante la última etapa del estudio: probar el exoesqueleto en casa durante dos meses.

Fernanda Jorge es fisioterapeuta especializada en pediatría y atención temprana. Venezolana y de padres canarios, vino a España para terminar de formarse en esta disciplina. "Siempre he querido seguir aprendiendo. La fisioterapia es muy amplia y cada rama utiliza técnicas específicas. En atención temprana te encuentras con lesiones neurológicas que requieren técnicas muy diferentes al tipo de rehabilitación que habitualmente se conoce”, explica Fernanda. Actualmente es directora del Centro de Intervención Global y Aprendizajes Tempranos CIGAT.

Su primer contacto con la atrofia muscular espinal fue a través de un familiar y más delante por dos casos en una misma familia cuando trabajó como coordinadora de fisioterapia en la Fundación Síndrome de Down de Madrid: “Comencé a investigar y a trabajar cada vez más con este tipo de diagnóstico desde entonces, involucrándome en asociaciones como la Fundación Atrofia Muscular España (FundAME). De alguna manera me he especializado en AME, aunque no sea una disciplina como tal al ser una enfermedad rara. De hecho, tengo compañeros fisios y rehabilitadores que nunca han tratado un caso”.

Gracias a su experiencia y su relación con FundAME conoció a los doctores Gustavo Lorenzo y Elena García. “Conocí la posibilidad de que este proyecto saliera adelante con la ayuda de la Fundación Mutua Madrileña y la posibilidad de participar en él. Comenzamos desde cero, había que diseñar el exoesqueleto y uno de los primeros y grandes retos fue la ergonomía del dispositivo. Había que conseguir que el dispositivo mantuviera a los niños en una postura correcta y cómoda para ellos, y después hacer coincidir los motores con sus articulaciones”. Fernanda confiesa que el comienzo no fue nada fácil: “Creo que al principio lo más difícil fue encontrar un lenguaje común entre la parte de ingeniería y la parte de fisioterapia”.

Después de un año de pruebas ergonómicas el exoesqueleto estaba listo para probarlo. Primero en el hospital y más adelante, en la última fase del ensayo, en casa de los niños para integrarlo en las actividades de su día a día durante dos meses.

“El primer día con el exoesqueleto en casa fue total, verdaderamente increíble” recuerda Fernanda con una sonrisa. “De hecho, lo primero que tuvimos que hacer fue ajustar las expectativas de los niños. ¡La primera vez ya querían utilizarlo para correr, jugar al futbol y al baloncesto!”. Sin embargo, “fue esta motivación lo que hizo que consiguiéramos unos resultados que nunca hubiéramos imaginado”, añade.

Para poder utilizar el exoesqueleto los niños necesitan que les ayuden a vestirse con esta armadura cuyos poderes por ahora son limitados, tiene una capacidad de marcha lenta y es Fernanda quién está al mando mediante una tablet.

El objetivo principal del estudio fue probar los beneficios psicológicos en la calidad de vida de los niños. Fernanda contaba con dos horas al día por la tarde para probarlo en casa de cada niño durante dos meses. “La doctora Elena García me preguntó qué creía que podía hacer en ese tiempo. Pensé en qué es lo que hacen los niños cuando vuelven del colegio al llegar a casa y lo tuve claro, utilizaríamos el exoesqueleto para jugar”, recuerda.

“La reacción de los niños y las familias fue increíble y yo me quedé realmente impresionada de lo que les podía llegar a motivar usar el exoesqueleto. Se dieron cuenta que podían hacer más cosas de las que creían antes, no por estar de pie, sino porque no se lo habían planteado antes o no se atrevían”, añade Fernanda.

Pese a que a cada niño le gustaba un juego diferente, para ella la verdadera motivación de los tres fue la misma, sentirse igual que sus amigos. "Lo que más les motivaba era ponerse de pie y sentirse altos, poder acercarse a su madre y decirle: mira por dónde te llego. La ilusión de uno de ellos era poder llevárselo al colegio. Cuando le pregunté el motivo me dijo que, en primer lugar, era para que dejaran de preguntarle por qué no podía andar. La segunda razón era poder salir al patio y andar con sus amigos…pero solo para andar, me decía riendo que para correr prefería su silla, que es más rápida”.

Fernanda lleva casi 25 años trabajando con niños en fisioterapia pediátrica y atención temprana, pero su aprendizaje y el del resto de los profesionales que han formado parte de este proyecto ha sido “brutal”, según ella, tanto a nivel profesional como a nivel personal. A día de hoy es la única fisioterapeuta en el mundo que ha ayudado a caminar por primera vez a tres niños con AME en el entorno familiar de sus hogares con la ayuda de esta armadura para pequeños héroes.

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Grandes obras para los más pequeños https://www.vidascruzadas.es/cultura/grandes-obras-para-los-mas-pequenos/ Thu, 12 Jul 2018 10:20:23 +0200 1459435337882 Cristina acaba de llegar de Huesca. Esta vez el motivo de su visita no ha sido fruto de su afición montañera, sino la gira de Ferro Teatro en la que han acercado La Flauta Mágica de Mozart a más de seiscientos niños cada día, de diferentes municipios aragoneses.

Además de aficiones como el ciclismo y la montaña, la pasión de Cristina siempre ha sido el teatro. Estudió arte dramático y desde pequeña participó en grupos amateur. Con veinte años se embarcó con “mucho miedo”, como dice ella, en aquel mundo, dejando su trabajo de documentalista para dedicarse de manera profesional al teatro: “No sabía si iba a poder vivir de mi profesión, pero no me valía otra cosa. Mi vocación era muy clara desde el principio”.

Ferro nació en 2004 como un proyecto tímido, una pequeña asociación cultural junto a un par de actores, a su vez compañeros de clase y que hoy en día siguen a su lado. Sin embargo, poco a poco la compañía comenzó a coger inercia y tuvo que decir que no a otros trabajos. “Si me hubieran dicho que me iba a convertir en una empresaria probablemente no hubiera estudiado arte dramático” confiesa entre risas. De hecho, hoy en día solo se sube al escenario de manera puntual, cuando hay personajes o “plazas” especiales para ella.

Este es el caso de la Fundación Mutua Madrileña, donde volvió representar el Ministerio de la Tierra el pasado mes de enero. “A la Mutua le tengo muchísimo cariño. Me gusta mucho la labor que hace la Fundación con la dinamización de ese espacio tan bonito que es el auditorio de Mutua”.

Desde 2015 cerca de tres mil mutualistas y sus hijos han disfrutado de algunas de las obras que componen la programación infantil de Ferro, en concreto La Flauta Mágica, El Cascanueces, El Lago de los Cisnes, El Gran Juego de Verdi y El Ministerio de la Tierra. “Ese público que ha logrado generar la Fundación de mamás y papás que llevan a sus niños a culturizarse, a mí me encanta. Todo lo que sea dinámicas y propuestas para generar consumidores de teatro me parece súper importante”.

En este aspecto, Cristina tiene una larga experiencia en la adaptación de grandes clásicos para los más pequeños. Su primer retro fue en 2005 con la Flauta Mágica de Mozart: “Fue la primera vez que me enfrenté contra un operón de tres horas en alemán, con una historia un poco obtusa y un arco dramático muy difícil de entender para los niños. Resultó ser un éxito. Descubrí en ese momento que era muy interesante adaptar las obras de autores clásicos para los niños y niñas”.

A día de hoy Ferro cuenta con diez espectáculos musicales para niños, entre los que encontramos títulos de Tchaikovsky, Mozart o Verdi, a los que se sumará en los próximos meses Guillermo Tell de Rossini. Esta última irá dedicada a niños algo más mayores por su temática, como nos explica Cristina. “Ya me pasó con El Lago de los Cisnes, me costó adaptarlo para niños de tres a seis años. Como puedes imaginar, en nuestro final el cisne blanco y el cisne negro son muy felices”.

Todos sus espectáculos infantiles de teatro comparten el mismo leitmotiv, diferenciándose de los de otras compañías. Durante los primeros diez minutos, los actores rompen la cuarta pared descubriendo a los niños e introduciéndoles dentro de la trama. “Esto está súper calculado. Sabemos que después de tantos minutos, los niños pierden la concentración y hay que volver a generar interés. Esta medido en todos los espectáculos cómo captar su atención. No hay improvisación, todo es trabajo puro”, explica Cristina. “De esta manera, el pequeño espectador no solo se siente parte integral del desarrollo, sino que prácticamente gracias a él se soluciona el conflicto”.

La labor pedagógica de Ferro también abarca toda la geografía española, coordinando con los teatros y centros educativos de cada región, las sesiones matinales durante la campaña escolar. En la capital, entre otros proyectos, llevan a cabo junto al Ayuntamiento de Madrid visitas teatralizadas y talleres temáticos para niños y niñas en el Faro de Moncloa.

Pero no todo es teatro infantil. La compañía también se dirige a los adultos, consolidándose como una de las más punteras en España en el ámbito lírico. “Seguimos apostando por la zarzuela, intentando modernizarla, descostumbrizarla… Antes de la crisis era muy normal que un municipio se gastara diez mil de euros, por ejemplo, en un espectáculo grande de este género. Ahora es impensable, es un género que casi ha desaparecido. En este aspecto, somos un poco como los últimos de Filipinas”.

Su último proyecto es uno de los más ambiciosos: una residencia para artes escénicas en la región de los Pirineos, cuyo debut se espera para el verano de 2019. Una iniciativa gracias a la que, junto al reconocimiento de toda su carrera, Cristina ahora forma parte de la Academia de las Artes Escénicas como directora.

Productora, autora, directora, actriz, guionista… Se ríe al recordar su respuesta a la pregunta que le hizo un alumno durante una entrevista hace unos días. “Me preguntó si mi trabajo era muy duro. Intenté explicarle que es mucho más de lo que parece, todos los kilómetros que hay detrás de cada representación, la organización, la gestión emocional del equipo, etc. Pero claro, para un niño es una pregunta mucho más inocente. Me temo que no entendió nada de lo que le dije”. Nosotros somos testigos de ese gran trabajo y esperamos impacientes poder ver de nuevo El Cascanueces en noviembre, y a ella también.

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Música para curar https://www.vidascruzadas.es/salud/musica-para-curar/ Tue, 8 May 2018 14:51:51 +0200 1455718327227 Los jóvenes músicos de la Escuela Superior de Música Reina Sofía han desarrollado un proyecto de música teatralizada para acercar la ópera a los niños. Gracias a la Fundación Mutua Madrileña, actúan también para pequeños hospitalizados, amenizando su estancia.

Son virtuosos de la música o la voz y también son conscientes del rol que pueden tener en la transformación de la sociedad. Los jóvenes estudiantes de la Escuela Superior de Música Reina Sofía desarrollaron, dentro de un proyecto de emprendimiento e innovación incluido en su plan de estudios, una obra de teatro para acercar la música a la infancia. El proyecto se ha materializado actuando en distintos hospitales de Madrid, gracias a la colaboración con la Fundación Mutua Madrileña.

Gala Kossakowski (flauta), Karla Martínez (piano), Alejandra Mª Acuña (mezzosoprano), María de los Ángeles Gómez (soprano) y Pablo Martínez (tenor) se dejaron la piel en el escenario cuando actuaron en el Hospital Universitario La Paz, de Madrid, para un grupo de niños y niñas hospitalizados y sus padres.

“Queríamos dar a conocer la música clásica de una manera más accesible a los niños. Esta idea primero fue planteada para escuelas y luego surgió la invitación para hacer el proyecto en hospitales”, explica María de los Ángeles.

Los cinco conectaron interpretando su propia versión de la ópera “Carmen” con un público entregado, deseoso de olvidar por unos momentos las rutinas médicas del día a día de un ingreso. Primero lo hicieron en el Hospital Universitario La Paz y luego siguieron otros centros, como el Hospital Niño Jesús también en Madrid.

Ellos ponen en práctica su arte y su proyecto, pero no son los únicos que disfrutan. Los niños hospitalizados y sus familias se entregan ante un buen número de actuaciones musicales teatralizadas, muy divertidas, donde se unen creatividad y música.

Suenan actos de la ópera “Carmen” de Bizet, piezas más cinematográficas como “West Side History” de Leonard Bernstein y “Claro de luna” de la Suite Bergamasque de Debussy, e incluso introducen ritmos latinos con la obra “Guantanamera” del compositor contemporáneo José Fernández Díaz. “El guión fue inventado entre todos los miembros del equipo, con ayuda de personas expertas en la materia”, añade la soprano del grupo. “Las piezas fueron seleccionadas a través de una idea basada en la ópera “Carmen” y conforme se iba desarrollando el guión, íbamos agregando piezas que tuvieran que ver con lo que estaba pasando”, explican.

Los músicos de la Escuela Reina Sofía vienen de todo el mundo y son todos becados para estudiar en este centro de alta formación profesional. En total, cada año, más de 150 alumnos de treinta países distintos. Son seleccionados exclusivamente por sus propios méritos, a través de audiciones, y disfrutan de una enseñanza personalizada con profesionales de todo el mundo.

María Ángeles, la soprano, llegó de Venezuela hace dos años donde había estudiado canto lírico. Lleva en la música desde “muy chica” y ahora roza los treinta. Considera que estudiar en la Escuela es “un reto y un privilegio, ya que es una escuela muy completa en la que podemos seguir desarrollando nuestras capacidades”.

Otros dos años lleva en España otra de las integrantes del quinteto que interpretó “Carmen”, Karla, pianista cubana. Dejó su Cuba natal para completar sus estudios gracias a una beca de la Fundación Albéniz y ahora se entrega a su pasión. Considera que el proyecto de teatralización para hospitales, bautizado como Conectando mundos, es “fundamental para un artista” porque “haces este tipo de proyectos desde cero”. Y, después de todo el trabajo, “es muy gratificante ver el resultado con los niños”, señala.

Con dos años por delante para terminar sus estudios, su sueño compartido es “poder seguir desarrollándose como músico y vivir de ello”.

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“Chagua Maisha”, las lecciones de Tanzania https://www.vidascruzadas.es/social/desaprender-para-ensenar-las-lecciones-de-tanzania/ Tue, 6 Mar 2018 17:15:43 +0100 1455717760309 Marta y Daniela son dos de los más de treinta jóvenes que participan en el proyecto “Chagua Maisha”, ganador de los IV Premios al Voluntariado Universitario convocados por la Fundación Mutua Madrileña en 2017. Ambas nos explican cómo Tanzania se ha convertido en su segundo hogar.

Born City es uno de los barrios a las afueras de Arusha, una ciudad al norte de Tanzania, que crece exponencialmente hacia sus alrededores. De una semana a otra, donde antes solo había caminos de tierra, ahora encontramos nuevas viviendas que, en su mayoría, carecen de servicios básicos como el agua o la luz.

Ante estas carencias, en 2014 fueron los propios ciudadanos quienes fundaron Progress for Africa, una ONG al servicio de las comunidades menos favorecidas de Arusha.

Marta es una de sus primeras voluntarias, una estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (URJC), que colaboró estrechamente con la entidad tanzana desde sus inicios: “Apenas llevaban un mes cuando comencé a colaborar con ellos. Yo estaba buscando unas prácticas y ellos fueron la primera ONG que me respondió. En ese momento solo tenían relaciones con colegios y dispensarios locales”.

No le gusta reconocerlo, pero ella es una de las grandes responsables de este proyecto. Al volver de su primer viaje a Tanzania consiguió implicar a más estudiantes gracias a una charla en su universidad. Junto a ella se encuentra Daniela, representando a Progress for Africa Spain. “Todos queríamos venir a esta entrevista, así que tuvimos que sortearlo”, nos explica como ejemplo de cómo funciona la participación en las actividades que se realizan. Los voluntarios nunca se escogen a dedo.

Hablamos con ellas de “Chagua Maisha”, el primer proyecto propio de Progress for Africa, surgido a finales de 2015 con la ayuda de treinta jóvenes estudiantes de diferentes disciplinas y universidades españolas. En 2016 presentaron su candidatura a la IV edición de los Premios al Voluntariado Universitario que concede la Fundación Mutua Madrileña, de los que resultaron ganadores. “Al salir de una entrevista para la radio de la URJC, fue el director del departamento de cooperación quién me hablo por primera vez de los premios de la Mutua”, recuerda Marta.

Cuando les preguntamos qué significó ganar este premio no pueden evitar sonreír: “Ganar el primer premio de la Mutua ha sido mejor que ganar la lotería. Ganar la lotería es cuestión de suerte, pero ganar este premio significa un reconocimiento a nuestro trabajo. Significa que alguien más cree en lo que hacemos. Estamos más tranquilos, no solo en el ámbito económico, sino también por el aval de confianza que representa”.

“Chagua Maisha” en el idioma local significa “elige vida” y, en efecto, ha cambiado la vida de más de 120 familias tanzanas y las de cerca de cuarenta universitarios españoles. El objetivo primario de este proyecto fue la construcción de una escuela, que además representa un centro de encuentro para los vecinos de Arusha, y una tienda (duka) para garantizar su sostenibilidad económica en el tiempo. Una iniciativa que beneficia de forma directa a veintiséis niños de tres a siete años, quienes reciben clases de preprimaria, y al resto de vecinos a través de charlas y talleres formativos.

Marta y Daniela nos cuentan su experiencia, donde lo más importante fue desaprender. Más allá del idioma, nos explican como nunca podríamos entender una cultura tan diferente, sin antes dejar de lado nuestra mentalidad occidental: “Es impensable entrar en una tienda para comprar una bolsa de tornillos sin antes dar los buenos días, preguntar por la familia, qué tal el trabajo… Una compañera apuntaba que el tiempo que tardamos en España en despedirnos, ellos lo dedican a saludarse”.

Precisamente, uno de sus principales problemas en el inicio del proyecto fue un error en la comunicación, el cual agradecen haber cometido a tiempo. Daniela, estudiante de arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid, nos lo detalla con una humildad ejemplar: “Desde España diseñamos el primer proyecto de arquitectura para el colegio, era precioso y sobre el papel funcionaba perfectamente. Cuando llegamos a Arusha descubrimos que, simplemente, no se podía hacer. Los medios y materiales que necesitábamos eran otros, y el terreno demasiado arcilloso para la cimentación. Imagínate, veníamos de Europa con todos nuestros conocimientos de arquitectura y descubrimos para nuestra sorpresa que no sabíamos construir allí. Tuvimos que empezar de cero con la ayuda de arquitectos locales. Callarnos y escuchar. Fue un momento para recapacitar y comprender que no podían tomarse decisiones unilaterales nunca más”.

En efecto, ni en Tanzania ni en España se toman decisiones por libre. “Chagua Maisha” es un proyecto dirigido a partes iguales entre los dos países, y hacen hincapié en ello. Esa es precisamente la clave para que funcione. Las propuestas surgen de la población y las transmiten a la ONG. Según sus necesidades, entran en juego los diferentes estudiantes de arquitectura, ingeniería, medicina, magisterio, etc. Los voluntarios son todos estudiantes universitarios o recién licenciados, quienes además han tomado asignaturas optativas y centrado sus trabajos fin de carrera con el fin de beneficiar al proyecto. Su compromiso es total.

La mayor parte del año, las comunicaciones entre ambos países son por correo electrónico, WhatsApp o videoconferencia. “Al principio era un lío. Imagínate, nosotros traducíamos del español al inglés y ellos hacían lo mismo desde el swahili. Muchas veces los mensajes que cruzábamos no tenían ningún sentido”.

Muchos de los voluntarios viajan a Tanzania en verano, llegando a estar entre veinte y treinta sobre el terreno. Y en ese momento, es cuando todo cambia. Marta nos confiesa que para los universitarios españoles que empezaron desde el principio, ya no hay vuelta atrás: “Tanzania se ha convertido en nuestra segunda casa. Durante un periodo del proyecto nos quedamos sin dinero, sin nada. Todos los días teníamos que ir andando desde el hostal hasta el proyecto, siete kilómetros de ida y siete de vuelta, a cuarenta grados y pleno sol. Este proyecto nos ha cambiado la vida, puede sonar a tópico, pero qué cierto es. Nos ha ayudado a ver el mundo desde otra perspectiva y también a relacionarnos entre nosotros con gran respeto y admiración. Nos sentimos parte de una gran familia, a pesar de estar separados por miles de kilómetros”.

Les preguntamos sobre el futuro del proyecto. “Las madres nos piden que compremos un nuevo terreno y hagamos primaria. Quieren que sus hijos continúen recibiendo esta educación y no tener que mandarlos a otro centro”. Sin embargo, el objetivo por ahora es afianzar lo que ya existe y lograr que el proyecto sea sostenible por sí solo, gracias a la apertura de la duka. “2018 será el año en el que se promoverán las actividades públicas que conviertan al espacio en un lugar de referencia para todos los vecinos y vecinas”. No nos cabe la menor duda de ello.

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Cicerone desde la silla https://www.vidascruzadas.es/social/cicerone-desde-la-silla/ Wed, 17 Jan 2018 17:15:43 +0100 1455717451341 El programa de tutorías de ASPAYM pone en contacto a lesionados medulares veteranos con otros que acaban de empezar con la silla de ruedas para que les ayuden en sus primeros meses.  Luis, en silla desde hace 28 años, ha enseñado a Venancio, que lleva 3, a sacar el máximo a su nueva situación. El programa recibió una Ayuda a la Acción Social de la Fundación Mutua Madrileña para apoyar económicamente su ejecución.

Hace tres años que Venancio tuvo un accidente de moto que le dejó postrado en una silla de ruedas. Luis lleva 28 viendo el mundo desde otra perspectiva, lo que le convierte en un veterano. Ambos rondan los 60 y la vida les unió en el programa de tutorías de ASPAYM (Asociación de Parapléjicos y Personas con Gran Discapacidad Física de la Comunidad de Madrid).

“Venancio tuvo un accidente de tráfico muy complicado. Mi lesión también es consecuencia de tráfico. Él de moto, yo de coche. Acabas en el mismo hospital, aunque sea con 25 años de diferencia y pasando por lo mismo…”, pone en antecedentes Luis.

Con una idea tan sencilla como que alguien que lleva tiempo en silla de ruedas oriente a alguien que acaba de llegar a ella nació el programa de tutorías de ASPAYM. Este programa de tutelaje, conocido formalmente como “Autogestión de la propia Discapacidad: Cuidados y Autonomía para una Vida Independiente”, recibió en 2016 una de las ayudas de la Convocatoria de proyectos de acción social de la Fundación Mutua Madrileña para poder llevarse a cabo. Durante un año pasaron por él varias parejas, juntadas por ASPAYM por tener una edad y un origen de la lesión similar. Un miembro de la pareja, veterano y, el otro, recién lesionado.

En ASPAYM no todos los lesionados medulares son por tráfico, cada vez más los hay por enfermedad degenerativa, pero también por traumatismos varios, lesiones deportivas, por arma de fuego, procesos tumorales, etc.

En el caso de Venancio y Luis, su programa de tutorías, previsto para seis meses, perdura de por vida en forma de amistad. Se ven dos veces por semana cuando Venancio acude a rehabilitación a la sede de ASPAYM, fundación de la que Luis es miembro fundador y del patronato.

Cuenta Venancio que Luis le ha orientado en las cosas cotidianas, “esas que no le puedes preguntar al médico” y que le ha resuelto muchas dudas: “Me resultó fundamental poder hablar con una persona con experiencia que me orientara, porque al principio uno está muy despistado”, explica Venancio.

Después de su accidente de moto, Venancio estuvo todo un año ingresado en el Hospital de Parapléjicos de Toledo, recuperándose. “Sales del hospital, un sitio donde tienes todo, a la calle, donde no tienes nada. Una realidad que no conoces. Yo cuando salí del hospital no podía ir a mi casa porque tenía escaleras. Fuimos a un loft alquilado hasta que pudimos cambiar de casa. Tienes muchas dudas y no todas son médicas. Cómo organizar tu casa, dónde irte de vacaciones… y temas muy personales, como el control del intestino. Poder hablar íntimamente con una persona de un tema que es difícil sacar, te ayuda un montón”.

Por temas como estos el programa de tutorías resulta tan interesante porque pone en contacto “al novato” con alguien experimentado que es un “compañero de fatigas”, no un médico, ni un psicólogo, y que le ayuda a hacer muchas cosas por primera vez. Explica Venancio que, con Luis, “he ido por primera vez a un restaurante, he montado en autobús, en metro, al fútbol, a conciertos…”.

El problema de la movilidad reducida afecta a un 8% de la población española, sin embargo, muchos de los que la padecen se quedan recluidos en sus casas. Por eso Luis, y ahora también Venancio, reivindican la accesibilidad a los lugares públicos. “En Madrid, el autobús está adaptado, pero el metro, no”, explica Luis. “Yo si en un restaurante veo barreras arquitectónicas, ya han perdido un cliente”.

Luis es del Atleti y Venancio del Rayo. Ambos han acudido juntos al nuevo Wanda Metropolitano, un estadio que aprueba con nota en cuanto a accesibilidad.

También reivindican las ayudas públicas para poder llevar una vida independiente, asesores que les ayuden con su movilidad y que no tengan a su familia pendiente de ellos. Eso, es lo que más les duele. “Mi mujer está ahí las 24 horas y yo quiero optar a recursos públicos para que ella pueda hacer otras cosas”, comenta Venancio.

Luis ha enseñado a Venancio a sacar el máximo a su nueva situación, a que hay mucho por hacer desde una silla de ruedas, a salir a la vida de nuevo…como resumen, “a que una cosa es tener la silla de ruedas en la cabeza y, otra, en el culo”, sentencian sonriendo.

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Las 170 sonrisas recuperadas https://www.vidascruzadas.es/social/las-sonrisas-recuperadas/ Mon, 13 Nov 2017 14:39:23 +0100 1455718326797 La Fundación Mutua Madrileña entregó una de sus Ayudas Sociales a Red Acoge para mejorar la salud de niños y niñas inmigrantes de familias monoparentales. 170 historias que resumimos en la de Joao que gracias a esta ayuda pudo recuperar su sonrisa…en sentido literal.

Joao llegó a España con su familia cuando tenía tres años, ahora tiene 15 y vive con su madre y su hermana en Barcelona.

Los tres forman una familia monoparental en la que la madre se gana la vida como puede para dar el mejor hogar a sus hijos. Trabaja limpiando unas oficinas, pero con un contrato de media jornada que apenas cubre las necesidades básicas de vivienda y alimentación. Cuando surge un gasto extra, se hace una montaña y más cuando del gasto depende la salud de alguno de sus hijos.

Gracias a pequeñas asociaciones locales, familias como las de Joao encuentran un pequeño anclaje para facilitarles su integración en la comunidad local y, a veces, puede convertirse en una tabla de salvación para hacer frente algunos de esos gastos de salud imprevistos y necesarios.

Esto es lo que le ocurrió a la madre de Joao un par de años, cuando a su hijo el dentista del ambulatorio le detectó una malformación oral tan importante que impedía que los dientes pudieran ocupar su sitio. “No es que los dientes estuvieran fuera del sitio, es que no tenían dónde estar porque faltaba encía y salían en el paladar. Venían montados unos encima de otros”, explica su madre, Johana.

El desembolso rondaba los dos mil euros, inasumible para el bolsillo, y Johana fue a contárselo a David, de la Fundación Privada Bayt al-Thaqafa en Barcelona, que siempre tiene unos minutos para escuchar y solucionar problemas de la inmigración extra-comunitaria que atienden en la oficina. Mientras fue buscando otras opiniones médicas que solo corroboraron el problema de Joao y la necesidad de intervención en múltiples fases: reconstrucción oral, endodoncias, brackets y más endodoncias.

Pasaron unas semanas y todo encajó. La Fundación Mutua Madrileña, en su Convocatoria anual de Ayudas a la Acción Social había concedido una ayuda a Red Acoge para el proyecto “Mi refugio de salud”, con el objetivo de dar respuesta a problemas que nos son atendidos por la Sanidad Pública en la infancia inmigrante y refugiada, especialmente de familias monoparentales.

La Fundación Bayt, en contacto con Red Acoge, tramitó la ayuda para Joao.

La de Joao es solo una de las 170 historias niños y niñas a los que se ha podido ayudar. Con el dinero de la ayuda se han solucionado emergencias de salud, estados graves derivados de nutrición inadecuada, vacunas no incluidas en el calendario, alimentos infantiles específicos, gafas, plantillas ortopédicas, ortopedia para corregir una deformidad en el cráneo en una bebé de 3 meses o tratamientos dermatológicos para bebés con piel atópica.

Pequeñas ayudas que, como en el caso de Joao, le ha permitido volver a sonreír con la confianza que había perdido por la malformación.

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Luz al final del tunel https://www.vidascruzadas.es/social/luz-al-final-del-tunel/ Tue, 3 Oct 2017 17:15:43 +0200 1455717990933 El programa “Mirada en Violeta” de la Asociación Candelita organizó un curso de formación en auxiliar de cocina y coaching para 15 mujeres víctimas de la violencia de género gracias a una de las ayudas a proyectos sociales de la Fundación Mutua Madrileña.

La mayor barrera para las alumnas del curso de formación en cocina era que su profesor fuera un hombre. El pánico que sentían al tratar con el género opuesto llegaba a paralizarlas.

“Yo a ti no te voy a contestar”, dijo una de ellas.

Las alumnas eran 15 víctimas de violencia de género que gracias a la Fundación Mutua Madrileña se beneficiaban del programa formativo “Mirada en Violeta” de la Asociación Candelita, una formación individualizada con talleres para la mejora de la imagen personal y la autoestima, así como la formación en auxiliar de cocina.

Éste es el relato de cómo una mujer, que llego a salir en pijama a la calle de lo poco que se quería, ha tenido el coraje de empezar de cero, formarse, dejarse ayudar, trabajar su autoestima y encontrar un trabajo que le permite mantenerse con su hija adolescente y soñar con poder ahorrar para comprarse una vivienda.

La llamaremos A.J., porque no puede aparecer con su propio nombre, ni mostrarnos su cara. A.J. se quita las alhajas antes de que el fotógrafo dispare. No se permite el más mínimo descuido. Toda precaución es poca.

A.J. nació en un país de Latinoamérica, no alcanza la mitad de la treintena y hace ocho que comenzó su particular salida de los infiernos. No da detalles del antes, pero cuenta su proceso hasta el ahora.

“Estaba en un centro de día de mujeres, al que acudía cuando no tenía trabajo, y a través de él me enviaron a una entrevista para participar en “Mirada en Violeta”. Al principio dudé, era un año de formación, pero me lo tomé como un trabajo. Las primeras semanas quería dejarlo porque a veces a uno le superan las cosas. Pero luego ves que te ayuda, te motiva…”.

El año de “Mirada en Violeta” supuso un cambio radical para A.J. que llegó con la autoestima “por los suelos” y el firme convencimiento de que era nefasta para la cocina (“de tanto que te lo dicen, te lo crees. Eso y tantas otras cosas”). Las sesiones de coaching, el apoyo del grupo y “la paciencia de los profesionales que han estado con nosotros” han tenido mucho que ver en la mejora de la percepción de sí misma. A las pocas semanas del curso, A.J. empezó a contestar a su profesor.

Para entrar en “Mirada en Violeta” la Asociación Candelita marcó unos criterios de selección, encabezados por el hecho de que las mujeres participantes, víctimas de violencia de género, estuvieran en proceso de recuperación y más o menos en el mismo punto.

Luz al final del túnel

Éste es quizá el secreto del éxito del programa. El apoyo grupal ha sido esencial para que todas estas mujeres siguieran avanzando en su proceso de recuperación. Desde el primer día las mujeres hicieron piña, “era como si nos conociéramos de toda la vida”.

A.J. tiene un recuerdo “bonito” del curso de cocina y eso que tuvo que freir centenares de huevos, hacer macarrones a gran escala para un comedor. “Ahora, cuando hago un plato de comida, me quedo tan a gusto. Me digo: he podido y está bueno. Y es que si nos quitamos los límites, conseguimos lo que queremos”, sentencia.

Cuenta durante la entrevista que por primera vez en años se ha maquillado para venir a vernos. Que por primera vez en años ha mirado una foto suya y, no solo eso, sino que se ha visto guapa en ella. Y no es de extrañar. La diferencia con antes es que ahora todo está de su mano: “Soy capaz. Tengo fuerza. Tengo a mi hija. Estoy contenta y me encuentro bien”.

No obstante, recuerda que “el camino es largo porque una pierde totalmente todo. De lo que era antes a lo que soy ahora es muy distinto. He procurado dejar el pasado y seguir adelante. En un año hablando, superando miedo y compartiendo cosas se ha obrado el milagro”.

“Mirada en violeta” le ha servido para volver a confiar en ella. “Y una vez que tienes eso, ya puedes contar con todo”. Candelita ha puesto luz al final del túnel que atravesaba.

A.J. concluye lanzando un mensaje a las mujeres que están viviendo el infierno que ella vivió: “Se puede salir, pero hay que dejarse ayudar. Si una no se deja ayudar es difícil que salga porque se queda dando vueltas. A veces pensamos que no podemos salir porque tenemos miedo de tanto machaque y creemos que tenemos la culpa. Si te aferras a eso y no te dejas ayudar, no saldrás nunca. Pero si te dices: quiero salir y quiero que me ayude, se sale”. Advierte, eso sí, que el proceso es largo.

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Un paso más en el Sorolla https://www.vidascruzadas.es/cultura/un-paso-mas-en-el-sorolla/ Wed, 13 Sep 2017 13:26:11 +0200 1455718326196 La Fundación Mutua Madrileña fue la primera entidad privada que colaboró con el programa de exposiciones temporales que puso en marcha el Museo Sorolla. Un programa que ha “revolucionado” las visitas a la casa del pintor valenciano en el centro de Madrid.

La casa museo del pintor Joaquín Sorolla es un remanso de paz en el corazón del barrio de Chamberí de Madrid (está en la calle General Martínez Campos, 37). Legado al Estado Español por la viuda del pintor, Clotilde García del Castillo, recoge una parte importante de la obra del artista además de los distintos espacios (estudios, talleres y habitáculos) donde vivía y trabajaba.

El Museo Sorolla es, además, el segundo museo de arte de Madrid más valorado por los visitantes en Tripadvisor, la web que recoge reseñas de los viajeros sobre contenido relacionado con viajes. Sin embargo, y aunque resulte chocante, los datos allá por el 2011 indicaban que nadie volvía a visitarlo. “Nuestros estudios de público indicaban que era un museo que gustaba muchísimo. En nota éramos el museo que mayor satisfacción daba a sus visitantes, pero al que no se volvía”, explica Covadonga Pitarch, conservadora del museo.

Buscando una solución a este asunto, fue cuando en el año 2011, bajo la dirección de Consuelo Luca de Tena, el Museo Sorolla decidió poner en marcha un programa de exposiciones temporales que se ha revelado fundamental. No solo porque ha mejorado de manera considerable la reincidencia de los visitantes, sino porque ha permitido a los conservadores investigar, exponer fondos diferentes, conocer otras facetas del pintor valenciano y mejorar las relaciones con otras instituciones.

“El programa de exposiciones temporales ha sido un punto de inflexión para el museo”, enfatiza Pitarch.

Para llevar a cabo este programa, el Museo, a través de la Fundación Sorolla, tuvo que “buscar socios” y establecer relaciones con muchas instituciones. La Fundación Mutua Madrileña fue la primera que les tendió la mano, colaborando en un programa de patrocinio que hoy en día sigue vigente y que ya se ha plasmado en varias exposiciones. Arrancando con “Sorolla. Arte de la luz” en el año 2015.

Además de todas las bondades de las que se ha beneficiado el Museo con este programa de exposiciones temporales el éxito se ha traducido en un aumento del público del museo, que ha pasado de los algo más de cien mil visitantes anuales a los 215.000 del último año.

“En el aumento del número de visitantes la Fundación Mutua ha jugado un papel fundamental, dando a conocer la ubicación del museo a través de sus canales de comunicación e invitando a acudir a sus mutualistas con el envío masivo de invitaciones”, explica Pitarch.

Como muestra, un dato: si antes de anunciarse el convenio con el museo a través de la revista la Mutua y el resto de canales de la Fundación, como la web y la newsletter, acudían entre 200 y 300 mutualistas al mes, tras los primeros envíos pasaron a 800-1.000 mutualistas mensuales. “Ha supuesto un aumento de unos 10.000 visitantes al año, que no es poco. Son personas que han conocido el Museo gracias a la Fundación Mutua Madrileña”.

El programa tiene cuerda para rato. Ya preparan la próxima exposición para la primera mitad de 2018: “Sorolla y la moda”, en colaboración y simultáneamente con el Museo Thyssen-Bornemisza.

El Museo Sorolla tiene por delante grandes y nuevos retos. El más importante es el de su ampliación. Respetando la casa original, el Museo está a punto de acometer una reforma que duplicará el espacio disponible y que se espera esté lista en dos o tres años. Las obras les permitirán cubrir servicios de los que actualmente carecen, como más salas de exposición, una sala multidisciplinar para conferencias y conciertos, una gran zona de acogida para grupos, cafetería, guardarropa y dotar al museo de una mayor accesibilidad.

También seguirán trabajando en su presencia en las redes sociales, indispensables en la sociedad actual para seguir dando a conocer el museo y, en otro orden de cosas, en un proyecto que llevará la obra de Sorolla a la National Gallery de Londres en 2019.

Mucha vida por delante para este pequeño oasis del arte en el centro de Madrid.

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Doctor en África https://www.vidascruzadas.es/salud/doctor-en-africa/ Tue, 1 Aug 2017 20:15:43 +0200 1455717721178 Gracias a una beca para la Cooperación Internacional de profesionales de la Medicina y la Enfermería que concede anualmente la Fundación Mutua Madrileña, el doctor Santiago Izco pudo colaborar con los Responsables  del Programa Nacional de Tuberculosis de Guinea Ecuatorial para demostrar que en el país ha surgido y se extiende la forma resistente a los fármacos (‘multi-resistente’). Los datos que obtuvieron han servido al gobierno de este país africano para diseñar una primera intervención para controlar la nueva epidemia.

Santiago Izco podría ser el doctor Izco en cualquier hospital de España. Sin embargo, lejos de practicar la medicina en una consulta española tipo, el doctor Izco ha recorrido en poco más de diez años Kenia, Mozambique, Guinea Ecuatorial y Sudán, enseñando (o participando en la “capacitación”, como dice técnicamente) a los sanitarios locales para mejorar sus prácticas clínicas en el manejo de pacientes con sida y tuberculosis.

“Como médico en África soy consciente de que lo que hago tiene un sentido, un pequeño impacto. Lo que podría hacer como médico en España ya lo hacen muchos otros y muy a gusto”, explica.

Cuenta su decisión vital de desarrollar su carrera en África sin heroicidades. Más bien por una mezcla de curiosidad, ganas de entender el mundo, interés por la salud pública, sensación de responsabilidad y, ante todo, una pasión, de siempre, por este continente.

Santiago Izco es uno de los médicos que ha recibido una beca para la Cooperación Internacional de profesionales de la Medicina y la Enfermería que concede anualmente la Fundación Mutua Madrileña. Concretamente lo hizo en 2015. Con estas becas, la Fundación apoya proyectos de cooperación sanitaria liderados por españoles.

Con la ayuda, Santiago pudo llevar a cabo un proyecto para estudiar el impacto que estaba teniendo la tuberculosis resistente en Guinea ecuatorial. La gente se estaba muriendo de ella, y sus responsables del Programa Nacional de Lucha Contra la Tuberculosis agradecieron su colaboración en un estudio que ofreciera datos exactos que ayudara al Gobierno local a invertir en su prevención, diagnóstico y tratamiento.

El proyecto había surgido por casualidad. En un viaje para visitar a sus amigos en Guinea Ecuatorial, estos le cuentan el problema de la tuberculosis resistente: “Se estaba muriendo mucha gente, pero aún no tenían pruebas ni la técnica de laboratorio adecuada para demostrar que ésa era la causa. Juntos diseñamos el proyecto y buscamos fondos para hacerlo, allí y en España”.

Es aquí donde, además de obtener fondos de investigación del hospital donde realizaba su residencia (el Gregorio Marañón de Madrid) entra la ayuda de la Fundación Mutua Madrileña. “Esta parte se invirtió en cosas sencillas como mejorar la comunicación de internet entre los centros de Tuberculosis y su “bioseguridad”, es decir las medidas de protección para su personal. Durante 3 estancias allí realizamos formaciones sobre tuberculosis y tuberculosis resistente, sistematizamos la recogida de datos, y establecimos sinergias con actores locales e internacionales que pudieran interesarse en apoyar y sostener en el tiempo un proyecto de lucha contra la Tuberculosis resistente”.

A finales de 2015 demostraron ya que este era un problema gravísimo en Guinea Ecuatorial, mayor incluso de lo que habían sospechado. A partir de ahí quedaba una labor de ‘abogacía’ para convencer a las autoridades y donantes de la necesidad de invertir en ello.

Juntos lo hicieron. “El Gobierno ecuato-guineano ha invertido en el sistema diagnóstico necesario, yo mismo volví para estar allí durante su instalación y capacitar al personal. Desde entonces el diagnóstico de la enfermedad ya es posible y no dejan de llegar casos, por lo que el país ha adquirido los fármacos necesarios (“segunda línea”) y un segundo sistema diagnóstico para otra zona del país. En realidad es toda la lucha contra el VIH y la Tuberculosis en general (y no solo esta forma resistente), incluyendo sus determinantes sociales, los necesitan ser afrontados con mayor inversión, allí y todas partes, también en España”, explica.

Uno de los principales problemas de África es que aún se invierte muy poco dinero en sanidad, según cuenta el doctor Izco. “No puedes tener buenos profesionales, motivados, con vocación de servicio y profesionalidad, y luego no darles suficientes medios para realizar su labor. Por otro lado, de nada sirve tampoco tener buenos hospitales si los pacientes no pueden llegar a ellos”.

La tuberculosis es la enfermedad infecciosa que más muertes causa en el mundo cada año. Más que el ébola, la gripe aviar o el VIH. La tuberculosis suele ir asociada al VIH, “En Guinea Ecuatorial, alrededor de un 50% de los pacientes de tuberculosis tienen sida”, explica. El drama de la diseminación de la forma ‘multi-resistente’, más allá de su propia gravedad, es que puede parecer la gota que colma el vaso para sistemas sanitarios con pocos recursos, pues exige un tratamiento carísimo (2.000-3.000 euros) y casi dos años de duración, frente al tratamiento de seis meses y 50 euros de una tuberculosis clásica.

Cuando acabó el proyecto, Izco se volvió a Madrid a terminar su residencia (la segunda) en Microbiología y Enfermedades Infecciosas, aunque reconoce que nunca se ha desvinculado de lo que sucede en Guinea: “Mantengo conversaciones frecuentes con ellos, están logrando cosas increíbles, aunque ante una epidemia creciente siempre parece que queda todo por hacer”.

Tras acabar su formación residente, Santiago Izco volvió a África y a la tuberculosis, aunque cambió Guinea Ecuatorial por Lesotho, donde trabaja para una organización estadounidense que lleva 15 años asesorando al ministerio en su programa contra la tuberculosis resistente.

“Trabajamos para el Programa, capacitamos a enfermeros y clínicos, atendemos a los pacientes. Esto se hace fundamentalmente en las comunidades, donde viven los pacientes y sus familias, es un país con zonas muy remotas de montaña. Alterno meses de trabajo en el hospital con meses de viajes a las comunidades. También investigamos, recogemos datos sobre la eficacia de esquemas de tratamiento más eficaces y con menos efectos secundarios, y sobre la situación de la epidemia”.

No obstante, Guinea Ecuatorial sigue en su corazón. “Me siento en casa cuando estoy en África, pero allí de una manera especial. Admiro mucho a mis amigos ecuatoguineanos y les debo mucho. Siempre que me lo piden, voy”.

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Una becada con marca https://www.vidascruzadas.es/social/una-becada-con-marca/ Wed, 5 Jul 2017 12:46:00 +0200 1455718325615 Piense por un momento: ¿Cómo sería su marca? ¿Qué nombre elegiría? ¿Qué color le definiría?… Más allá de un logo atractivo, tendría que detallar toda una identidad corporativa para que se le reconozca fácilmente, para adaptarse a los nuevos canales digitales e incluso sentar las bases desde el principio sobre cómo evolucionará gráficamente si su negocio crece. El proceso es más complicado de lo que a simple vista parece.

A la construcción de marcas o branding se dedica Isabel Rubio Hípola, una joven madrileña con un doble grado en Diseño y Publicidad que enfocó sus estudios hacia este campo gracias a un máster de posgrado en Innovación y Gestión de Marca que cursó en la University for Creative Arts, de Londres, con una de las becas de posgrado que la Fundación Mutua Madrileña concede a los hijos de sus mutualistas por expediente académico.

“Somos siete hermanos y sin la ayuda de la Fundación Mutua habría tenido que trabajar unos años y ahorrar antes, para poder costear un máster fuera”, explica.

Cuenta Isabel que se enteró de la beca por casualidad: “Mi padre lo vio en el periódico y me lo dijo”. Y que también le sirvió para presionar en el proceso de admisión en Londres: “El hecho de que en la beca de la Fundación Mutua me exigieran que me hubieran admitido en el máster me llevó a insistirles para que me dieran una respuesta. La insistencia les hizo gracia y me dieron la plaza”, comenta

Aparte de su perseverancia, la carta de presentación de Isabel incluía un expediente sobresaliente, unas ganas contagiosas y varios proyectos universitarios en el campo del diseño que hablaban de su talento. “A mí diseñar me encanta y se me daba bien. En la carrera veíamos todos los tipos de diseño (industrial, editorial, de moda…) y luego te decantabas por uno u otro. Yo elegí diseño gráfico porque era el que más se vinculaba con la otra carrera que estudiaba, que era publicidad”, afirma Isabel.

Con su doble grado en la mano, “tenía claro que quería dedicarme al branding, porque es donde se unen mis dos carreras”. Sin embargo, le faltaba una especialización de posgrado que en España no existía. “Así que sí o sí quería irme fuera a hacer un máster”, cuenta. Explica Isabel que, aunque en España somos muy punteros en temas de arte, luego en diseño no estamos tan avanzados, ni somos tan reconocidos y que un máster como el que ella hizo, aquí no estaba disponible.

Una vez concedida la beca y admitida en Londres, Isabel solo habla maravillas de la experiencia: “Mi año de posgrado fue la bomba. En el máster éramos 11 personas. Fue una experiencia internacional brutal que me ha servido mucho en mi trabajo. Con el dinero de la beca pagué la universidad y los primeros meses en una residencia. Esta estancia me ayudó a conocer gente con la que luego me fui a un piso compartido”, explica.

Además, como si se tratara de su destino, a partir de ahí, profesionalmente, todo fue rodado para ella. “Recuerdo que en la entrevista con la universidad para conseguir la plaza en el máster, el profesor me preguntó: “¿A ti dónde te gustaría acabar trabajando? Y yo le dije: en Saffron, que es una consultora de branding internacional”.

“Para mí era la consultora de referencia. Uno de sus fundadores, Wally Olins, escribió mucho sobre branding y yo le estudiaba en la facultad”. Y dicho y hecho. “Al acabar el máster, un día siguiendo sus redes sociales vi que buscaban una becaria y no lo dudé. Hice un par de entrevistas un jueves y un lunes, y al lunes siguiente empezaba en sus oficinas de Londres”, recuerda.

Tras un tiempo allí, antes de terminar la beca le ofrecieron continuar en Madrid y aunque a Isabel le hubiera encantado quedarse en Londres, “la realidad es que mi vida está en Madrid”. No obstante, para poco por la capital. El trabajo le exige viajar continuamente: “He hecho proyectos con una empresa de zumos en Sao Paulo, una cadena de baklavas en Estambul y ahora con una empresa de pan en India, entre otros”.

Aunque en la agencia Isabel se dedica más a la estrategia de la creación de marcas, su pasión por el diseño le hace involucrarse en todo el proceso y seguir “creando” en sus ratos libres como hobby a través de su web Isdesign y dibujando con acuarela y carboncillo.

Y no olvida la suerte que tuvo cuando, por el azar de un anuncio en el periódico, la beca de la Fundación Mutua se cruzó en su camino: “Envío la convocatoria a la universidad todos los años, por si hay gente que se pueda beneficiar”.

A través de la red alumni creada por la Fundación Mutua Madrileña sigue en contacto con algunos de los becados de otros años y accede a actividades en condiciones ventajosas, como una visita privada a la última exposición de Picasso en el Reina Sofía.

Considera que en España aún queda mucho por hacer en branding y está dispuesta a aportarlo. “Cambiaría muchísimas marcas españolas que han crecido y que no están preparadas para el mundo digital”, confiesa. Formación y ganas no le faltan.

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Un campamento con arte https://www.vidascruzadas.es/cultura/un-campamento-con-arte/ Wed, 7 Jun 2017 16:18:43 +0200 1455717936316 Micaela Pérez tiene ocho años y ha sido una de las beneficiarias de los talleres infantiles que la Fundación Carlos de Amberes organiza todos los veranos y a los que los hijos de mutualistas de Mutua Madrileña pueden acceder gratuitamente a través de un convenio de colaboración entre la Fundación Mutua Madrileña y la Fundación Carlos de Amberes.

Más de cuatrocientos años antes de que naciera Micaela Pérez, Carlos de Amberes cedió un inmueble que tenía en Madrid para ser refugio de peregrinos procedentes de las antiguas 17 provincias de los Países Bajos que visitaban la Corte.

Éste es, someramente, el origen de la Fundación Carlos de Amberes. Hoy el imponente edificio clásico de la calle Claudio Coello es refugio del arte y muestra en sus paredes El Martirio de San Andrés, obra que Rubens hizo ex profeso para la Fundación.

Micaela, por su parte, tiene ocho años. Es una estudiante de segundo de Primaria simpática y muy resuelta. Hija de músicos, a ella le corre el arte por las venas: baila, toca el clarinete (“en privado, por si me sale mal”) y le gusta pintar.

Micaela supo de Carlos de Amberes y de su fundación hace dos años cuando fue beneficiaria de uno de los talleres de verano que organizan para acercar el arte a los más pequeños y que la Fundación Mutua Madrileña ofrece gratuitamente a los familiares de sus mutualistas más fieles, como parte de su misión de acercar la cultura a sus asegurados y a la sociedad en general.

Tras la fachada clásica del edificio, que convive en la misma acera de Claudio Coello con edificios de mediados del siglo XX, todos los veranos vuela la imaginación entre las paredes de la Fundación Carlos de Amberes para convertirla en un lugar donde conviven el arte con la fantasía en los talleres infantiles.

Micaela recuerda su paso por este campamento urbano con arte como algo inolvidable. Un verano diferente donde, en tan solo una semana, concentró la experiencia que en otras circunstancias cuesta años reunir.

Cada verano, 140 niños hijos de mutualistas de entre 5 y 13 años disfrutan durante cinco días de un mundo de fantasía único, entre otras cosas, porque la temática nunca se repite. Los organizadores plantean una idea general para cada verano y cada semana lo adaptan a una época de la historia. El año que Micaela disfrutó del taller el hilo fue “Inventos en el Museo” que se concretó cada semana de manera distinta: instrumentos musicales, miniaturas, pintores, animales fantásticos… Concretamente, Micaela disfrutó de “Camino de la Travesía Polar”, un recorrido por los pasos de los exploradores que alcanzaron las regiones polares, la experimentación con icebergs, tormentas de nieve y otras leyes de la química: “Cogíamos un bol redondo, lo poníamos en el agua y cuando el profesor decía ¡ya!, el agua se paraba…Era magia”.

Magia en una semana que empezaba a las 10 con un desayuno, seguía con actividades, juegos en el recreo y ensayo para la función de fin de “curso” que representaron el viernes para todos los padres. “Hicimos los trajes con papel, un poco de tela, pintura…y representábamos a animales del Círculo Polar”.

“Me lo pasé mucho mejor que en el cole”, recuerda. La timidez de no conocer a nadie duró lo que tardó el primer niño en acercarse al de al lado el lunes a primera hora. Pronto hicieron piña. De los 40 niños que acuden al campamento cada semana se hacen dos grupos por edades. “Había niños pequeñitos, algunos hermanos de otros más mayores”.

El taller duraba toda la mañana, cuando llegaba la hora de irse, los sentimientos eran contradictorios: “¿Quería irme cuándo llegaba la hora? Sí y no. Me lo pasaba muy bien, pero ya tenía hambre”.

La finalidad de los talleres de la Fundación Carlos de Amberes es acercar el arte a los niños y a la vez, suponen un respiro para los padres que pueden ofrecer a sus pequeños un plan entretenido para combatir las mañanas calurosas del mes de julio madrileño.

Este verano el plan de Micaela será diferente, pero no por ello sueña con volver a un campamento como el de la Fundación Carlos de Amberes.

-Si pudieras elegir, ¿de qué te gustaría que fuera el campamento?

-De minerales.

Explica Micaela que para ella, los minerales “son preciosos y me gusta aprender cosas sobre ellos. Busco mucho en internet y en el colegio estamos haciendo un museo de piedras preciosas y naturales, tenemos hasta oro líquido”.

Y es que Micaela sueña con ser geóloga cuando sea mayor. “Me gustan tanto los minerales que le dije a mi madre que quería ser minera, pero me explicó que eso era recoger carbón, así que lo que quiero ser es geóloga”.

Una geóloga que recordará aquel verano en el que, sin salir de Madrid, llegó hasta el Círculo Polar.

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El milagro de Haití https://www.vidascruzadas.es/social/el-milagro-de-haiti/ Tue, 9 May 2017 12:16:06 +0200 1455718325362 La hermana Gloria Inés González, de la comunidad de la Caridad Dominica de la Presentación, dirige una escuela y apoya un proyecto de rehabilitación nutricional para niños en Haití que la Fundación Mutua Madrileña apoya económicamente con una de sus Ayudas a Proyectos de Acción Social. Este programa es liderado por la hermana Gloria Asenette Martínez, religiosa de la misma congregación.

El 12 de enero de 2010 Haití entero tembló. Fue la prueba definitiva de que los cimientos de la hermana Gloria Inés González resultan inquebrantables. Menuda, dicharachera y llena de vida, esta colombiana lleva 37 años de vida consagrada, los últimos 19 como misionera en Haití. En este “paraíso pobre del Caribe”, la hermana Gloria dirige una escuela y apoya un proyecto de rehabilitación nutricional para los niños menores de cinco años de la zona de Croix-de-Bouquets, a las afueras de la capital Puerto Príncipe.

El proyecto de rehabilitación nutricional, organizado a través de Manos Unidas, es apoyado económicamente por la Fundación Mutua Madrileña por medio de su Convocatoria Anual de Ayudas a Proyectos de Acción Social. La idea es ofrecer alimento – a través de un complemento nutricional- a los pequeños que sufren desnutrición y formar a sus madres en conocimientos básicos de higiene, nutrición y sanitarios para que puedan proporcionarles una alimentación adecuada.

“Nos encontramos con mujeres que durante el embarazo no comen, o que luego no tienen leche y que por ignorancia dan coca-cola a su bebé. El médico de la clínica Santo Espíritu certifica si tiene malnutrición y las envía al programa. Allí utilizamos unos sobres con crema de maní que cuestan un dólar y que es un producto milagro pues aporta a los niños todos los nutrientes que necesitan”, resume la hermana Gloria.

Las hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación que dirigen la misión de Croix-des-Bouquets son seis, todas colombianas. “No somos muchas, pero somos muy machas”, ríe. “Como religiosas nuestro carisma está en la línea de educación y salud”.

Entre las seis llevan la escuela, el centro pediátrico, la clínica… ”Yo soy la directora de la escuela”, cuenta la hermana Gloria, “tenemos 1100 alumnos y hago de directora, chofer para trasladar la comida, esposa de los que sufren, madre… Lo que comen los niños en el colegio es lo único que comen en el día, porque al llegar a casa no encuentran comida”.

En Croix-des-Bouquets no hay luz, ni agua, ni transporte…los alumnos estudian con vela y se cocina con carbón. Las hermanas compraron un terreno, construyeron una sola planta para reducir los daños de cualquier futuro terremoto, cavaron un pozo para tener agua y adquirieron un generador de electricidad para la luz.

Su proyecto ha ido creciendo exponencialmente. “La clínica comenzó como un simple dispensario, una cosa muy sencilla, pero la gente hace fila desde las 5 de la mañana para ser atendidos. El programa de nutrición salió como un proyecto de emergencia tras el terremoto con 50 niños y hoy ya son 200 con sus madres los que se atienden”.

El terremoto de 2010 supuso un antes y un después en el país y también en la vida de esta misionera, que lo sufrió en carne propia. “Fue el acontecimiento que marcó mi vida y cambió mi paradigma”.

La hermana Gloria narra cómo vivió aquel día: “Todo comenzó con una sensación similar a la de un camión que descarga piedras a tu lado”… Pronto “empezaron a llegar motos y carros con gente herida a la clínica, los alojamos en la cancha de futbol. A las 6 de la tarde había tanto herido, que decidimos coger el coche y llevarnos a los más graves al hospital militar. Pero al llegar a las inmediaciones, todo estaba colapsado, no podíamos avanzar, así que les dije que se dieran la vuelta con el coche y yo me quedé a pie buscando a una hermana brasileña (la misionera Zilda Arns que falleció en el terremoto) que  había venido a dar unas conferencias y había ido a la ciudad. Mi misión esa noche fue dar agua a los heridos”.

Lo que más llamaba la atención es que, pese a lo dramático del momento, los haitianos cantaban.

– “¿Por qué cantan?, les preguntaba.

– “Hermana, estamos vivos”, respondían.

Haití es una universidad de la vida. “Los títulos, los masters, todo lo encuentro allá, porque en medio de tanto sufrimiento, no he visto haitiano que se suicide. Lo matará el hambre, una riña, …pero tienen el coraje para sobreponerse”.

Tras el terremoto, la hermana Gloria se marchó a su país y volvió a los 15 días con más fuerza que nunca. “Relativicé. Una dificultad te hace ser creativo e innovador, no debe frustrarte. Me dije: ‘Vamos a hacer un proyecto que responda a las necesidades que tenemos ahora’. Y fue así como volvimos con la escuela con toda la energía y alegría que tenía porque no me hubiera pasado nada y empezamos a recibir a niños de todas partes”.

Hace siete años de ello. En medio, el huracán Mateo y otras calamidades que de vez en cuando nos devuelven Haití a la actualidad de las noticias negativas. “Pero es posible otro Haití. Solo hace falta personas que crean en ellos, en su idiosincrasia y su cultura y les ayuden”.

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Lecciones contra el bullying https://www.vidascruzadas.es/social/lecciones-contra-el-bullying/ Mon, 27 Mar 2017 17:28:26 +0200 1455718317284 En mayo de 2015 los periódicos publicaron la historia de Arancha, una joven de 16 años estudiante de un instituto madrileño, que se había lanzado al vacío por el hueco de la escalera de su edificio. Sufría bullying y no aguantaba más. Su muerte supuso el punto de no retorno en la sensibilización de la sociedad con el tema del acoso escolar.

Desde este suceso, las llamadas a la Fundación ANAR (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo) se dispararon y su departamento de Educación empezó a reenfocar su programa de actuación en colegios e institutos, hasta entonces dedicado a la prevención de la violencia en las aulas, por otro más específico contra el bullying.

Ésta es la secuencia de hechos que recuerda Ana Esther Ramos, psicóloga del departamento de Educación de ANAR, que añade que, por entonces, la falta de financiación seguía siendo un lastre de la crisis e impedía a la Fundación ANAR cubrir la gran cantidad de peticiones de colegios que tenían.

Fue pocos meses más tarde, a finales de 2015, cuando el patronato de la Fundación Mutua Madrileña aprobó crear una línea de actuación específica para atajar el problema del acoso escolar y consideró que la Fundación ANAR era el partner idóneo para llevarlo a cabo. La campaña conjunta #Nobullying de ambas fundaciones supuso una inyección de financiación, notoriedad y aumento de la demanda de talleres. “Un punto de inflexión” a la labor que las psicólogas de ANAR llevaban a cabo desde hacía años en los colegios, tal y como reconoce Ana.

Colegio a colegio

Una de las patas de la campaña #NoBullying son las charlas que Ana y sus compañeras del Departamento de Educación de la Fundación ANAR dan a los chavales de entre 11 y 14 años en sus colegios. Cerca de 80 colegios el curso pasado y con el objetivo en mente de llegar a las casi 200 clases formadas en el actual.

Los talleres con los chicos duran una hora y media e incluyen dinámicas, vídeos, juegos de rol y otro tipo de actividades que les ayuden a reflexionar sobre el problema del acoso escolar. “Hablamos de convivencia porque el acoso escolar suele surgir a raíz de un problema de este tipo que se convierte en una bola de nieve: un chico con baja autoestima, que se muestra inseguro e interactúa poco con sus compañeros, empiezan a gastarle bromas, ponerle “motes”, el resto de la clase se ríe, y así empieza todo. Si nadie pone límites se convierte en una conducta habitual, los compañeros no lo ven como acoso, porque lo normalizan, y si nadie lo para, probablemente vaya a peor”.

En las sesiones intentan que los chicos entiendan el sufrimiento de la víctima: “Les transmitimos que, aunque la víctima no sea su amigo, es su compañero, y tienen una responsabilidad de ayudar a aquel chico o chica que lo pasa mal. Es importante trabajar en grupo, hacedles ver que si hay alguien que sufre es un problema de todos”.

Además, les recuerdan que, si la presión del grupo favorece la violencia, ésta se mantiene, pero que se puede invertir si hay chicos valientes y solidarios que se unen para poner límite a este tipo de situaciones. “Uno solo no lo puede hacer, pero cuando son muchos compañeros, sí se puede”, explica Ana. En este sentido, la campaña de la Fundación Mutua Madrileña y la Fundación ANAR en redes sociales enfatiza el papel de los testigos advirtiéndoles de que si se ríen o silencian el acoso se convierten en cómplices del acosador y colaboran a que la situación se perpetúe.

Ana sí que cree que se pueda prevenir el acoso escolar y defiende la enseñanza de la resolución de conflictos de forma no violenta como clave, educar en valores como “compartir en vez de competir”, “pensar en los demás en lugar de ir a su bola” … pequeños mantras que no solo hay que enseñar en el cole, sino también en casa y, de forma fundamental, en los medios de comunicación.

Considera, por tanto, que para prevenir “la sociedad tiene que ponerse a trabajar junta”. Y además de padres, profesores y medios de comunicación, hay que incluir a las redes sociales: “Antes un niño tenía a su familia y al colegio. Ahora también tiene a las redes sociales. Son un elemento que también educa”.

Y defiende también el trabajo compartido entre todos a la hora de atajar los casos: “No hay soluciones mágicas para parar el bullying. Ante una acción, los padres no podemos buscar una solución inmediata. El colegio tiene que planificar y pensar qué acciones van a llevar a cabo. Lo primero debe ser siempre proteger al menor. Y después: trabajar con el grupo, con el menor acosado, con el acosador… manteniendo a los padres informados en todo momento, pidiendo su colaboración e implicación”.

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Charlas contra la soledad https://www.vidascruzadas.es/social/charlas-contra-la-soledad/ Mon, 27 Feb 2017 16:55:06 +0100 1455718316954 La Fundación Mutua Madrileña convoca anualmente los Premios al Voluntariado Universitario con el objetivo de reconocer la labor solidaria de los estudiantes. En 2016, el proyecto “Una mano amiga en tu hospital”, en el que participan activamente Alberto y Miriam, fue reconocido con el primer premio. Acompañar a las personas hospitalizadas en soledad es su pequeño gran reto.

Cada tarde de martes, Alberto y Miriam acuden al Hospital de Alcalá, se ponen la bata blanca y se dedican a visitar pacientes. Pero Alberto y Miriam no son personal sanitario. Un brazalete les identifica como voluntarios: jóvenes universitarios dispuestos a llenar las tardes de soledad de los enfermos hospitalizados. Su compañía hace más llevadera la estancia de estas personas, generalmente ancianos que, por un motivo u otro, enfrentan su ingreso en solitario.

Tardes de charlas, de batallitas de la mili y, en ocasiones, de historias para no dormir. “Cada semana es una historia distinta”, explica Miriam Díez, que es estudiante de Biología Sanitaria en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid). “Siempre están los fijos, que son los ancianos que proceden de residencias y que suelen ser la prioridad porque son los que más solos están”, explica.

Es la ONG Desarrollo y Asistencia la que organiza el trabajo en planta de los jóvenes voluntarios a través del proyecto “Una mano amiga en tu hospital”. El objetivo: acompañar.

Antes de empezar los voluntarios reciben una formación en las que les enseñan, entre otras cosas, “qué no hacer”, como resume Alberto Mencía, estudiante de Medicina también en la Universidad de Alcalá. Tras esto, ya están listos para pasar su particular consulta.

Los voluntarios visitan en parejas o tríos a los enfermos. Tocan a la puerta, se presentan y, si el paciente está de buen humor y quiere hablar, inician la charla. En otras ocasiones, no es el enfermo sino su acompañante el que les necesita, como esas mujeres que llevan tres meses durmiendo en la butaca de un hospital junto a su marido o hijo encamado y que, gracias a personas como Alberto o a Miriam, pueden ausentarse para ducharse o sustituir el bocadillo diario por un plato caliente.

En 2016, el proyecto “Una mano amiga en tu hospital” fue el ganador de los III Premios al Voluntariado Universitario que concede la Fundación Mutua Madrileña. Estos premios nacieron para reconocer, apoyar y promover la labor de los jóvenes universitarios que colaboran en proyectos de voluntariado.

Un año después del premio, Miriam y Alberto “notan” su efecto. La visibilidad ha hecho que el número de voluntarios crezca exponencialmente. Cuando optaban al galardón, había 10 voluntarios universitarios en el Hospital de Alcalá. “El premio ha dado a conocer a la ONG y ha impulsado fuertemente lo que hacemos. A raíz de esto mucha gente nos ha conocido. Desde septiembre hemos dado bastantes cursos a nuevos universitarios que se unen como voluntarios. Solo en el Hospital de Alcalá somos el doble, o incluso más, de los que éramos hace un año”, cuenta Miriam.

Se sorprenden al comprobar el poder de la comunicación: “Darse a conocer es fundamental, porque en el fondo todos tenemos una parte de querer ayudar, pero a la hora de la verdad no sabemos dónde dirigirnos”, matiza Alberto.

A nivel personal, a Miriam y a Alberto el premio les ha servido como reconocimiento a su labor y les ha insuflado ánimos: “Nosotros mismos hemos tomado las riendas para contarlo a otros jóvenes y estamos peleando por ampliar nuestra actuación al área de Pediatría”.

Para ambos éste ha sido su primer voluntariado “estable”. Miriam llegó a él hace tres años y Alberto hace tan solo uno, pero arrastrando a mucha gente con él, pues es el promotor del voluntariado en una asociación de estudiantes de Medicina (IFMSA Alcalá) de la que forma parte.

Coinciden Alberto y Miriam en que se llevan tanto o más de lo que dan. “Aprendes a escuchar y a empatizar con una persona que lo está pasando mal”, comenta Miriam. “También a hacerte con la conversación, a sacar los temas con los que se sienten cómodos”, añade Alberto.

Y, sobre todo, el papel fundamental de la familia cuando uno está mal. Lo que más duro les resulta a los enfermos es que su familia no vaya a verlos. “Suelen ser situaciones legítimas, como que viven en otra ciudad o están trabajando, pero a ellos es lo que más les duele. Y se quejan de su soledad. Y tú aprendes a valorar más a la familia y la importancia de hacérselo saber”, coinciden.

Y es que, como ellos dicen, “no todo en la universidad es académico. Enriquecerse durante el camino te enseña a desenvolverte”, concluyen.

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La esperanza del té verde https://www.vidascruzadas.es/salud/la-esperanza-del-te-verde/ Tue, 24 Jan 2017 16:07:45 +0100 1455718315823 Carmen adoptó a su hija Aliona en Ucrania cuando la pequeña tenía dos años y ocho meses. Un papel indicaba que padecía un déficit psicomotriz. El tiempo demostró que era un síndrome de alcohol fetal, una malformación neurológica causada por el abuso de alcohol durante el embarazo. Hoy, gracias a una Ayuda a la Investigación de la Fundación Mutua Madrileña, recibe un tratamiento que podría mejorar sus síntomas.

¡Qué difícil es entender que una enfermedad no duela! Este ha sido el empeño de Carmen con su única hija Aliona desde que ésta tiene uso de razón. Aliona nació en Ucrania hace 18 años y tiene diagnosticado un síndrome de alcohol fetal (SAF), una malformación neurológica originada por el abuso del alcohol de la madre durante el embarazo que provoca trastornos cognitivos y de conducta. En el caso de Aliona, pérdida súbita del control de impulsos y problemas de aprendizaje.

Hasta llegar al diagnóstico, que se produjo cuando Aliona tenía 15 años, Carmen y su hija han recorrido mucho camino juntas. “Cuando fui a recogerla, tenía dos años y ocho meses y un papelito que decía que padecía un déficit psicomotriz”. Así arranca este proceso por buscar la mejor atención para el problema de su hija.

Cuenta Carmen que Aliona cursó la educación Primaria en una escuela normal y que al acabar le aconsejaron que siguiera en una de educación especial. Fue en la nueva escuela, en el segundo curso, cuando comenzaron sus trastornos de conducta: “De forma súbita, Aliona pasaba de la tranquilidad al nerviosismo y a la falta de control de sus impulsos, sin existir un desencadenante aparente. Los episodios acababan con Aliona expulsada de clase”.

El psiquiatra que la trataba la consideraba sencillamente como una adolescente con déficit cognitivo, pero la escuela aconseja remitirla al hospital de día. Allí, les hablan por primera vez de un probable síndrome de alcohol fetal, imposible de confirmar fácilmente por desconocimiento del historial de la madre biológica.

Médico de profesión, Carmen ha movido cielo y tierra para buscar una respuesta para su hija: “Me hablaron de que en el Hospital del Mar (Barcelona) están haciendo cosas con estos niños y allí es donde conocemos al doctor García Algar que es quien confirma el diagnóstico de Aliona”.

El doctor Óscar García Algar es pediatra del Hospital del Mar y miembro del Grupo de Investigación en Infancia y Entorno del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM). En España es el mayor estudioso de este síndrome que padecen fundamentalmente niños adoptados de Europa del Este. En el año 2015 recibió una de las Ayudas a la Investigación Científica en materia de Salud que concede la Fundación Mutua Madrileña para poner en marcha el primer ensayo clínico con un tratamiento para estos niños. El “fármaco” es un antioxidante natural, un derivado del té verde, la epigalocatequina (EGCG) que se toma como un suplemento nutricional en el desayuno, “como si fuera un cola-cao”, cuenta Carmen.

Desde que Aliona toma la epigalocatequina se nota “más despierta” y le cuesta menos concentrarse. Sabe de lo que habla porque en estos años lo ha probado todo: distintas medicaciones, terapia con caballos, psicólogos…

Pero la lucha de Carmen no acaba en su hija. Ha empezado a pelear por ayudar a otras familias en su misma situación. Alentada por el doctor García Algar ha fundado este año junto a otras dos mamás una asociación de padres con niños con este trastorno: SAF group.

Empezaron tres familias en enero. En junio organizaron las primeras jornadas dirigidas a padres, maestros, educadores psicólogos, etc. Después del verano, un par de periódicos nacionales se hicieron eco de su historia y las llamadas se dispararon: hay muchas familias en España en su misma situación. La mayoría, sin un diagnóstico claro.

SAF group también ha tenido un impacto en la calidad de vida de Aliona porque a través de la asociación empiezan a trabajar con un grupo de educadores que trabajan con adolescentes con problemas de conducta. “Aliona trabaja experimentalmente con una educadora que ha podido ir con ella a clase y observar qué es lo que ocurre justo antes de que pierda el control. A partir de la observación, ha dado pautas a Aliona y a sus profesores. De esta forma, ahora ya sabe que lo que le hace perder los nervios es darse cuenta de que algo no le está saliendo bien”.

Carmen se ha pasado la vida de su hija haciéndole entender que lo que hace, lo hace porque está enferma, que no “es una niña mala”, como ella piensa.

“Es complicado de entender. Ella es una niña guapa, agradable, que adora a los ancianos, le encantan los caballos… No tiene nada. Es difícil que la gente entienda que tiene una enfermedad, ¿dónde está la enfermedad de esta niña?, se preguntan”.

Ahora combinando el antioxidante del té verde y la terapia con la educadora, el reto es que Aliona aprenda a identificar los síntomas que desencadenan sus crisis de conducta y logre detenerlas. Si aprende a controlarse, nadie sabrá que tiene una enfermedad.

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El calor de los osos polares https://www.vidascruzadas.es/social/el-calor-de-los-osos-polares/ Mon, 9 Jan 2017 16:37:09 +0100 1455718316468 Oliver conoció a los osos polares gracias a la Fundación Make-A-Wish Spain, que trabaja para provocar ilusión en niños y niñas que padecen enfermedades graves. Una ayuda de la Fundación Mutua Madrileña permitió materializar la ilusión de Oliver que comenzó al poco de nacer, cuando unos amigos le regalaron su inseparable oso de peluche llamado Polar.

Los osos polares son, en realidad, negros. Y su pelo no es blanco, sino transparente, aunque un efecto óptico hace que su pelaje se vea blanco. Muchos años de estudio de los osos polares hacen que Oliver sepa curiosidades como esta y muchas más…

Todo empezó hace diez años, unas semanas después de nacer el propio Oliver, cuando unos amigos de Madrid le regalaron un oso polar de peluche al que llamó Polar, “un nombre muy simple”, como él mismo describe. Desde entonces, no se han separado.

Polar ha dado calor a Oliver durante sus diez años de vida, especialmente cuando tuvo que enfrentarse a una enfermedad oncológica grave. Sin embargo, de su etapa de enfermedad no todo es malo, pues Oliver siempre tendrá el recuerdo maravilloso de haber hecho realidad su mayor ilusión: conocer de cerca a los osos polares.

Para lograrlo, la fundación Make-A-Wish Spain le ayudó a conseguirlo. Gracias a una ayuda de la Fundación Mutua Madrileña se pudo materializar la ilusión de Oliver: visitar junto a su familia el zoo de Múnich (Alemania) para conocer de cerca a sus amigos polares. Oliver tuvo que trabajar duro y en equipo para hacer realidad este sueño.

Make-A-Wish Spain trabaja para provocar ilusión en niños y niñas que padecen enfermedades graves, enriqueciendo sus vidas a través de experiencias personales de esperanza, fuerza y alegría. Los niños beneficiarios se eligen en colaboración con el médico que los atiende para que sea él quien confirme la idoneidad del caso y se tenga conocimiento de sus circunstancias en todo momento.

A la pregunta de cuál era su ilusión, Oliver respondió que ver osos polares. “Mis hermanos siempre decían ‘tú Disney, tira para Disney’, pero pensé eso para vosotros, para mí no”. Polar había dejado mella en los gustos del pequeño.

Una vez planteada, había que ponerse a ello para hacerla realidad. Durante meses, la familia en pleno tuvo que trabajar en equipo para hacer “los deberes de la ilusión” que la convirtieran en realidad.

Todos trabajaron duro y en equipo. “Los trabajos nos hicieron pasar mucho tiempo juntos y pasándolo bien”, recuerda Cristina. “Mi madre, que es muy mañosa, nos ayudó un poco a todo y entre unos y otro lo sacamos”, explica Oliver.

Hasta que llegó el gran día: “Me dijeron que iban a intentar que viera un oso polar, pero me lo esperaba en España. Cuando supe lo que iba a hacer en realidad pensé: MADRE MÍA”, asegura Oliver.

Y lo que pasó en realidad es que Oliver, sus padres y sus tres hermanos se embarcaron en un avión a Múnich (Alemania). Era octubre de 2015 y Oliver recuerda que fue “protagonista desde el minuto cero en todos los sitios. Hasta en el hotel me conocían por mi nombre y en el avión, me invitaron a visitar la cabina y aterricé allí”.

“No podía controlar los nervios, era un sueño cumplido”, añade. El brillo de sus ojos va más allá de lo que alcanzan sus palabras.

Y ahora, a por la siguiente. Oliver ha aprendido lo necesario para alcanzar cualquier ilusión: “Lo primero es esforzarse, pero también tener la ilusión muy clara, trabajar en equipo y no renunciar a ella”.

De una habitación de hospital a un viaje en familia para conocer los osos polares. Ahora a Oliver y a Polar  ya no hay nada que se les resista.

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Alfareros de ilusiones https://www.vidascruzadas.es/social/alfareros-de-ilusiones/ Wed, 16 Nov 2016 15:50:52 +0100 1455718315320 El árbol de la vida tiene múltiples interpretaciones. “Lo que somos y lo que queremos llegar a ser”, éste es el sentido propio que le dan en la Asociación Amibil de Calatayud al árbol de la vida de cerámica que preside la entrada al centro.

Amibil es la asociación de familias de personas con discapacidad de Calatayud. Un centro formativo y ocupacional al que a diario acuden 44 hombres y mujeres con capacidades diferentes de la comarca y al que la Fundación Mutua Madrileña apoya a través de una de sus ayudas.

Crecimiento, superación, constancia… Son algunas de las palabras que van conformando el tronco y las ramas del árbol. “Hicimos una tormenta de ideas de qué es para nosotros Amibil y estas ideas se recogen desde las raíces hasta las ramas”, explica Lucrecia Jurado, gerente de la asociación.

En el centro de día de Amibil, las personas que acuden al taller realizan productos artesanales que se ofrecen para bodas y otras celebraciones. Hace un año se digitalizaron. Gracias a una de las Ayudas a la Acción Social que la Fundación Mutua Madrileña concede a proyectos dirigidos a mejorar las condiciones de las personas con discapacidad, FEAPS Aragón desarrolló http://unicplenainclusionaragon.es/, un portal de comercio electrónico en el que venden los productos que elaboran varias asociaciones de la región.

Dar, autogestión, entusiasmo… siguen las palabras subiendo por el tronco del árbol de Amibil.

Entre los que acuden a diario al taller está Sonia (41 años), la ceramista y autora material del árbol de la vida (a partir de ideas de todo el grupo). Sonia lleva 4 años acudiendo al taller. Se levanta al alba en Cervera de la Cañada, un pueblo de 335 habitantes en la comarca, se ducha, se prepara y coge el autobús que le traslada los 15 kilómetros que separan su localidad de Calatayud. A las nueve menos cinco, entra por la puerta, se pone su bata de trabajo y se sienta en su sitio del taller.

“Suelo dedicarme a la cerámica porque es lo que más me gusta”, confiesa y reconoce que tiene “muuuucha paciencia” para hacerla. A Sonia los trabajadores del centro la describen como “una artista de los pinceles”, algo que corrobora Pedro, uno de sus compañeros que reconoce: “Yo lo que quiero es pintar como ella”.

Pedro es uno de los veteranos de Amibil. Lleva acudiendo al centro desde 2002 cuando tenía 37 años y todavía no se dedicaban a la cerámica. En la actualidad es el encargado de las planchas de barro que se convierten luego en los detalles y souvenirs.

Emoción, bromas, compromiso…

Los días en Amibil nunca son iguales. De lunes a viernes las tareas se personalizan para cada uno. Del taller salen figuras decorativas de cerámica, grabados, llaveros, velas, imanes para la nevera, etcétera. Son detalles para eventos, incluso souvenirs para el monasterio de Piedra, balnearios de la zona o cajas de madera para la ruta del vino de Calatayud.

Con la web han llegado nuevos clientes, pero el trato directo sigue primando. ¿Algún encargo especial? “Todo lo que hacemos nos hace ilusión porque lo hacemos con nuestras manos”, dice Pedro.

El reconocimiento del valor de artesanía de los productos es su lucha: “Son productos hechos a mano, personalizables y únicos. Nos cuesta trasladar a la gente el valor real que tienen”, explica Esteban Corsino, responsable de proyecto en FEAPS Aragón y artífice de la web.

Entretenimiento, cuidados, autoestima…

Poder vivir en la localidad que les vio nacer y ganarse la vida haciendo lo que les gusta es todo un logro. Para ello ofrecen artesanía profesional realizada por unas manos que pertenecen a personas con vidas muy plenas, pero que tienen que esforzarse día tras día por ser visibles. “Podemos hacer lo mismo que hacen otros, solo que nos encontramos con más problemas”, lamentan.

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Apoyo escolar a la comunidad gitana https://www.vidascruzadas.es/social/apoyo-escolar-a-la-comunidad-gitana/ Tue, 27 Sep 2016 13:36:18 +0200 1455718312626 A lo largo de su historia, la Fundación Secretariado Gitano (FSG) ha puesto en marcha diferentes programas de apoyo a la escolarización con el convencimiento de que a través de la educación se puede conseguir un mundo más justo. Así, en 2009 lanzó el programa Promociona, con el objetivo de ayudar a los jóvenes gitanos a terminar sus estudios obligatorios y, por qué no, animarles a ir más allá, porque a mayor formación, más igualdad de oportunidades.

Adrián Sánchez-Hernández es uno de los jóvenes dispuesto a demostrarlo. Adrián, junto con su hermano gemelo Antonio, participa en este programa financiado por la Fundación Mutua Madrileña. Los estudios no le pueden ir mejor, confirma su madre, Mercedes. La evolución de las notas acerca cada vez más a Adrián a su sueño de estudiar Derecho.

Diferentes estudios revelan que la práctica totalidad del alumnado gitano está escolarizado en la etapa primaria. La situación tiende a normalizarse, aunque persisten grandes problemas que impiden cerrar la brecha en educación en esta comunidad como el absentismo, el bajo rendimiento y el abandono prematuro.

La colaboración de la Fundación Mutua Madrileña ha permitido a la FSG impulsar el programa Promociona en Burgos y León, beneficiando a 36 alumnos que desarrollan sus estudios en cuatro centros educativos.

Adrián y su hermano han asistido desde pequeños a clases de apoyo escolar, de modo que cuando la familia oyó hablar del programa Promociona, fue más que receptiva. Los lunes, martes y jueves, cuando terminan sus clases en la escuela diocesana María Madre-Politecnos, de Burgos, los gemelos reciben el refuerzo educativo en las aulas Promociona.y se confían a la educadora Isa.

Los alumnos y sus familias son los principales actores del programa Promociona, pero la colaboración y el trabajo conjunto con los centros educativos es muy estrecho. “Los padres estamos en contacto con el colegio, hablamos con la educadora para ver la mejor forma de ayudar a los chicos, por si flojean en algunas asignaturas”, explica Mercedes.

El programa interviene a tres niveles: individual, grupal y socio comunitario. Para cada niño se traza un plan de trabajo individualizado. El objetivo de Promociona es también aprender en grupo. En las aulas se trabajan hábitos y rutinas escolares en equipo y se ofrece un apoyo de calidad para reforzar los conocimientos de diferentes asignaturas.

En la Fundación Secretariado Gitano entienden que educar es cosa de todos, por eso el programa actúa a nivel socio comunitario. Es una apuesta por el trabajo en red con el entorno y los agentes sociales cercanos al alumnado. Fomentar la participación de diferentes espacios comunitarios es un elemento importante a considerar para conseguir el éxito escolar.

Adrián se propone estudiar bachillerato y luego ir a la universidad. Su vocación por las causas justas le lleva a querer estudiar Derecho. Su hermano parece que se inclina por la arquitectura. Desde la Fundación añaden que en la comunidad gitana no abundan los referentes con formación media o superior, así como los empleos cualificados. La necesidad de impulsar estos referentes es crucial para lograr la promoción educativa de la comunidad en todos los niveles y edades.

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El valor de la acogida https://www.vidascruzadas.es/social/el-valor-de-la-acogida/ Mon, 29 Aug 2016 13:11:32 +0200 1455718311664 María es joven, pero ya sabe lo que es empezar de cero. No es fácil hablar de un problema como el suyo, como el de tantas mujeres que un día tienen que huir de su hogar. Pero ante situaciones extremas, puertas que se abren. Las de la Fundación Assistència i Gestió Integral (AGI) se abrieron de par en par para esta joven de Barcelona y su pequeña hija el día en que decidió quitarse la venda de los ojos y recuperar las riendas de su vida.

Su niña es su prioridad y para ello planea un futuro en el que formarse, alcanzar la independencia económica y salir a volar.

Conviviendo con otras mujeres y sus hijos a los que AGI ha proporcionado servicio de acogida de urgencia, se ha dado cuenta de que entre sus compañeras hay episodios de todo tipo. Como ella, agradecidas por el apoyo recibido. Se siente cómoda con el nombre de María, aunque no es el suyo. La mujer que lleva su nombre auténtico sufrió la violencia de un hombre inestable emocionalmente, adicto a las mentiras y al engaño, expuesta a episodios que acababan con la intervención de la policía y el ingreso de él en un centro psiquiátrico, relata María. No es fácil convivir con una persona así. Cuesta hablar del pasado, pero reconoce que ha hecho lo que debía por su hija.

Tomada la decisión, en los servicios asistenciales le hablaron del programa de acogida de AGI para ella y su hija. Uno de sus servicios es la acogida de urgencia para mujeres e hijos que han tenido que abandonar su hogar por motivos de seguridad física o psíquica en uno de los proyectos que financia la Fundación Mutua Madrileña, a través de su Programa de Ayudas a la Acción Social.

María llegó a la casa de acogida dispuesta a empezar de cero. Al principio, le sobraban las ideas. “Quería hacer muchas cosas, pero mi prioridad era mi hija”. Aquí, mujeres como María encuentran un apoyo transitorio para afrontar situaciones de violencia machista. Son estancias de un año, doce meses de cura emocional y social.

Con la niña en la guardería, y más tiempo disponible, tiene claro que quiere trabajar. Para ello ha empezado a enviar su currículum vitae. “El trabajo es imprescindible para que a mi hija no le falte de nada”, reconoce. La independencia económica es su objetivo, la estancia en la casa de acogida le permite ahorrar, además, recibe una subvención por violencia de género.

Agradece el apoyo recibido, dice que una mujer maltratada tiene que salir de casa y vivir en ambientes como el que ella y sus compañeras disfrutan en AGI.

Recuerda a la María de antes, contempla a la de ahora y aprecia el gran cambio registrado.        La asociación le ha ayudado a ver las cosas tal y como son: “Me veo libre, mi hija y yo, eso es lo más bonito”. Todo lleva su tiempo. En su vida actual, de hecho, hay días buenos, otros no tanto. Precisa que son más los días buenos, momentos que la hacen sentir a gusto consigo misma, centrada, animada a seguir adelante y a no dejar que el miedo le impida seguir luchando por su futuro.

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La ruta de la tranquilidad https://www.vidascruzadas.es/social/la-ruta-de-la-tranquilidad/ Mon, 30 May 2016 12:13:06 +0200 1455718310442 Como cada día, las puertas de la Fundación Bobath son un ir y venir constante de vehículos que trasladan a algunos alumnos desde sus domicilios al colegio de educación especial. Entre ellos está José María, de 16 años, que al igual que el resto de sus compañeros, espera paciente para emprender la aventura de un nuevo día.

Uno de estos vehículos adaptados es el que cada mañana les recoge a él y a su hermana Beatriz en su domicilio y les lleva al colegio. En concreto, este vehículo de ruta escolar, adaptado para nueve plazas, ha sido adquirido por la Fundación Bobath gracias a la colaboración de la Fundación Mutua Madrileña. A la familia de José María, la ruta escolar les ha cambiado la vida.

Esther Gallo, madre de José María y Beatriz, no se imagina cómo podría manejarse sin la ruta que diariamente lleva y trae a sus hijos del colegio. Los dos tienen parálisis cerebral. La explicación es larga, aunque ella lo resume en pocas palabras: “Es una bendición”.

La familia lleva vinculada a la Fundación Bobath más de diez años. José María tiene un cierto grado de independencia y un nivel aceptable para el aprendizaje y sus padres consideraron que un centro de estas características era idóneo para el desarrollo de las capacidades intelectuales de su hijo.

Fue una fisioterapeuta quien les habló de la Fundación Bobath, una institución que lleva desde principios de los años 80 trabajando con afectados de parálisis o daño cerebral. A lo largo de su historia, 1000 niños y niñas han pasado por esta institución que cuenta con un centro de atención temprana, un colegio de educación especial, un centro de día, así como otros dos centros de formación e investigación en el Concepto de Bobath, inspirado en el planteamiento profesional de la parálisis cerebral de Karel y Berta Botah.

La experiencia del centro y su integrado por un equipo interdisciplinar convenció a la familia Álvarez Gallo de que sus hijos podrían adquirir habilidades dirigidas a conseguir la máxima autonomía personal.

Estar vinculados a un centro como Bobath y, además, con el menor desgaste que supone la ruta escolar les da tranquilidad: “Llega un momento en que la red de apoyo eres tú”, nos comenta Esther. Recuerda la sensación de tranquilidad que experimentaron cuando por fin pudieron contar con el servicio de ruta: “Es una gran ayuda, me parece increíble”.

La ruta les recoge a las 7.45 horas ya que a la 9 en punto empiezan con sus actividades; después de comer, a las 16.30 horas, los niños emprenden el camino de vuelta a casa, excepto los días que toca actividad extraescolar: clases de natación adaptada, deportes como baloncesto o clases de estimulación musical entre otras.

Muchas personas aseguran conocer cómo es la vida de familias como la de Esther, pero la realidad es que la mayoría no tiene relación directa con personas que sufren algún tipo de discapacidad. Por lo que pide un cambio de mentalidad en favor de la integración: “Me gustaría decirle a otros padres que mis niños son iguales a los suyos, que también se aburren en compañía de los mayores”.

Cuando finalicen la etapa obligatoria en educación especial, los chicos se incorporarán al centro de día de la Fundación Bobath. Allí un equipo interdisciplinar trabaja para lograr un triple objetivo en los jóvenes: conseguir una mayor autonomía personal, relacionarse mejor con el entorno y participar de forma activa en la sociedad.

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Compromiso con la educación y los valores https://www.vidascruzadas.es/social/compromiso-con-la-educacion-y-los-valores/ Sun, 22 May 2016 12:53:23 +0200 1455718311287 El Colegio Público (CEIP) Francisco Arranz, en sus 60 años de historia, ha escolarizado a tres generaciones e incluso los profesores han confiado a sus compañeros la educación de sus hijos. ¿La clave? “Un modelo educativo de calidad y compromiso con los chavales”, afirma su director Luis Esteban. Un objetivo, prestar cooperación a las familias; y un aliado, Ayuda en Acción, que colabora con becas de libros y de comedor de las que se benefician 34 alumnos.

El colegio es la segunda casa de Luis, que lleva en este centro veintitrés años, once de ellos como director. El suyo es un compromiso con la educación y los valores. En el centro, siempre han ayudado a las familias, en torno al 15% de ellas con necesidades socioeconómicas. Fruto de ese interés, y porque había chavales que no se podían quedar a comer al no recibir beca, el colegio se puso a buscar ayuda y la encontró en Ayuda en Acción.

La respuesta llegó el curso pasado de la mano de esta ONG: becas de comedor y de libros para ayudar a los alumnos a salir de un círculo vicioso: “Los chavales tienen problemas porque las familias tienen problemas”.

La ONG Ayuda en Acción comenzó en 2013 a trabajar por primera vez en España para mejorar las condiciones de vida de los miles de niños y sus familias que se encuentran en situación de vulnerabilidad.

El proyecto ha paliado las carencias de más de 2.000 niños, mediante becas de comedor, de libros de texto y material didáctico, así como becas para excursiones y refuerzo educativo. Para su puesta en marcha, la organización ha contado con la colaboración de la Fundación Mutua Madrileña, que ha destinado a esta iniciativa la recaudación solidaria de los conciertos navideños que organiza desde 2013 con la directora Inma Shara y la de los celebrados con la Orquesta Clásica Santa Cecilia.

El objetivo del mismo es atender a los alumnos en un aspecto básico asistencial. Además, de forma indirecta, Ayuda en Acción está colaborando con el colegio en la nueva biblioteca, abierta todo el día para la comunidad educativa.

La experiencia de Luis Esteban le dicta que los alumnos del CEIP Francisco Arranz están bien formados. Su gran orgullo: llenar año a año las matrículas del centro, a pesar de estar rodeados de colegios y no contar con grandes instalaciones deportivas. Todo, con unas estadísticas de conflictividad bajísimas.

Cualquier plan que mejore la dinámica interna del centro es bienvenido. Ya han trabajado con otros colegios europeos y ahora repiten experiencia. Durante los próximos tres años, los alumnos del CEIP Francisco Arranz se emparejarán con estudiantes de otros países, con los que mantendrán contacto y realizarán actividades comunes. Para el director, es una experiencia que enriquece la vida escolar.

Luis Esteban tiene interés en transformar el colegio en un centro abierto para cualquier tipo de iniciativa. Resultado de este empeño son las casi 40 actividades que la activa asociación de padres tiene en marcha por las tardes.

El pasado verano, pusieron en marcha una iniciativa para ayudar a los padres a encontrar empleo, que estaba acompañada de comedor para los niños. Esta actuación está en línea con la política de Ayuda en Acción de estar al lado de las familias de los alumnos para generar oportunidades socioeconómicas que les permitan salir de la vulnerabilidad. El colegio ayuda en todo lo que puede a las familias y a cambio recibe mucho agradecimiento y apoyo.

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Llevar el tenis a hospitales https://www.vidascruzadas.es/social/llevar-el-juego-a-los-hospitales-infantiles/ Mon, 9 May 2016 12:32:18 +0200 1455718310878 Dicen, y con razón, que ver reír a un niño es una de las experiencias más gratificantes de la vida. Y, para que ría, lo mejor es que juegue. Pero no todos lo tienen tan fácil. Los niños hospitalizados, por ejemplo. Ellos no tienen las facilidades para jugar y, por tanto, tampoco para reír que tienen los demás.

Para paliar esta situación, hace unos cinco años la Fundación del Tenis Madrileño tomó cartas en el asunto. Propuso al Hospital La Paz de Madrid dedicar unas horas a la semana para que los pequeños pacientes que lo desearan, jugaran al mini tenis. A día de hoy, no son pocos los niños que están en el área infantil de este complejo hospitalario que esperan ansiosos las tardes de los martes, cuando Abraham Fernández, el profesor, profesional titulado como todos los que trabajan en la Fundación, acude a jugar con ellos. Otros cuatro hospitales madrileños se han sumado desde entonces a esta iniciativa para darle a la raqueta y a las bolas, que se ha seguido ampliando con la entrada en juego de la Fundación Mutua Madrileña.

El director de la Fundación de Tenis Madrileño, Carlos Almazán, señala que “lo importante es que cualquier niño que está en el hospital pueda jugar y, sobre todo, que esto le ayude a mejorar”. Porque, al margen de la enfermedad, el tedio es la peor pesadilla de un hospitalizado, sobre todo si es menor.

Las sesiones de mini tenis tienen lugar en una sala de juegos del Hospital Infantil, junto a la escuela ‘La Pajarera’. La Fundación del Tenis Madrileño aporta los profesores, las ideas para las actividades y la organización, mientras que la Fundación Mutua Madrileña se encarga de sufragar la habilitación de la sala y todos los recursos materiales, ya que todo está adaptado a las necesidades de los pequeños.

El mini tenis es una actividad idónea para estos jugadores. Está concebido para niños de entre 3 y 12 años, aunque tampoco hay límites de edad. Las pelotas y la red son más pequeñas y botan menos que las normales.

En la práctica, los pequeños hacen de todo. Juegan partidos convencionales, practican con las bolas, aprenden técnicas con el profesor, persiguen las pelotas por el suelo, pelotean solos o forman equipos. No hace falta seguir unas pautas regladas.

No se podría, por otra parte. Los jugadores que bajan a la sala del mini tenis lo hacen desde la habitación de un hospital. Sólo médicos y enfermeros imponen el criterio de quién debe participar y cuándo, además, claro está, del propio paciente y su estado en el momento de bajar a jugar. .

“No se le dice que no a nadie que quiera apuntarse”, explica Carlos. “Lo que hacemos es adaptar los ejercicios a cada paciente”, confirma Abraham. Tiene que ser de esta manera para cumplir con los fines perseguidos: que los niños sean niños, que se olviden de donde están, que se diviertan y, a la vez, que mejoren su psicomotricidad.

Los pequeños agradecen, con su natural vehemencia infantil, estas horas de asueto, en las que también les acompañan los jóvenes que hacen voluntariado en el centro. Los hay que sólo salen del letargo de su habitación para jugar al mini tenis. Cambiar de aires y romper la semana se ha convertido para muchos de ellos en un aliciente, en un motor que les hace reír de nuevo.

Hay un dato revelador: en 2015, unos 450 niños ingresados en los cinco hospitales que forman parte de este proyecto pasaron por el mini tenis y las previsiones para este año son incrementar esta cifra de manera notable.

¿Y si al niño le pica el gusanillo y quiere seguir jugando al tenis? La Fundación le sigue apoyando después de ser dado de alta, pero ya en otro escenario alejado del hospital. Abraham añade que todo “está planteado como un juego, pero si además creamos afición al deporte, mejor que mejor”.

Aunque, como dice Carlos Almazán, en esta actividad con los pequeños, “lo primero es el ocio, el entretenimiento y después el aprendizaje”.

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La línea de la confianza https://www.vidascruzadas.es/social/la-linea-de-la-confianza/ Thu, 14 Apr 2016 11:53:32 +0200 1455718309942 Cada persona es única y hay que escucharla. Mariana Valenzuela lleva algo más de dos años escuchando los problemas y necesidades de los niños y adolescentes que llaman al teléfono de la Fundación ANAR. Problemas de adolescencia, acoso escolar, violencia doméstica, desamparo por abandono, abusos sexuales, secuestro parental, intentos de suicidio, etc. Es un trabajo duro, con una cara amable, la de la satisfacción personal por el trabajo cumplido y el reconocimiento social.

Esta psicóloga argentina se mudó a España hace casi seis años desde Inglaterra donde su marido estaba destinado: “Mi intención era empezar a trabajar en lo mío en cuanto me instalase”, cuenta. Lo primero, la convalidación del título. Los trámites llevaron dos años, tiempo que aprovechó para ponerse al día en todo lo referente a voluntariado. Así dio con la Fundación ANAR.

Se trataba de un trabajo con menores en riesgo y por teléfono. Muy distinto al que Mariana llevaba a cabo en su consulta privada en Argentina. Estaba especializada en niños con cáncer, atención cara a cara. En ANAR, tendría que tratar los casos a través del teléfono. “Pensé que no iba a poder. Fue un desafío, pero me gusta”. Y empezó a trabajar como voluntaria.

El curso de formación es impartido por los psicólogos, abogados y trabajadores sociales de la fundación con objeto de complementar la formación en materia de infancia y desde un enfoque multidisciplinar. Para el desarrollo del programa en el que colabora Mariana la Fundación ANAR cuenta con el apoyo de la Fundación Mutua Madrileña.

En opinión de Mariana, es una formación apta tanto para recién licenciados como para psicólogos con experiencia. Trabajan mucho en grupo, con técnicas de role play para prever cómo será la dinámica del trabajo.

A pesar de la preparación, el primer día de Mariana resultó duro “Hasta entonces, en las escuchar estás acompañado por una persona experta, sabes que está ahí aunque no te hable. Pasar a la sala de orientación impone”. Con todo, esta voluntaria destaca el control y el trabajo en equipo realizado.

La fundación se decida desde 1970 a la promoción y defensa de los derechos de los niños adolescentes en situación de riesgo y desamparo. En la organización recuerdan que cualquier niño o joven puede marcar ese número y encontrará al otro lado un psicólogo que le va a dedicar el tiempo necesario. Profesionales como Mariana. Hay casos que le afectan más que otros. Los abusos a menores, por ejemplo, están entre los primeros. La experiencia le ha enseñado que cuando un chico llama es porque se encuentra en una situación límite y no cuenta con nadie en quien poder confiar. “Generalmente, cuando se atreven a marcar el número de ANAR es porque están aguantando la situación desde hace mucho tiempo. No llaman después del primer golpe, sino dos años después”, ilustra a modo de ejemplo. Acuden a ANAR solo cuando se dan cuenta de que lo que les está pasando no es normal. Mariana lo achaca al miedo. “No se atreven a hablar. Por un lado, quieren denunciar su caso, por otro no, porque son su familia, temen lo que le pueda pasar a su padre si lo denuncian”.

Para Mariana el anonimato da a los menores la oportunidad de resguardarse, un refugio de confianza para contar su caso. Disfruta de su trabajo a pesar de esos días duros en los que está deseando llegar a casa y desconectar. Su intención es seguir por mucho tiempo al otro lado del teléfono.

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Una voluntaria de la familia https://www.vidascruzadas.es/social/una-voluntaria-de-la-familia/ Tue, 29 Mar 2016 17:00:21 +0200 1455718307706 El despertador de Vicenta Gullón suena a las 9 de la mañana. El día para esta mujer de 84 años empieza como el de muchas otras personas de su edad: sin prisas. Pero un día a la semana, Marta Blanco irrumpe con sus experiencias y anécdotas y pasan dos horas juntas. “Me ha cambiado la vida”, afirma Vicenta.

Marta es voluntaria de la Fundación Amigos de los Mayores, que tiene como objetivo paliar la soledad, el aislamiento y las carencias afectivas de las personas mayores que viven solas, con la que colabora la Fundación Mutua Madrileña.

La asociación quiere cambiar la realidad de estas personas. Entre otras actividades, les acompañan en su domicilio, cada quince días les invitan a merendar al local de la entidad para que se relacionen con otros mayores y voluntarios, organizan fiestas y en Navidad, en San Isidro y en verano se las llevan unos días de vacaciones.

No es el primer voluntariado de Marta, es una experta en ayudar a los demás en temas de salud, su campo –es veterinaria-. Ha sido voluntaria en África y ha trabajado también con personas con discapacidad en Inglaterra. La suya es una elección sencilla: “Tengo tiempo y ganas”. En España, ha canalizado su búsqueda hacia los mayores. Le encanta estar con ellos, seguramente por el afecto profesado a sus abuelos, una de las mejores cosas de su vida, recuerda.

En los dos años que lleva acompañando a Vicenta, las dos mujeres han establecido un vínculo de confianza resistente a los problemas de convivencia. Por su parte, Vicenta, vecina de muchos años del distrito de Arganzuela, añade: “lo pasamos pipa”, y la voluntaria lo tiene claro, si va a acompañarla dos horas a la semana es para pasarlo lo mejor posible.

Llevan dos años juntas, pero a Vicenta le parece toda la vida. Considera que Marta le hace un “favor inmenso”. El tiempo que pasa con ella, no ve a la voluntaria sino a una hija más, pero confiándole las cosas que no cuenta a sus hijos. Marta, por su parte, se siente un poco hija cuando la riñe: “La regaño mucho”, dice. Y Vicenta responde: “lo pasamos muy bien”.

Vicenta, a la artropatía, suma los mareos que le causan las cervicales al oprimir las arterias. Con ánimo, gimnasia y baile ha plantado cara al dolor. Tuvo que renunciar a su gimnasia hace un año, pero todavía se atreve a bailar en las fiestas que organiza Amigos de los Mayores. “No paro de bailar”, dice Vicenta. La de Navidad “es la bomba”. Ahora, no puede salir sola a la calle. “Tengo miedo a las caídas”. Cuando sale a pasear o al centro de día, le acompaña una persona contratada por sus hijos. El cole es para ella una gran distracción. Entre el centro y las visitas de Marta, llena su tiempo.

La Fundación Amigos de los Mayores organiza salidas de un día, pero Vicenta nunca quiere apuntarse, revela Marta en tono de regañina. Le recuerda que se está perdiendo excursiones a Faunia o a Aranjuez.

La Fundación depende mucho de los voluntarios para llevar a cabo sus actividades y Marta colabora encantada. Las reuniones con otros mayores y voluntarios son una ocasión para hacer lazos de amistad “increíbles”. Para ella, solo por eso merece la pena.

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El refugio para escapar https://www.vidascruzadas.es/social/el-refugio-para-escapar-de-la-violencia/ Tue, 8 Mar 2016 11:40:01 +0100 1455718309704 Las mujeres inmigrantes víctimas de violencia de género que acoge Movimiento por la Paz (MPDL) tienen algo en común: quieren paz. Al lado de sus maltratadores, han perdido la dignidad. Han sido heridas, física y emocionalmente, y están desamparadas sin una red de apoyo familiar y social. Aquí encuentran un refugio de emergencia y los recursos para aprender a vivir de forma independiente. El objetivo es que se sientan seguras y arropadas. Es una tarea complicada que involucra a trabajadores sociales, psicólogos, abogados, educadores y mediadores.

El Movimiento por la Paz es una organización de desarrollo, acción social y ayuda humanitaria, creada en 1983. En el año 2002, abrió un piso de emergencia para mujeres inmigrantes víctimas de violencia de género. Desde entonces, el centro trabaja para dar acogida temporal a mujeres que han sido víctimas de violencia de género que sufren una situación de gran vulnerabilidad. Se trata de uno de los proyectos de lucha contra la violencia de género que ha apoyado la Fundación Mutua Madrileña.

El piso cuenta con diez plazas de acogida para mujeres inmigrantes con niños menores de edad, muchas sin papeles y sin apoyo familiar. Una de ellas es Karima, una joven marroquí atrapada desde hace muchos años en una relación de violencia. Esta mujer que se oculta bajo un nombre falso, reconoce que ha pasado miedo. Ha vivido entre palizas y amenazas y sin la comprensión de su familia.

Karima vivía antes en un piso compartido, en una habitación pequeña sin espacio para comer, que pagaba gracias a la renta activa de inserción. “Ahora estoy mejor”, dice. Ha supuesto para ella un cambio de vida. Disfruta de más espacio para ella y el niño y está acompañada de otras mujeres. “Puedo hablar con ellas, comemos juntas, los niños ven la tele…”, continúa.

Además de alojamiento y manutención, cuando las mujeres ingresan en el piso reciben atención jurídica y psicológica. Muchas no se consideran víctimas, otras lo son de prácticas ancestrales de sus padres.

El período máximo de acogida es de tres meses. Hasta entonces, se ofrece a la mujer servicios que fomentan la equiparación de oportunidades y la integración social y laboral, la mejora de su bienestar social y su calidad de vida a través del desarrollo de actividades de asesoramiento y orientación, de dinamización sociocultural, de formación, etc. El objetivo es conseguir que la mujer salga definitivamente del ciclo de violencia y pueda llevar una vida independiente lo antes posible.

En Movimiento por la Paz han encontrado también casos de mujeres que regresan con el agresor. No lo confiesan, pero lo perciben. Escapar del pasado, no resulta siempre fácil.

A pesar de llevar poco tiempo en el piso, Karima se siente más segura. Con ayudas psicológicas, espera poder llevar una existencia normal. “Quiero olvidar el pasado y encontrar trabajo”, dice. Lo primero que se propone es continuar con sus clases de castellano y a continuación, formarse. La prioridad es ofrecer a su hijo un futuro digno. Estará más cerca de conseguirlo si encuentra un empleo. Le gustaría trabajar de dependienta o en cualquier otra actividad de cara al público. Si lo logra será gracias a Movimiento por la Paz. “Me apoyan mucho, sin ellos, las mujeres en mi situación nos quedaríamos en la calle”.

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la mejor medicina https://www.vidascruzadas.es/social/la-mejor-medicina/ Wed, 24 Feb 2016 16:15:02 +0100 1455718306993 Una de las cosas que Laura ha aprendido con la enfermedad es a valorar lo importante. Con 15 años, le diagnosticaron un linfoma de Burkitt. Lo pasó bastante mal, se preguntaba qué hacía en un hospital con los niños sin pelo.

Era lo que más la impresionaba, recuerda tres años después. Con el primer ciclo de quimioterapia, le cortaron el pelo. Los mechones caían al suelo a la misma velocidad que las lágrimas por su cara. A Laura le gusta estar guapa.

Hoy los recuerdos malos no le interesan. Se queda con los buenos y el día de compras con sus amigas en limusina se encuentra entre los mejores. El suyo es uno de los más de 2.800 sueños que la Fundación Pequeño Deseo ha hecho realidad para niños con enfermedades crónicas o de mal pronóstico. Actúan en hospitales, con la complicidad de las familias y amigos y la aprobación de los médicos.

En Pequeño Deseo se dieron cuenta hace unos años que para los niños era una inyección emocional. El deseo contribuye a que acepten de otra forma la enfermedad y se sientan mejor a la hora de afrontar los tratamientos.

Para Laura pasar un día de compras fue como un sueño. La engañaron con la excusa de que tenía que contestar a una encuesta que posteriormente serviría de ayuda a otros niños. Le preguntaron qué cosas le gustaría hacer si estuviera fuera del hospital. Laura quería ir de compras con sus amigas en una limusina.

Pasó dos meses muy mala hasta que por fin le diagnosticaron la enfermedad. Su madre con lágrimas le dijo que tenía un linfoma y que tendría que pasar mucho tiempo ingresada. Fueron seis meses sin salir del hospital, algunos días aislada por las complicaciones de la enfermedad.

El deseo se cumple para el niño y para su entorno, pues ante una enfermedad la familia queda bastante desestructurada, aseguran en la fundación. Carmela, se olvidó de que su hija estaba enferma. Con la ayuda de la Fundación Mutua Madrileña, pasaron una jornada inolvidable, Laura y sus amigas, pero también ella y las voluntarias que les acompañaron y que tampoco habían montado nunca en limusina.

A Laura le encanta ir de compras. En el futuro se imagina desempeñando un trabajo cara al público.  La experiencia le ha hecho comprender que mientras ella está en su casa, hay otros niños en los hospitales pasándolo mal, y ahora es ella la que quiere ayudar a los demás.

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La piel refleja la pobreza https://www.vidascruzadas.es/salud/la-piel-como-reflejo-de-la-pobreza/ Mon, 8 Feb 2016 16:28:18 +0100 1455718307274 Cristina y Patricia estaban llamadas a encontrarse. Las dos tienen la misma vocación e iguales ilusiones. Aunque las circunstancias no lo pusieran fácil. La primera, dermatóloga, ejerce en Madrid y la segunda, enfermera de Granada, ejerce en King’s Lynn (Uk). Difícil que coincidieran hasta en su mismo proyecto vital, la cooperación en África, pues cada una es voluntaria en un país distinto.

Sin embargo, el destino enredó en forma de becas de la Fundación Mutua Madrileña. Pero tampoco en un primer momento. Cristina Galván recibió la beca para un proyecto de cooperación en Malawi, que llevó a cabo en 2015. Patricia Cobo realizará en 2016 su proyecto becado en Etiopía. “Son becas de apoyo, muy necesarias para sobrevivir el tiempo que estás fuera. No hay que olvidar que para ir a África dejas aquí tu trabajo”, explican las dos cooperantes.

Cuando a Patricia le hicieron entrega de su beca, se enteró que una beneficiaria anterior, Cristina, era dermatóloga y pensó que había llegado su gran oportunidad. “Tuve mucho interés en conocerla y poder trabajar con ella porque en estos países hay muchas afecciones dermatológicas y hacen falta especialistas”, afirma.

Dicho y hecho. Conectaron desde el principio y empezaron a colaborar. Primero desde la distancia, solventada por la tecnología actual, y en breve, juntas en Malawi. Allí van a poder llevar a cabo durante tres semanas una labor específica y poco conocida de la cooperación médica: la dermatología. La propia doctora, veterana en estas lides, confiesa: “Al ir la primera vez pensaba que me iba a encontrar con dermatología tropical, es decir, enfermedades típicas de aquellas latitudes. Mi gran impresión fue enfrentarme con afecciones comunes en el mundo desarrollado pero que en estas zonas son de una agresividad y una gravedad fatales”.

Sarna, tiña, infecciones bacterianas, pitiriasis, lepra…todo un catálogo de enfermedades de la piel agravadas por la pobreza y la desnutrición. Falta de higiene, hacinamiento, carencia de calzado adecuado o desconocimiento son el caldo de cultivo para dolencias que en Occidente hace tiempo que dejaron de ser un problema sanitario.

A pesar de la necesaria distancia profesional y de su larga experiencia como cooperante en el Sáhara, a Cristina más de una vez se le han caído las lágrimas “cuando una madre destapaba delante de mí a sus hijos”. Patricia también se estremece al recordar escenas vividas en Etiopía, como la que presenció cuando una mujer les llevó a dos hijos gemelos. Uno estaba mejor que el otro porque, simplemente, había decidido salvar al más fuerte. “Te da por juzgar, sí, pero luego piensas que quiénes somos nosotros para hacerlo”, dice convencida.

La resignación de esta población ante sus males es una de las lacras contra la que hay que luchar. Cristina recuerda el caso de una muchacha, con una lepra incipiente, que renunciaba a las prescripciones médicas, que hubieran podido curarla. No iba a seguir el tratamiento. “No tenía medios para pagarse el transporte hasta el hospital”, explica. Toda una vida desperdiciada por carecer de unas monedas.

La desidia generalizada, abonada por la falta de expectativas, es otra de las grandes dificultades. Los cooperantes sanitarios son muy bien recibidos por todos en estos países, autoridades incluidas. “Pero su propia burocracia nos ahoga”, apunta Cristina.

A pesar de estas circunstancias tan difíciles, o precisamente por ellas, el balance que hacen ambas de sus experiencias no puede ser más positivo. Cristina cree que la eficacia del trabajo desarrollado allí “se nota muchísimo más”. Que aquellas personas se curen, se traten, se informen, hace que se ensanche el ánimo y que seguir valga la pena. “La satisfacción que te da lo poco que tú puedas hacer es enorme. Y darles a ellos la esperanza de que lo que tienen se puede solucionar, el hecho de que estén esperándonos…”  Para Patricia, el intercambio cultural es otro factor favorable a tener en cuenta, “para nosotros y para ellos”.

El cansancio, las incomodidades, alguna que otra frustración o el choque emocional se olvidan en cuanto recuerdan las colas enormes que, “desde que amanece”, se forman en los hospitales al enterarse de que ha llegado el personal sanitario. Por eso y por mucho más, van a volver con entusiasmo a una de las regiones más pobres del planeta. Y esta vez juntas.

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Campamento de corazones https://www.vidascruzadas.es/social/campamento-de-corazones/ Fri, 8 Jan 2016 15:56:35 +0100 1455718306449 Javier, como casi cualquier niño de su edad, es un loco del fútbol. Si por él fuera estaría las 24 horas pegado al balón. Pero el camino hasta tocarlo no ha sido fácil. Nació con una cardiopatía y con solo cinco días tuvieron que operarle. Su madre, Mamen, no recuerda una sola visita al cardiólogo en que el niño no le pidiera permiso para calzarse las botas. El médico por fin le ha dejado jugar, pero Mamen no tiene claro si porque ha superado la prueba de esfuerzo o “por cansino”.

Además de sus problemas de corazón, Javier ha encontrado muchas dificultades a lo largo de estos años que le han provocado problemas tanto dentro de su familia como en el colegio. Tiene TDH (Trastorno de Déficit de Atención por Hiperactividad) y es alérgico al huevo. “Ese año se juntó todo”, recuerda la madre. Y en el colegio las cosas no iban mejor. Resultó un curso complicado; la profesora siempre tenía algún comentario que hacer sobre Javier, y el niño tenía la autoestima por los suelos. La situación conducía a un cuadro de ansiedad. Javier tenía problemas con sus profesores, sus compañeros, sus padres y acababa estresada toda la familia.

En ese contexto, su familia, que pertenecía desde hace años a la Fundación Menudos Corazones, una organización que trabaja para mejorar la calidad de vida tanto de los niños que sufren estas patologías como apoyo a las familias en los tratamientos, acompañamiento, y con otras actividades, pidió ayuda a sus especialistas para ayudar a Javier. Éstos le recomendaron los campamentos de verano, una actividad que recibe la financiación de la Fundación Mutua Madrileña. Durante una semana, tanto Javier como su hermano Carlos, de 13 años, participaron junto a otros niños con problemas cardiovasculares.

La experiencia ha cambiado no sólo a Javier, también a su hermano. “A los críos les cambia la visión de lo que es la vida”, dice Mamen. Carlos ha crecido con los problemas del hermano pequeño, pero el campamento le ha dejado expuesto a las experiencias de otros niños con cardiopatías como Javier. Y, lo más importante, mantiene contacto con todos ellos durante el año.

Después de esta primera experiencia en la que Javier ha podido disfrutar tanto de talleres de manualidades o juegos con actividades escolares, Javier está deseando repetir. Es un chico que se expresa muy bien y tiene las ideas muy claras. Responde sin problemas a lo que le preguntan y, a su vez, pregunta lo que le interesa saber.

En un futuro aunque le gustaría, Javier “sabe que no puede ser” y no pide ser futbolista, aunque ya ha conseguido jugar a nivel federado pero sin ficha. Es del Atlético de Madrid y fan de su capitán, Gabi.  Hoy por hoy está convencido de que quiere ser veterinario, porque le encantan los perros o como precisa su madre, “tiene obsesión con los animales”. Cada año, en la carta a los Reyes Magos pide un perro y Mamen no puede evitar sentirse culpable de no poder cumplir su deseo, pues como muchas madres rechaza más carga de trabajo para la familia. Si lo de veterinario no resulta, no le importaría inventar juegos para la Play.

Los padres de Javier han intentado no protegerle en exceso y creen que lo han conseguido. Durante una temporada, se rebelaba y les preguntaba por qué tenía que agarrar él todos los gérmenes del mundo. Ahora, está mejor. La profesora del nuevo curso se ha hecho con él enseguida, mientras que Javier no le da guerra y, dentro de su problema de aprendizaje, llega hasta donde puede. Muchas cosas le hacen feliz: jugar al fútbol, estar con sus tíos y charlar con su hermano de la semana que pasarán en el próximo campamento de verano. Lo están deseando.

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Educación para el cambio social https://www.vidascruzadas.es/social/educacion-para-el-cambio-social/ Wed, 10 Dec 2014 13:03:21 +0100 1455718305042 A sus 15 años, Daniel Díez tiene claro que su futuro está ayudando a otras personas. Es lo que ha vivido en casa desde pequeño. Su padre, Enrique, es mediador social del Ayuntamiento de León y actualmente cursa primero de Educación Social en la universidad. “Puedo sacar de mi padre muchas cosas buenas”, dice Daniel. Los estímulos le llegan desde casa y la escuela. Este chico educado y despierto participa desde hace cuatro años en el Programa Promociona de la Fundación Secretariado Gitano, que persigue el éxito escolar de la comunidad gitana y que cuenta con financiación de la Fundación Mutua Madrileña.

Una de las campañas de sensibilización de la Fundación Secretariado Gitano reza que “con estudios, los sueños se cumplen”. En la tarea está implicado Daniel, uno de los alumnos del Programa Promociona, cuyo objetivo último es lograr que los jóvenes gitanos acaben los estudios obligatorios y continúen estudiando. Las cifras de abandono prematuro de los estudios en la comunidad gitana son “terribles”, según la Fundación. Y la educación es la mejor herramienta para el cambio social. Es la realidad que impulsó en 2009 la puesta en marcha de este programa que ambiciona crear referentes para la comunidad gitana.

Daniel aspira a convertirse en uno de ellos. Desde que está en el programa, su rendimiento y motivación mejoran día a día. Él es el primero en advertir el cambio: “En primaria, no ponía atención en clase, me pasaba el rato esperando a que llegara la hora del recreo; ahora estoy contento, más organizado”. Las señales de alarma sonaron en cuarto curso de Primaria. “Tenía problemas de concentración”, resume su padre, Enrique. Tuvo que repetir curso. En el siguiente año las cosas no mejoraron y en sexto, la antesala del nuevo ciclo educativo -la Educación Secundaria Obligatoria-, se incorporó al programa.

Plan de trabajo individual

A cada alumno, su plan de trabajo. En él se establecen las necesidades, las acciones a desarrollar y los plazos de revisión. “Se trabaja directamente con las familias, están en continuo contacto con los padres”, explica Enrique. Él y su mujer, Mª Sol –ambos se sacaron el título de Graduado Escolar en la Escuela de Educación de Adultos León-, están permanentemente informados de la situación de Daniel. “Nos llaman para comentar las notas, nos dicen dónde falla, dónde hay que trabajar un poco más o cuando hay que darle más recompensa”. Porque Daniel sabe organizar sus horas entre la obligación y el ocio. “Me marco un tiempo de relax y un tiempo que tengo que dedicar a las tareas escolares”. La recompensa de la que habla su padre puede ser el permiso para jugar con videojuegos. Daniel debe ser de los pocos chicos de su edad que no tiene teléfono móvil. “Él lo pide”, aclara Enrique. Pero, de momento, nada de smartphones.

El alumnado gitano no suele participar en clases de apoyo. El programa actúa en esta dirección con las Aulas Promociona, una acción grupal a través de sesiones de apoyo escolar. Permite conseguir un doble objetivo: trabajar hábitos y rutinas escolares en grupo y ofrecer un apoyo de calidad para reforzar los conocimientos de diferentes asignaturas. Daniel termina sus clases en el Centro Don Bosco a las 14.30, come en casa y a las 16.00 llega a la Casa de la Cultura para sus clases de refuerzo. Son un grupo reducido de alumnos. Los profesores les ayudan con los deberes. Es un trabajo de apoyo escolar, pero también de asesoramiento y orientación. Daniel está feliz con la experiencia. “Me ayuda a la hora de hacer los ejercicios que no entiendo y en el modo en que tengo que plantear los exámenes. Primero, me explican las dudas, luego me pongo a hacer los ejercicios y después, estudio en casa”. Se le da mejor estudiar que razonar, de ahí sus problemas con las mates. De cara a los exámenes, intenta valerse de las técnicas de estudio que ha aprendido en el programa. Dice que no ha tenido problemas de adaptación en clase y se muestra contento con los profesores del programa “explican muy bien”. Los resultados hablan por sí mismos. “Los temas en Secundaria son más avanzados, pero los saco con facilidad, en comparación con los cursos anteriores”.

Con las Aulas Promociona se ofrece un apoyo escolar que muchas familias gitanas con escaso nivel formativo no pueden ofrecer. Aprobar las asignaturas, sí; pero, además, demostrar a otras personas de la comunidad que vienen detrás que hay salida, que la educación puede “modificar el contexto de desigualdad social”, remarca Enrique Díez.

La familia Díez Hernández se implica en la educación de Daniel y el pequeño de la casa, actualmente en tercero de Primaria, y según la Fundación Secretariado Gitano, próxima incorporación al programa. “Mi padre es el que más hincapié hace en los estudios”, admite Daniel. Enrique no pudo completar 8º de EGB y obtuvo el título de Graduado escolar de adulto. En la actualidad, es mediador intercultural del Programa de Minorías Étnicas del Ayuntamiento de León y desde este curso, estudia primero de Educación Social en la Universidad de León, tras superar las pruebas de Acceso a la Universidad para mayores de 25 años. “Siempre he deseado seguir estudiando, pero por mi situación familiar y económica no tuve oportunidad”. Para él, el acceso a una titulación universitaria es muy importante. “En primer lugar, me facilita capacitación y herramientas para ejercer mi trabajo; en segundo, puedo ser un referente para otras personas”.

Enrique ya es un modelo para su hijo. Cuando piensa en su futuro, Daniel lo imagina muy parecido al de su padre. Le gustaría poder llegar a la universidad y estudiar Trabajo Social o Educación Social para poder ayudar al resto de la comunidad gitana y ser un referente.

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Desarrollo de la infancia https://www.vidascruzadas.es/social/desarrollo-de-la-infancia/ Mon, 1 Dec 2014 13:30:36 +0100 1455718305469 Ana da las gracias a las redes sociales porque cada día le permiten dar las buenas noches a sus dos hijos mellizos, de 13 años, ya que desde principios de curso se encuentran estudiando en Estados Unidos. “Me cuentan cómo han pasado el día, cómo les va en el colegio, si han hecho los deberes…”. La conexión a Skype suaviza la distancia. Los niños se han ido a estudiar al otro lado del Atlántico con sus hermanos mayores, los hijos que Ana tuvo que dejar en El Salvador hace treinta años para iniciar una nueva vida en España. Se adaptan bien. Hace años, afrontaron el riesgo del fracaso escolar en las aulas de la Fundación Balia. Un refuerzo pedagógico y emocional que ahora da sus frutos.

Balia significa en sánscrito desarrollo de la infancia. La Fundación lleva desde 2001 ayudando a niños y adolescentes con dificultades socioeconómicas. Una apuesta por su integración social y su futuro profesional. Chicos como Arantxa e Iker, los mellizos de Ana. Empezaron en la Fundación en 2007 y el curso pasado participaron en el programa Aula Balia de Inclusión Ortega y Gasset, que patrocina la Fundación Mutua Madrileña. “Me cambió la vida”, asegura esta mujer que recibe regalos el día del padre. “Tú eres papá y mamá”, le dicen sus hijos.

Los niños necesitaban refuerzo escolar y Ana, ayuda para sacarlos adelante. El padre los había abandonado, otro fracaso en la vida de esta mujer que llegó a España muchos años antes escapando de su marido, con las manos vacías y la intención de conseguir una vida digna. Tuvo que dejar allí a sus dos hijos, el pequeño de tan solo un año de edad. Fueron muchos los que la ayudaron, empezando por el embajador de su país en España que le ofreció trabajo como empleada doméstica en su casa. “He recibido el apoyo de mucha gente”, asegura agradecida Ana.

Entró en contacto con la Fundación Balia a través de la trabajadora social. Los menores en riesgo de exclusión social son la prioridad de esta organización que actualmente atiende a más de 800 menores en Madrid. Todas sus actuaciones están orientadas a prevenir el aislamiento social, combatir el fracaso escolar y potenciar la educación en valores, el desarrollo del talento y la inteligencia emocional. Dentro de los diferentes programas que lleva a cabo, las Aulas Balia ofrecen un espacio socio-educativo dentro de los centros escolares (en su caso, en el Colegio  Público José Ortega y Gasset, en el distrito de Tetuán), donde los alumnos que lo necesitan realizan a lo largo de todo el curso diferentes actividades de lunes a jueves, desde las 16.00 hasta las 19.30.

Esas tres horas y media en las que los niños recibían apoyo escolar, jugaban, hacían manualidades y merendaban se traducía para Ana en tiempo para trabajar por horas. Comían y merendaban en el centro escolar, con lo que ella solo tenía que encargarse de la cena. Dice de sus hijos que son muy distintos, la niña es mejor estudiante, mientras que el niño tiene un carácter más introvertido, aunque desde su paso por la Fundación Balia “se abre más”.

“Han sido mi salvación”

Guarda un recuerdo cariñoso para los educadores que han ayudado estos años a sus hijos, a hacer los deberes o a enseñarles a hacer un pin con su cara. Una de las profesoras viaja con cierta frecuencia a El Salvador y cuenta a los niños muchas cosas del país natal de su madre, que no conocen. Ellos ya no están en el programa y Ana lo echa de menos. Ha pasado buenos ratos en la Fundación, que cuida especialmente las actividades extraescolares, como las excursiones que alumnos y un familiar realizan un sábado al trimestre. Ana ha disfrutado de ellas siempre que ha podido. “Los padres colaboramos en todo lo que podemos con la Fundación”. Pone como ejemplo un curso de cocina, en el que cada uno aportó un plato típico de su país. Ana procura no perder el contacto con los profesores de la Fundación. “Han sido mi salvación, cómo no voy a colaborar con ellos si me necesitan”.

Este curso, los chicos estudiarán en Estados Unidos. Cree que se defenderán bien. En el colegio, estudiaban inglés dos veces a la semana, un nivel que al marcharse a estudiar fuera han descubierto que era bueno, observa su madre. La decisión de salir a Estados Unidos ha sido resultado de muchas casualidades. Cuando vino a España, Ana perdió todo contacto con sus hijos mayores, que ahora tienen 42 y 32 años. Su hija pequeña los localizó a través de las redes sociales. Ahora, los mayores se los han llevado a vivir con ellos. Ana los echa de menos, pero valora la educación que recibirán, sobre todo la posibilidad de aprender el idioma.

Se han marchado con un visado de estudiante por tres años. “A ver qué tal les va”, dice Ana y la pregunta lleva implícita una respuesta optimista. Todavía son jóvenes, pero ya tienen sueños. La niña se plantea estudiar medicina y su hermano dice que le gustaría ser abogado. A su madre, la opción del chico le parece bien, porque así lograría ser más distendido.

Serán tres años de larga espera en Madrid. “Aquí están mis raíces”. Un tiempo que Ana intentará matar con trabajo  o con alguno de los muchos libros que le prestan y lee. “Me gusta leer libros que me aporten conocimiento, por si acaso algún día me preguntan algo y así estoy preparada para responder”.

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Alas para una nueva vida https://www.vidascruzadas.es/social/alas-para-una-nueva-vida/ Sun, 30 Nov 2014 13:54:22 +0100 1455718305802 “Es lo mejor que me ha pasado. Siento que florezco día a día”. Eva no lo hubiera conseguido sola. Necesitaba ayuda y la ha encontrado en el Proyecto Vuela. Por fin se ve capaz por fin de analizar lo que está pasando en su vida. A admitir que no es una víctima. Ella es la cara de esta iniciativa puesta en marcha por la Federación de Mujeres Progresistas, y financiada por la Fundación Mutua Madrileña, que surge con el objetivo de dar alas a las mujeres víctimas de violencia de género a través de la inserción laboral.

Cuando llamó a las puertas de la Federación, se sentía como una mujer de 65 años. Un año después, se siente como una de 22. Aquí ha encontrado apoyo psicológico y las herramientas necesarias para defenderse económicamente. Llegó rota, asegura, con un historial de dependencias emocionales de nefastas consecuencias. En su caso, no hubo maltrato físico, pero como afirman en la Federación, hay muchos tipos de violencia.

El Proyecto Vuela actúa en varios frentes para facilitar a estas mujeres el acceso al mercado de trabajo: talleres personalizados para mejorar la empleabilidad, trabajar las capacidades de comunicación y habilidades sociales, así como la autoestima.

El proyecto Vuela empieza con un proceso de recuperación psicológica en el Servicio de Atención Integral de la FMP. Gracias a la ayuda de sus profesionales, Eva ha empezado a conocerse. Es una mujer que está reescribiendo el guión de su vida. “Me están pasando cosas muy buenas”, dice. Su mente se prepara para ser feliz. “La risa es lo mejor para evadirme”.

Eva ha asistido a varios talleres y cursos con un especialista del Proyecto Vuela. Las mujeres aprenden desde a cómo hacer un currículum vitae hasta cómo enfrentarse a una entrevista de trabajo. Ella, por ejemplo, no había caído en detalles como la forma de sentarse o la ropa que llevar puesta en esos casos. “Cada vez que asisto, doy todo el tiempo gracias por haber tenido la oportunidad de desbloquearme”. A la hora de tomar las riendas de su vida, no le frenaba el aspecto económico, sino el corazón.

Conoce el mundo de la empresa. No pudo terminar sus estudios de educadora infantil y se puso a trabajar en el sector comercio. Después, probó suerte en diferentes empleos. Sin embargo, reconoce que cuando llegó a la Federación no sabía por dónde tirar. Gracias a los talleres de inserción socio-laboral de Vuela, está en condiciones de salir al mercado de trabajo. “Empecé a activarme. Noté como mi mente se desbloqueaba y comenzaba a asimilar lo que me decían, porque antes estaba tan cerrada y tenía tanto pánico a ver lo que me ofrecía el mundo que prefería no arriesgarme”.

Ha perdido el miedo a moverse. Está ilusionada con un proyecto laboral de economía participativa, en el que según ella todos los que participan en él se benefician. Sabe que es algo transitorio. Su meta es formarse como esteticista y llegar a tener su propio centro de belleza.

Piensa en su situación anterior y no entiende su actitud de cerrarse al mundo. “Con lo grande que es el mundo y la de personas con las que relacionarse que hay en él”, asegura esperanzada.

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En buena compañía https://www.vidascruzadas.es/social/fundacion-mutua-apoya-a-la-fundacion-amigos-de-los-mayores/ Fri, 14 Nov 2014 12:04:03 +0100 1455718304171 Antonia Cencillo suele decir que tiene un ángel arriba y otro abajo, mientras señala al cielo y a la tierra. El terrenal es Ángel Chordá, el voluntario de Amigos de los Mayores que desde hace dos años dedica su tiempo a esta mujer de 83 años, optimista y locuaz. “Estoy deseando que llegue el sábado”, confía Antonia. Es el día de la semana que Ángel llama a su puerta para hacerle compañía durante dos horas. Para ambos ha sido su primera experiencia. En la organización estudian atentamente los perfiles de voluntario y mayor para lograr la mayor sintonía. Y lo consiguen. Ángel no tiene sensación de hacer voluntariado, simplemente viene a ver a Antonia. Para ella, este joven valenciano ya es como de su familia.

Antonia es feliz en torno a la mesa camilla. Sentado a su lado, Ángel escucha lo que ha dado de sí la semana y, a su vez, le cuenta los detalles de la suya. Si la semana ha sido aburrida, hablan de los personajes de la tele. Ninguna novedad se pasa por alto. Antonia incluso está al tanto de las compras de Ángel, que le muestra por el móvil, ese invento “tan bonito”, señala con la admiración de una generación que ha llegado tarde a los gadgets tecnológicos.

Él llegó a Madrid desde su Alzira natal, en Valencia, para trabajar de becario y con unas enormes ganas de que su vida cobrara sentido. Le empezaron a ir bien las cosas y se encontró con mucha energía para devolver a otros. Se considera una persona natural, que atesora entre sus recuerdos la especial relación mantenida con el abuelo. Así, llamó a las puertas de Amigos de los Mayores, organización con la que la Fundación Mutua Madrileña colabora en su actividad de acompañamiento y salidas de personas mayores. Superó la entrevista personal y a los tres meses, le asignaron a Antonia.

Antonia oyó hablar de Amigos de los Mayores a través de la asistenta social. “Como hablo tanto”, se justifica esta mujer nacida en Córdoba, educada en las labores del hogar. Recuerda el consejo de su abuelo: “Si te casas, tienes que saber coser; si no te casas, también”. Una fotografía de Antonia con traje de boda del brazo de su hermano en la habitación recuerda a la novia joven e ilusionada que un día fue. La experiencia del matrimonio salió mal, aunque ella siguió adelante con su vida. Ha trabajado en casas de escritores como Álvaro Pombo o Luis Cremades, cuidaba de sus cosas y ellos no la han olvidado como muestran las dedicatorias de sus libros. Lamenta no poder salir más, después de la caída que sufrió hace unos pocos años.

Esta limitación hace necesario que dependa de la ayuda doméstica de los servicios sociales, aunque sigue haciéndose la comida. Lee, escribe –christmas ahora que se acerca la Navidad o cartas a sus amigas del colegio con las que no ha perdido la relación-, ve televisión y cose para pasar el tiempo. Es una mujer a la que le gusta el contacto con la gente, con sus amigas y sus cinco sobrinos. Con Ángel “hubo química desde el principio”, señala. Los voluntarios de Amigos de los Mayores reciben formación para tener éxito en su actividad de acompañamiento, porque el objetivo de la organización es que “surja una auténtica amistad”, afirma Ángel. Él no conoce conflictos. Voluntarios y mayores tienen oportunidad de confraternizar en los encuentros con merienda de la organización, en Navidad y San Isidro. En ellos, Ángel puede apreciar que “hay mucho cariño”. Antonia está deseando que llegue la próxima cita.

Es una mujer animada. Ya ha disfrutado de las salidas de fin de semana fuera de la ciudad que la organización pone en marcha en verano. La actividad está pensada para que la persona mayor salga de su aislamiento y comparta sus comidas, paseos o juegos con otros mayores y voluntarios. Antonia lo pasó “estupendamente” en el hotel rural de Ávila. Se llevó una grata experiencia y nuevas amigas. “Nos llamamos por teléfono a diario para que ver qué nos duele”. Mantienen contacto telefónico y se invitan a sus casas. Ella tiene pendiente hacer en la suya unas migas. Se juntarán seis personas y Antonia ya está pensando en lo difícil que resultará conseguir que las migas estén al gusto de todos. “Unos las prefieren con uvas, otros con melón”. Visto así, hubiera resultado mejor ofrecer un salmorejo de su tierra, comenta con sentido del humor.

Antonia y Ángel coinciden en que su relación es enriquecedora. “Ambos damos y recibimos”, dice Ángel. Desde el principio, le ha satisfecho saber que con un poco de su tiempo, estaba dando mucho a otra persona. Por su parte, Antonia le ha dado paz en un momento complicado de su vida. “Encontrar a una persona responsable, diferente, ha sido como ir a terapia”.

Algunas veces pasean, pero si llueve se quedan en casa. Si algún sábado Ángel no puede hacerle compañía y acude un día entre semana, por la tarde, después del trabajo, especialmente en invierno, Antonia siente pena y le dice que se vaya, pero en el fondo quiere que esté con ella. Conoce a su familia y siente que él es un miembro más de la suya.  El intercambio generacional ha proporcionado a Antonia la oportunidad de probar la comida internacional o asistir al musical El Rey León en la Gran Vía madrileña. “No se me olvidará en la vida”, asegura Antonia.

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De la universidad a la empresa, sin límites https://www.vidascruzadas.es/social/de-la-universidad-a-la-empresa/ Tue, 4 Nov 2014 12:39:23 +0100 1455718304496 A Adrián Montero le gustan los retos. En septiembre, empezó el segundo y último curso de Tecnodemos, un proyecto educativo dirigido a jóvenes con discapacidad intelectual, y ya está pensando en completar estos conocimientos en el futuro con un ciclo formativo de grado medio en gestión administrativa. “Hay que intentarlo”, dice convencido, pues no es la primera vez que este joven de 20 años se marca objetivos y los cumple. Su madre, Isabel, prefiere que vaya poco a poco, aunque admite que Adrián “es muy tenaz”.

Tecnodemos es una de las patas del Programa Demos de la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE, en el que colabora la Fundación Mutua Madrileña. Adrián siempre quiso ser administrativo y el Programa Formativo Técnico Auxiliar en Entornos Tecnológicos era lo que más le acercaba a un trabajo en una oficina. Además, como a tantos otros jóvenes de su generación, le vuelve loco la tecnología. Tuvo que pasar una entrevista y realizar una serie de ejercicios en la Fundación Down, promotora de la Cátedra Familia y Discapacidad, para conseguir plaza en el programa. Es feliz con su experiencia universitaria y la posibilidad de estudiar rodeado de estudiantes de otras Facultades, como Derecho o Administración y Dirección de Empresa. “Ha supuesto un cambio”, asegura orgulloso de llevar una vida “de adulto”.

Los alumnos de Tecnodemos adquieren a lo largo de dos cursos académicos y un total de 1.480 horas –de ellas, 200 de prácticas- competencias que les permiten desempeñar diversas tareas auxiliares y con grados de complejidad variable en entornos tecnológicos. En el aula, aprenden a crear una cuenta de correo electrónico, a trabajar con paquete de office e incluso a cómo deben hablar y comportarse en la empresa. De momento siente que los estudios no entrañan demasiada dificultad. “No me hace falta estudiar mucho”. Si se lo complican un poco, lo vería como un reto.

Este año, además, le han elegido como becario para la cátedra. Los profesores le han encargado crear un portfolio, un trabajo que incluye desde selección de fotos hasta tareas de archivo y reprografía. Estará ocupado hasta abril, cuando encare la recta final de su formación universitaria, realizando prácticas en una empresa. El trabajo no le asusta. Ya sabe lo que es enviar un currículum vítae y hacer una entrevista laboral. La oferta no prosperó, aunque espera ilusionado que lleguen nuevas oportunidades. “Tengo ganas de trabajar”, declara.

Iniciativa alumno de enlace

Uno de los objetivos del programa Demos es proporcionar a estos alumnos con discapacidad intelectual espacios de inclusión en los que sacar partido a su potencial e interactuar diariamente con otros alumnos universitarios de edades similares. La universidad lo considera una convivencia enriquecedora para toda la comunidad docente. Por eso, ha impulsado la iniciativa Alumno de enlace. Es un espacio de encuentro entre estudiantes de grados de la universidad y los alumnos del Proyecto Demos. Los primeros acompañan a estos últimos en actividades culturales o deportivas y mantienen un contacto informal con ellos a lo largo de la semana  en los espacios comunes del campus. El pasado curso, Adrián eligió pintura, pero este año se ha decidido por percusión. Entre todas las actividades, era la que más le atraía. Se siente más cómodo tocando el bombo, el tambor o los palos que con otras actividades de cara al público, como el teatro o la realización de cortometrajes, por ejemplo.

Adrián es un joven educado, respetuoso y sociable, en palabras de su madre. La familia es su gran apoyo. Le gustaría, eso sí, abandonar el nido en el futuro, igual que ha hecho su hermano, tres años mayor que él. Los dos tienen una relación muy especial. Es su referente. Sabe que siempre puede contar con él, y Adrián está ahí para corresponder. Por ejemplo, para acompañar con el coche a su hermano mayor, que no tiene carné de conducir, cuando lo necesite.

Los coches son una de sus pasiones. Verlos y conducirlos. De momento, no le queda más remedio que conformarse con utilizar el de la familia, pero no puede evitar quedarse un buen rato entusiasmado cuando ve desfilar por la calle un Range Rover (su modelo favorito). Antes hacía deporte, recuerda su padre. Tenis, bici, natación, fútbol, gimnasio. Ahora, se ha vuelto más cómodo. Prefiere pasear por Madrid con sus amigos, ir de tiendas. La tecnología está en su punto de mira: móviles, tabletas, ordenadores. Gasta poco, dice, porque quiere renovar el teléfono. “Me lo pago con mis ahorros. Está bien ser responsable”, asegura.

El próximo mes de junio saldrá de la universidad con su título de Técnico Auxiliar en Tecnologías de la Información y la Comunicación debajo del brazo. Quiere seguir ampliando horizontes, convencido de que Adrián Montero es el único que se pondrá límites.

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Confianza al otro lado del teléfono https://www.vidascruzadas.es/social/confianza-al-otro-lado-del-telefono/ Thu, 30 Oct 2014 10:39:05 +0100 1455718303164 Para Andrés García, un joven psicólogo, voluntario en la Fundación ANAR (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo), “es importante ponerte en la piel de otra persona”. Es lo que hace desde hace casi dos años cada vez que atiende el teléfono en esta organización que en 1994 abrió una línea de ayuda gratuita para ofrecer a los menores de edad apoyo cuando tienen problemas o se encuentran en situaciones de riesgo. A lo largo de su corta experiencia, se ha encontrado con situaciones de todo tipo. Unas más graves que otras. “Los problemas son importantes en la medida en que la persona que los sufre cree que lo son”. Voces que a veces delatan inseguridad o angustia, a las que este psicólogo contrapone confianza. “Les hacemos ver que no están solos, que hay alguien que se ocupa de ellos”.

La idea de Andrés García era dedicarse a la psicología clínica. Durante un tiempo, preparó oposiciones a PIR (psicólogo interno residente) –equivalente en psicología al MIR en medicina-. En esos años de estudio, una amiga le sugirió la posibilidad de trabajar como voluntario en una fundación. Le habló de ANAR y contactó con ellos. Superó la entrevista y tras recibir una formación básica, estaba listo para atender llamadas. Al principio, con apoyo de un experto guiándole en esos primeros momentos en que Andrés temía cometer una equivocación o atascarse. Su bautismo fue una mezcla de nervios y esperanza. “Estaba nervioso, pero a la vez sabía que estaba preparado y deseaba empezar”.

Recuerda su primer día en la fundación. Al otro lado de la línea, oía los llantos desconsolados de un niño pidiendo por favor que le ayudase. Poco a poco, consiguió que se tranquilizara lo suficiente para escuchar un relato de maltrato físico por parte de los padres. “Ese caso me impactó bastante”, cuenta Andrés. El teléfono ANAR, iniciativa apoyada por la Fundación Mutua Madrileña en su I Convocatoria Anual de Ayudas a Proyectos de Acción Social, es una línea de ayuda gratuita y confidencial, que opera en toda España, durante las 24 horas del día todos los días del año. Desde la fundación, ofrecen ayuda psicológica, social y jurídica.

Andrés se licenció en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid. Recibió una sólida formación, pero el trabajo en la Fundación ANAR ha sido un master.  Ha sido una inmersión en una realidad en la hay muchas personas que sufren, no sólo las que lo padecen, también las que están a su alrededor: familia, amigos, vecinos. “Hay gente con problemas y tiene que haber gente que les oriente y les guíe, en definitiva, les ayude”.

Un máster en serenidad

Una llamada telefónica es una petición de auxilio. “Es verdad que llaman cuando ya están muy mal”. Es entonces cuando profesionales como Andrés tienen que acogerles, tranquilizarles, ganarse su confianza para que les cuenten sus problemas. Algunos casos que atiende amenazan daños graves, por eso tiene que razonar con los chavales, abrirles los ojos y convencerles de que lo prioritario es su seguridad. Andrés se ha encontrado con menores que ven normal el maltrato físico cuando viene de sus padres, algunos piensan que se lo merecen y otros abandonan el hogar. No todas las llamadas son graves, en ocasiones, Andrés escucha casos inventados, una especie de prueba para tantear al profesional y conocer su reacción ante un problema real. “Tienes que estar sereno, no perder los estribos, animarles a llamar cuando quieran y en el momento que quieran, porque el teléfono funciona las 24 horas y es confidencial, pero les pedimos que no ocupen la línea, porque hay personas que quieren contar su problema y no pueden”.

Considera que una experiencia como la suya es fundamental para aquellos psicólogos noveles que deseen una toma de contacto con lo que va a ser su trabajo, pero no tienen oportunidades para realizarlo. “Te da confianza para en un futuro poder enfrentarte en la consulta a casos con seguridad. A mí me ha ayudado a superar situaciones inesperadas y saber reaccionar”, asegura Andrés.

En la Fundación ANAR, el teléfono no para de sonar. Este psicólogo de 25 años se enfrenta a problemas relacionados con custodias paternas, situaciones de acoso escolar, conflictos sentimentales de adolescentes, entre otros muchos casos. Hay ciertas situaciones en las que necesita el apoyo del Servicio Jurídico de la organización. Las llamadas pueden ser muy largas y a Andrés le puede quedar la incógnita de qué ha pasado finalmente con aquellos chavales o padres desesperados. Algunos llaman de nuevo para agradecer el apoyo prestado. Son esos casos los que le hacen sentir especialmente bien, que le recuerdan que para el que está al otro lado del teléfono es importante saber que le están escuchando.

Tiene claro que quiere dedicarse a esto. “Es lo que me gusta, voy a luchar por mi sueño”. Su experiencia en la fundación le da la oportunidad de mirar el futuro con optimismo. Ha renunciado al PIR, pero no a seguir formándose. En la actualidad, estudia dos másteres, porque quiere especializarse en neuropsicología, un campo que avanza con fuerza en nuestro país. Además, psicología clínica y neuropsicología se pueden complementar muy bien, apunta. En el futuro, Andrés no se cierra puertas. Desde abrir su propio gabinete, hasta hacer un doctorado o la docencia universitaria.

La clave es la confianza. Da y recibe. Cuando terminó la carrera, era consciente de lo complicado que resultaba hacerse un hueco en el ámbito de la psicología clínica. “Al contrario que en otras carreras, aquí no te viene nadie a buscar”. Hoy, camina más seguro y explora nuevas posibilidades.

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Un sistema que traspasa fronteras https://www.vidascruzadas.es/salud/un-sistema-que-traspasa-fronteras/ Mon, 20 Oct 2014 11:06:35 +0200 1455718303387 En nueve años, ha colocado las cifras de donación de órganos del estado brasileño de Santa Catarina a niveles cercanos a los de España. Ayudar a la gente era el sueño de un niño que impresionó a un diputado al que pidió una beca de estudios. En 2008, vino a España a realizar el Master Alianza, el programa de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) que forma a coordinadores de trasplantes y que financia la Fundación Mutua Madrileña. Fueron dos meses y medio intensos en los que aprendió más que en cualquier otro master realizado antes. “Soñé con trasladar ese modelo a mi país”. Hoy, el coordinador de SC Transplantes no oculta su orgullo cuando repasa el dato de los 33 donantes conseguidos el pasado mes de agosto.

Joel de Andrade dedica mucho tiempo de su vida a viajar. En estos días, un seminario en Portugal le ha acercado hasta Madrid para visitar la ONT. Los compromisos le han dejado un poco de tiempo para escaparse al cine o pasear por el Parque del Retiro. Un respiro en una ajetreada vida que transcurre entre las Urgencias del Hospital Universitário UFSC en Florianópolis y la coordinación en SC Transplantes.

Recuerda perfectamente el primer día que quiso ser médico y por qué. Tenía 12 años, un farmacéutico que trabajaba para la FAO –la organización de Naciones Unidas para la alimentación- en la joven Brasilia, vecino suyo, le proporcionó una conversación de adulto. “Ese día pensé, quiero ser médico, quiero ayudar a cambiar las cosas”. Joel de Andrade pertenecía a una familia de clase media baja. Sin consultar a sus padres, con 14 años se plantó en la escuela para pedir su ficha y llevarla a otro centro, porque quería “algo mejor”. Mejorar suponía pagar más, así que no dudó en dirigirse a un diputado de su estado y solicitarle una beca de estudio. Era la primera vez que al político le pedían tal ayuda. Por supuesto, cambió de colegio y el estado pagó su educación hasta que fue a la universidad.

A sus 50 años, el interés de Joel de Andrade por involucrarse en los cambios sociales sigue intacto. Para él, dedicarse al mundo de la coordinación de trasplantes le ha permitido cumplir un sueño. “Es mi utopía”, dice el responsable de SC Trasplantes, el organismo encargado de coordinar todas las actividades relacionadas con el trasplante de órganos en el estado de Santa Catarina, al sur de Brasil. Cuando empezó a trabajar en la coordinación de trasplantes, lo primero que hizo fue llamar a un colega del estado vecino de Rio Grande do Sul, considerado una autoridad en la materia. Él le habló del modelo español como el mejor del mundo y pensó “voy a trasladar ese modelo”. En 2008, vino a España a hacer el Master Alianza. Tenía especial interés en conocer el trabajo de los coordinadores de Barcelona y Galicia, pero le enviaron al Hospital de La Fe, en Valencia. “Fue un regalo”, dice.

La experiencia cambió su vida

Fueron dos meses y medio intensos. Una formación nada comparable con otros másteres de mayor duración que Joel de Andrade realizara en toda su carrera. “No fue un master de trasplantes, fue un master en gestión de sistemas de salud de alta complejidad”. Recuerda que la primera actividad del programa fue un seminario de la ONT en la Fundación Mutua. “Me abrió la mente, porque ahí estaba toda la información necesaria”. En la actualidad, este médico es una referencia en sistemas sanitarios en Santa Catarina.

De lo aprendido, se queda con el esfuerzo y el trabajo bien hecho de los profesionales del sistema público de salud. Joel ha visto como compañeros de universidad se han decantado por carreras que ofrecen mucho dinero y reconocimiento, como la cirugía plástica. Él dedicaba muchas horas y realizaba un trabajo complejo, se consideraba tan capaz como ellos. Y aunque eso nunca le supuso un problema, cuando vio la actitud de los profesionales sanitarios españoles, pensó que quería seguir ese camino. “Su orgullo y reconocimiento fue una motivación para mi día a día, para el trabajo bien hecho”. Volvió a Brasil con ganas de hacer algo semejante. Algunos le llamaron loco. Pero ahí están las cifras: de 6,8 donantes por cada millón de habitantes en 2004, cuando se responsabilizó de la Coordinación de Captación y distribución de órganos y tejidos de Santa Catarina, a 33 donantes el pasado mes de agosto, los mismos niveles que Brasil y muy cercanos a los de España, recuerda. “Creo que de alguna manera he tenido éxito”. Y todo dentro de un sistema de salud público, destaca.

La formación de coordinadores de hospitales es un gran logro. Una de las tareas que se impuso fue conseguir financiación para los coordinadores, consciente de que sin ellos, no hay donantes. Joel de Andrade ha participado en mayor o menor medida en actividades educativas de coordinación en 21 de las 27 unidades federativas de Brasil. En 2010, fue a Amazonas invitado por el Gobierno, un estado con tres millones de personas en el que nunca se había registrado un donante. “Arrancamos de cero, hasta los contenedores de los órganos los enviamos desde Santa Catarina”, explica. En 2011, llegó el primer donante, hoy hay más de 60 y se acaba de realizar el primer trasplante de hígado. Es una de las grandes satisfacciones de este médico que divide su tiempo entre las guardias en el hospital y su trabajo en la coordinación de trasplantes, planificando cursos, gestionando datos, identificando posibles donantes, entrevistando a familias o apoyando diagnósticos de muerte cerebral. Una de las contribuciones del Master Alianza es la comunicación con las familias de los donantes. Su objetivo es que éstas comprendan que en una donación el beneficiario no es sólo la persona que recibe los órganos, sino también la que los da. En 2004, de cada diez familias, tres aceptaban y siete rechazaban la donación; hoy, la proporción se ha invertido.

En la actualidad, el debate sobre donación de órganos en todo el mundo se vuelca en la necesidad de cambiar la mentalidad de la población. La mejor inversión, según Joel de Andrade, es en educación, porque “la educación cambia el resultado”.

Junto a su equipo, ha logrado que SC Transplantes se parezca mucho al sueño de crear una coordinación fuerte en su estado. Pero todo es mejorable. Un ejemplo es el diagnóstico de muerte cerebral, que precede al proceso de donación de órganos. Es un diagnóstico obligatorio, que a veces no se cumple. Un paso que absorbe mucho tiempo y que tiene que manejar con cuidado.

Casado y con un niño de 12 años y una niña de 7 años -unas “criaturas maravillosas”- que quieren seguir sus pasos, Joel de Andrade milita desde hace tiempo en la liga contra la obesidad. Para ello, nada, practica surf, levanta pesas, hace pilates… Se levanta a las 4:30 de la mañana y no para. Todo sea por una vida más sana.

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Al colegio con una sonrisa https://www.vidascruzadas.es/social/al-colegio-con-una-sonrisa/ Wed, 1 Oct 2014 11:31:13 +0200 1455718303773 Laura Calles, trabajadora social del Colegio San Antonio en el distrito madrileño de Tetuán, no pudo incorporarse al centro en peor momento. “Conmigo traje la crisis”, comenta consciente de la realidad económica. Cuando inició esta faceta profesional hace cinco años, los padres de los alumnos tenían trabajo: las mujeres, como empleadas del hogar; los hombres, en la construcción. De parejas activas laboralmente a no tener un empleo, a cobrar el paro, después el subsidio, la renta mínima y, por último, a pedir comida en la parroquia. Desde el pasado curso, los alumnos del centro se benefician de las becas de comedor y libros de la ONG Ayuda en Acción.

Laura conoce muy bien las historias de los alumnos de este colegio, casi el cien por cien de familias inmigrantes, procedentes principalmente de República Dominicana y Filipinas. En estos momentos, son 190 niños los que asisten a clases de infantil y primaria. Conoce sus nombres y su situación personal, porque su labor consiste en ayudar a las familias con el fin de contribuir al desarrollo social y académico del niño. Desde su puesto, gestiona las becas de Ayuda en Acción que desde el curso pasado disfrutan los niños para libros y comedor. Un balón de oxígeno para las familias que han visto en los últimos años reducir las ayudas públicas de forma drástica.

Las ayudas se enmarcan en el proyecto de apoyo a las necesidades básicas de la infancia de Ayuda en Acción, al que la Fundación Mutua Madrileña ha contribuido con la recaudación solidaria de los conciertos de Inma Shara y la Orquesta Clásica Santa Cecilia celebrados en las Navidades de 2013. El proyecto de Ayuda en Acción ha beneficiado el pasado curso a más de 7.200 alumnos de 21 centros educativos de toda España. En el caso del Colegio San Antonio, las ayudas han ido destinadas a becas de comedor y de libros. A Laura le han llegado este curso solicitudes de 106 alumnos. Ninguna de las familias supera una renta mensual de 2.000 euros. Los documentos de ingresos y gastos le ayudan a conocer las diferentes situaciones familiares, pero no necesita hurgar mucho para ver la realidad de cada alumno. “Creo que llego a tener una situación bastante realista de las familias y puedo asegurar que a todos los niños a los que se les han concedido las ayudas, las necesitan al cien por cien”, confirma la trabajadora social.

Todos los padres que han solicitado becas de libros las han recibido. Los manuales en primero de infantil pueden suponer unos 170 euros y en primero de educación primaria unos 350 euros este curso –“y somos un centro de los más baratos”, explica Laura-. La fórmula de reparto pretende ser lo más justa posible, por eso si los padres solo pueden pagar 100 euros, se le subvenciona el resto, con independencia del curso y de su situación. “El objetivo no es solo solucionarles la papeleta, sino que sepan que se les tiene en cuenta”.

Con las becas de comedor, lo mismo. El centro completa con el dinero recibido de Ayuda en Acción las ayudas de la Administración, bastante escasas para Laura, pues suponen en torno a la cuarta parte del importe del precio del comedor en su colegio. Con el refuerzo económico de la organización, los padres pueden llegar a tener cubierto el 80% de este gasto. “Hay familias que trabajan y tienen que dejar a los niños en comedor, pero también vemos que hay niños que lo necesitan”. No hay casos de desnutrición, pero sí ejemplos de niños con una pobre base alimenticia. Los índices de pobreza no son sólo frías estadísticas. Laura comprueba como hay familias que comen gracias a las ayudas, de los bancos de alimentos, de la Cruz Roja, de los servicios sociales. “A ninguna familia le gusta ir a la parroquia a pedir ayuda si no la necesita realmente”.

Desarrollo social y académico

La trabajadora social se implica en las situaciones familiares de los alumnos, porque el ambiente en casa puede afectar al desarrollo social y académico de los niños. En esta tarea cuenta con el apoyo de Ayuda en Acción. El curso pasado, por ejemplo, han puesto en marcha un taller de búsqueda activa de empleo, muy enfocado a mejorar la autoestima a la hora de enfrentarse a un mercado laboral cada vez más exigente. “Salir con fuerza a buscar trabajo es muy importante, porque ya no lo buscan”, explica Laura. Ha escuchado más veces de las que le gustaría la frase de “para qué voy a buscar un empleo si siempre me dicen que no”. Por eso, en el taller han atacado el problema desde varios frentes: la motivación, los puntos fuertes del candidato para que se sepa vender y cuestiones prácticas como elaborar un currículum, buscar empleo por internet o realizar una entrevista de trabajo.

El balance del curso les anima a repetir la experiencia este año. Para empezar, en el colegio han creado una comisión de familias para que éstas puedan ver al centro como un referente social. Es una actuación en dos direcciones, porque a su vez el colegio puede obtener más colaboración de los padres. “A los niños les afecta lo que viven en casa. Cuando la familia no puede pagar la hipoteca o el alquiler, los libros y la comida, la educación del niño pasa a segundo plano”. Laura lo ve hasta cierto punto normal. “Si no tienes las necesidades básicas cubiertas ¡cómo te vas a ocupar de que el niño estudie!”. El estado emocional del niño le delata, más si el colegio sabe por las pruebas de los orientadores que no tiene problemas de tipo intelectual.

“Las familias de nuestros alumnos tienen ayudas significativas desde que estamos con Ayuda en Acción”. El curso pasado y el actual, porque la situación económica no ha mejorado, insiste Laura. Con este panorama, la nota alegre la ponen los niños, cuando salen felices del comedor.

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El partido de tenis más especial https://www.vidascruzadas.es/social/el-partido-de-tenis-mas-especial/ Mon, 15 Sep 2014 17:01:35 +0200 1455718300892 En el vocabulario de Roberto Ramos no hay cabida para la palabra rendirse. En 2013 un accidente de tráfico le dejó en una silla de ruedas. Tenía 26 años, trabajaba en una entidad financiera y acababa de poner punto y final a sus estudios de master. Se pasó diez meses en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. De la esperanza a la toma de conciencia de la situación real. Hasta que el pasado mes de enero se decidió a coger una raqueta. “Desde el primer día sentí que podía divertirme”, cuenta. Roberto fue uno de los primeros pacientes que estrenó la pista de tenis construida por la Fundación Emilio Sánchez Vicario gracias a la aportación de la Fundación Mutua Madrileña. Desde entonces, ha ido mejorando en este deporte que contribuye a la recuperación física y mejora la autoestima.

Antes del accidente que cambió su vida, el deporte llenaba una parte de su tiempo. Montar en bicicleta o jugar al paddle eran dos de sus actividades favoritas. Volver a la práctica deportiva ha sido una de sus grandes satisfacciones en el último año. Roberto recuerda que al principio de ingresar en el hospital, su lesión le impedía hacer muchas cosas. A sus 27 años, ha tenido que aprender a lidiar con otros problemas. “Hay que intentarlo todo y no rendirse”, dice consciente de que en cualquier momento su estado de ánimo puede jugarle una mala pasada.

Fue en enero de este año cuando se sintió capaz de empezar a hacer algún  tipo de deporte. Desde septiembre de 2013, el hospital contaba con una nueva pista de tenis financiada por la Fundación Mutua Madrileña para apoyar el programa de tenis adaptado de la Fundación Emilio Sánchez Vicario. Roberto pensó: ¿por qué no probarlo? Se apuntó y desde el primer momento sintió que podía divertirse. Poco a poco ha ido mejorando. Tiene que ponerse un esparadrapo en la mano para coger la raqueta, aunque confiesa que se le da bastante bien.

Ha comprobado los beneficios físicos y psíquicos de este deporte. Sus días de tenis eran los que más disfrutaba en el hospital. Una experiencia que le acercaba al mundo real. Agradece, en consecuencia, el trabajo realizado por las fundaciones que permitía a las personas ingresadas en este centro de parapléjicos de referencia salirse de la rutina hospitalaria.

Roberto estuvo jugando al tenis en el hospital hasta que le dieron de alta. Como el deporte le gusta y tiene buen juego, se ha apuntado a un club de tenis. Por fin ha conseguido una silla de ruedas -“son productos tan especiales que no hay un gran mercado de segunda mano”- y está listo para reanudar el partido. De momento, baraja hacer deporte un par de días a la semana. Mientras, continuará con su rehabilitación. Vive en Algete, un pueblo pequeño del norte de Madrid. Cada vez que quiere hacer algo, se tiene que desplazar y no es fácil. “Soy muy independiente. Tener que contar con los demás para todo es un gran cambio”, reconoce.

Roberto Ramos es licenciado en Economía por la Universidad Autónoma de Madrid. Le atraía el mundo de las finanzas, trabajaba en Bankia, así que decidió cursar un master en el Centro de Estudios Financieros (CEF). Es joven, tiene una formación y ganas de trabajar, sin embargo, no quiere precipitarse en sus decisiones. En estos momentos, cobra una pensión y a pesar de que estaría dispuesto a sacrificarla a cambio de estar activo, prefiere no correr riesgos. “Tengo que valorar si me compensa volver a trabajar. Además, para desplazarme dependería de los demás.”. Sabe que hay trabajos que puede realizar desde casa y no descarta aceptar las ofertas que se le presenten.

Lo importante es no rendirse

Su vida ha cambiado radicalmente en el último año. Tras el shock experimentado al inicio de su lesión, Roberto ha ido tomando conciencia de la realidad. Es un aprendizaje lento, explica. “Tienes que lidiar con los problemas del día a día”. En el hospital, sus días estaban completos, organizados. Dejar esa rutina no le asustaba, pero de nuevo en casa se ha encontrado con que sus horas las tiene que rellenar él. “Esto es más complicado”.

Le gusta el deporte y estar con sus amigos. También viajar. Ha vivido en Inglaterra unos ocho meses, en Bournemouth, en el sur, estudiando inglés, y en Escocia, trabajando de camarero, porque “aquí no encontraba trabajo”. No tenía un nivel de inglés alto, pero no le importó lanzarse a la aventura de buscar empleo fuera. Llegó hasta la última casa habitada de esa región de “paisajes increíbles y gente encantadora”. Cree que vivir y trabajar en otro país es una experiencia que hay que probar. “Cuando estás fuera, echas de menos tu casa; pero cuando regresas, deseas volver”. Viajar enriquece. Él está feliz de haber pasado unos días este verano en Berlín, con sus padres y su hermana pequeña. La capital alemana tiene mucho que ofrecer al viajero y es una ciudad accesible para las personas en sillas de ruedas. Él sigue aprendiendo. Lo importante es no rendirse.

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Independencia económica para una nueva vida https://www.vidascruzadas.es/social/independencia-economica-para-una-nueva-vida/ Fri, 5 Sep 2014 17:32:38 +0200 1455718301337 Ningún ser humano es irrecuperable si se le ofrece la ayuda adecuada. Las mujeres víctimas de violencia de género son una dolorosa realidad. Marta es uno más de los muchos casos de acoso y derribo. Luchadora y valiente, lucha por salir de los escombros de una cruel convivencia gracias al apoyo de la Fundación Ared, una de cuyas iniciativas ha recibido este año la ayuda de la Fundación Mutua Madrileña. Ahora, esta mujer se siente libre. Su prioridad: labrarse un porvenir mejor para ella y sus hijos.

Marta ha tenido que empezar de cero. Casa, amistades, trabajo… En su matrimonio, estaba atrapada en una espiral de mentiras y engaños de la que le costaba salir. Como si tuviera una venda en los ojos. Incapaz de darse cuenta de que las mentiras y estafas amenazaban su estabilidad conyugal y su salud, mental y física. La depresión le quitaba poco a poco kilos a su cuerpo. “No lo quería ver, sigues adelante cada día, sin pedir ayuda”. Hasta que todo estalla. Embargaron su piso y sus padres a punto estuvieron de perder el suyo. Fue todo lo que necesitó para decidirse a abandonar con sus dos hijos lo que alguna vez consideró su hogar. Desde entonces, su vida no ha sido fácil.

Sus padres fueron en ese momento su refugio. Es una mujer que piensa sobre todo en sus hijos y por eso decidió regresar. Se encontró con la cerradura del piso cambiada, de modo que no le quedó más remedio que llamar a otras puertas. La Fundación Ared le abrió las suyas de par en par. Conoció la institución a través de los servicios públicos de empleo. En 2006, esta institución que trabaja para la reinserción de mujeres creó Salta Confección, una empresa de inserción dedicada a la confección. “Cuando llegué allí y vi las máquinas de coser, comenté que era mi oficio por si había disponible una oferta de empleo”. Y la había. Fue todo muy rápido, comenta. Tenía experiencia cosiendo bañadores, tapicerías y otras prendas. Ahora trabaja confeccionando protectores para colchones. “Estoy contenta porque me cogieron por mí misma;  por mi situación personal, sí, pero también por mi currículum”.

Este año, el Programa de Integración socio laboral dirigido a mujeres víctimas de  violencia de género de la Fundación Ared ha sido elegido entre más de 400 iniciativas presentadas en la II Convocatoria de Ayudas a la Acción Social de la Fundación Mutua Madrileña. El apoyo favorecerá la integración social y la incorporación de 15 mujeres víctimas de algún tipo de situación tipificada como violencia de género o familiar. Marta es consciente de que la nueva vida a la que aspira pasa por la independencia económica. Por eso, agradece esta ayuda que le permitirá mejorar sus condiciones de vida.

Muchos amigos le han dado la espalda. Tiene que hacer el camino sola. “Cuando estás en situaciones como la mía, necesitas cariño”, reconoce Marta. Y la ayuda está facilitando los cambios en su vida.

“Ahora soy libre”

Al preguntarle cómo se siente, no duda en responder: “Ahora soy libre”. A pesar de ver su futuro más claro, tiene que acostumbrarse a la nueva situación. Tiene juicios pendientes para romper definitivamente con su pasado. Para ella resulta alentador contar con un trabajo y notar que las personas que están a su alrededor la quieren. Sus padres han sido su gran apoyo, pero sueña con cambiar su actual situación provisional por otra más estable, junto a sus hijos. Son su prioridad, aunque tiene pendiente superar los estragos que la separación ha hecho en el mayor, en edad adolescente. Los asistentes y educadores sociales están con ella en la tarea.

Una de las cosas que ha aprendido en su nueva experiencia vital es que la sociedad puede excluir fácilmente, pero también integrar, siempre con la ayuda adecuada. “Tengo suerte de estar trabajando”, dice. En la Fundación Ared le han abierto el camino. Fuera de ella, imagina su futuro sentada en una máquina de coser. “Me gusta coser, es lo mío”. Se considera una luchadora y tiene el apoyo de familia y amigos, lo que no la han fallado y los que va haciendo en el camino. De todo se aprende y a Marta la vida le ha enseñado a no ser tan confiada y a confiar más en sí misma.

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Ilusión para educar a los niños https://www.vidascruzadas.es/social/ilusion-para-educar/ Fri, 1 Aug 2014 13:35:10 +0200 1455718297887 De niña, jugaba a ser la maestra de sus muñecas. Se lo pasaba bien poniéndoles deberes y notas. Hoy, Irene Soto está preparada para trabajar como educadora infantil. Acaba de finalizar el Programa de Técnico Auxiliar en Entornos Educativos, también conocido como Educademos. Se trata de un programa formativo dirigido a adultos con discapacidad intelectual, en el que colabora la Fundación Mutua Madrileña. Irene está encantada con esta experiencia universitaria que le ha proporcionado una formación y buenos amigos.

Irene está a punto de cumplir 23 años. Aguarda impaciente el álbum que cada cumpleaños su madre le confecciona con las fotografías que recuerdan lo más destacado del año. En el de 2013, aparecen sus cuadros, sus entrevistas en la radio, sus bailes, sus excursiones… Porque Irene no para. Son muchas las actividades que consumen su día a día. Le dan tanta satisfacción que le resulta difícil decantarse por una sola, aunque acaba por reconocer que su participación semanal como entrevistadora en un programa de radio le entusiasma.

Cuando era pequeña, le gustaba ser profesora de sus muñecas. “Lo pasaba muy bien”, cuenta. De modo que por qué no sacar partido de esa vocación. En la Fundación Síndrome de Down le enseñaron el camino. Esta institución ha creado en colaboración con la Universidad de Comillas las Cátedra Familia y Discapacidad, en la que colabora desde hace dos años la Fundación Mutua Madrileña. El objetivo es la formación de las personas con discapacidad intelectual como profesionales cualificados para que puedan acceder al mercado laboral. Irene es una de sus alumnas distinguidas. Este año ha finalizado el segundo y último curso académico del Programa Educademos: Técnico Auxiliar en Entornos Educativos.

Se acuerda de los nervios de su primer día como universitaria. “Desde el primer curso, trabajamos en serio”, reconoce. Irene muestra orgullosa el trabajo con el que ha puesto el broche a su formación: un proyecto de ludoteca. Para Irene, el juego realiza un papel fundamental en el aprendizaje, “para los niños y para los mayores”. Ha superado la parte teórica y la práctica. El curso ha comprendido 200 horas de prácticas en el Colegio Irlandesas de El Soto. Ha sido una incursión en el mundo de la educación infantil de la mano de un profesor, ayudando en las aulas, en el comedor, en el patio. Ha trabajado con niños con edades comprendidas entre los 3 y los 6 años. Unos más revoltosos que otros. Al principio, le costó demostrar su autoridad. “Son tan ricos que me daba pena gritarlos”, dice Irene convencida de que al final se ganó mucho más que el cariño de los pequeños.

Irene pinta, escribe, baila… Cualquiera lo consideraría hobbies. Para ella, son actividades; el ocio es otra cosa. Asistir a todas estas clases supone un considerable esfuerzo económico para la familia, por eso la beca de la Fundación Mutua Madrileña ha sido tan bienvenida, pues ha permitido reducir la matrícula mensual de la Universidad de Comillas. Irene disfruta con todo lo que hace, pero la radio la llena especialmente. “Le da mucha soltura”, añade su madre, Pilar. Pronto iniciará la cuarta temporada como entrevistadora en el programa Gente Extraordinaria en Gestiona Radio. Cada lunes acude a los estudios para preparar la entrevista con ayuda de los profesionales y los jueves es el día de grabación. “El tiempo se me pasa volando”, asegura Irene.

“Reír es bueno”

Por los platós han pasado muchos entrevistados, como la periodista y escritora Marta Robles, un momento para el recuerdo en su álbum. De todos se acuerda: Elvira Lindo, la autora de Manolito Gafotas con cuyas aventuras narradas en radio tanto disfrutaba cuando de pequeña hacía las camas con su padre; el actor Pepe Viyuela, los componentes del grupo Los Secretos… Pero se queda con Rafael y Dora, profesores de risoterapia. “Reír es bueno”, asegura.

Lo demuestra exhibiendo una sonrisa, mientras muestra sus cuadros alegres y coloristas. Dice que ha sacado la vena artística materna. “Mi madre pinta unos cuadros excelentes”. De momento, ha vendido tres y ha expuesto en varias ocasiones. Una de sus pinturas, inspirada en el Caballero de la mano en el pecho, de El Greco, se exhibe actualmente dentro de la muestra Greco, nuestra mirada, organizada por Arte Down en el Palacio de Cibeles.

Pero no todos son pinceladas, escribir cuentos o entrevistas de radio. Para Irene, el ocio es sagrado. Tiene muchos amigos. Con ellos, se disfraza en Carnaval, canta en el karaoke o va de excursión a Agua Dulce (Almería).

Imagina su futuro en una guardería o un colegio, donde es más fácil que encaje dado su carácter creativo. Está preparada para cuando le llegue la oferta de trabajo. Ganas e ilusión no le faltan.

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Idiomas en vena https://www.vidascruzadas.es/social/idiomas-en-vena-/ Tue, 22 Jul 2014 10:05:31 +0200 1455718290923 A Elia Permanyer lo de los idiomas le corre por las venas. Esta apasionada de la lingüística se dejó llevar por su instinto y estudió Traducción e Interpretación, un campo que le ha abierto las puertas profesionales en Inglaterra. Para ella, formarse es un placer. Con ese ánimo, estudió un máster en Traducción Audiovisual en la Universidad de Roehampton (Reino Unido). Fue una experiencia que disfrutó sin la presión del temor a defraudar o conseguir un título. Y con la ventaja de contar con una beca de la Fundación Mutua Madrileña. Su día a día se desarrolla en la industria de la traducción, pero ejerce de traductora en su tiempo libre. Ya ha visto dos de las obras que ha traducido publicadas y la tercera está en camino. Abrirse paso en esta industria y vivir de ella no es fácil. Elia lo ha conseguido.

Para ella fue una decisión natural. En un entorno familiar de lectores empedernidos, siendo su madre licenciada en filología inglesa, profesora de inglés y traductora ocasional y con un hermano mayor avanzando por el mismo camino, estaba claro que la traducción era lo suyo. “Lo de las lenguas nos corre por las venas”, comenta. Aprendió inglés con 15 años; su madre se fue a trabajar un año a Estados Unidos y se llevó a Elia y a su hermano. Fue su primera experiencia en el extranjero. Desde entonces, lleva dentro el gusanillo de vivir fuera. En tercero de carrera, una beca Erasmus guio a Elia hasta el prestigioso Institut d’Interprétation et de Traduction (ISIT), dependiente de la Universidad Católica, en París. Al finalizar la universidad, se marchó a la pintoresca ciudad de Bath, como profesora auxiliar de conversación de español. Cuatro años después, se encuentra cómoda viviendo en Inglaterra.

Elia Permanyer es una madrileña de 27 años, práctica y decidida. Cursó Traducción e Interpretación en la Universidad Complutense. Quería especializarse en Traducción Audiovisual. La cuestión era qué máster y dónde. Barajó varias opciones: la Universidad de Estrasburgo, el Imperial College de Londres… Finalmente, fueron las materias y las condiciones académicas de la Universidad de Roehampton las que le convencieron. “Me gustó tanto que solicité plaza sin tener claro si podría o no financiar los estudios”.

A Elia le convenció Roehampton y a esta universidad, pese al número reducido de plazas, le convenció Elia. Le confirmaron la plaza a la semana de iniciar los trámites. Movida por la ilusión, se puso a buscar fuentes de financiación hasta debajo de las piedras. “Mis padres ya me habían pagado la carrera y una beca Erasmus en París, así que no me parecía de recibo que me pagasen también una especialización”. Lo consideraba un esfuerzo económico excesivo, teniendo en cuenta que en esos momentos ya tenía trabajo y le apetecía estudiar un máster por placer más que por necesidad profesional. Barajó la posibilidad de un préstamo, pues Inglaterra ofrece muchas facilidades a estudiantes. Un día, su madre vio un anuncio de las becas que desde hace nueve años concede la Fundación Mutua Madrileña a hijos de mutualistas con más de 20 años de antigüedad para la realización de estudios de postgrado en el extranjero. Reunía los requisitos y se presentó. Para ella, la beca es un premio a muchos años de dedicación al estudio. En una época de recortes en las ayudas públicas, iniciativas privadas como las de la Fundación Mutua Madrileña son “fundamentales”. Por eso, se siente en deuda con esta institución.

“Recibir la beca de Mutua supuso una ventaja enorme”. La ventaja de disfrutar de los estudios cuando uno sabe lo que quiere y no existe el miedo a defraudar o la presión de conseguir un título, explica. La Universidad de Roehampton fue una gran elección. Titulación, instalaciones, profesorado… Elia lo resume en un calificativo: “inmejorable”.

Su gran afición

Actualmente, es directora de proyectos en una gran empresa de traducción. Su trabajo no consiste en traducir, pero no le importa porque es su gran afición, la que absorbe su tiempo libre. Ya ha traducido varios libros, uno de ellos junto con su hermano. Dos de ellos ya se han publicado y el tercero está en camino. Lleva cuatro años en Inglaterra, vive feliz allí y, de momento, no tiene intención de volver a España. Es un mundo que conoce desde los 18 años. En Altalingua, una de las agencias de traducción e interpretación de referencia en Madrid, entró en contacto con la gestión de proyectos, que le gustó especialmente. Desde su experiencia, reconoce que la traducción es un campo difícil. Cita entre otros factores el intrusismo o la presión sobre el traductor en cuanto a plazos y precios. “No es nada fácil abrirse paso en la industria. Vivir, y bien, de la traducción es una tarea que lleva años”.

Para esta apasionada de los idiomas, hay vida más allá de la traducción. Lectora empedernida, su predilección por el género policíaco y la novela negra le ha llevado últimamente a estar muy pendiente del Nordic Noir y Juego de Tronos. Es una joven que también disfruta al aire libre. Hace ejercicio, “me encanta la zumba” y le gusta ver deporte. Un partido de tenis es una excelente propuesta, sobre todo si juega Rafa Nadal, del que se declara fan incondicional.

Puede que en el futuro se plantee el regreso a casa o el traslado a otro destino. “Dependerá de las oportunidades que me ofrezca cada país y, por supuesto, también de mi situación y circunstancias personales”.

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Pasión por la ciencia https://www.vidascruzadas.es/salud/pasion-por-la-ciencia/ Wed, 2 Jul 2014 13:00:52 +0200 1455718297460 La biología es la ciencia de la vida. A Aurora Bernal una profesora le inoculó esta pasión a los dieciséis años y hoy, diez años después, es una prometedora investigadora del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), del que la Fundación Mutua Madrileña es uno de sus patronos. El CNIC es para ella un ecosistema donde poder desarrollar, aprender y disfrutar. Cree que una sociedad que investiga es una sociedad que avanza. Por eso se siente una privilegiada. Cuando los recortes están pasando factura a la financiación de la ciencia, ve en el CNIC un modelo a seguir.

Han pasado cuatro años desde que Aurora Bernal tomara contacto con este centro de excelencia tutelado desde la presidencia científica por el cardiólogo Valentín Fuster. Era una recién licenciada en Biología por la Universidad Autónoma con una beca de verano. Curiosidad e ilusión a partes iguales. ¿Le gustaría el proyecto? ¿Encajaría en el grupo de trabajo? La experiencia no le dejó opciones: el CNIC era el centro donde desarrollar todo el potencial que le habían dejado sus años de formación. Primero, hizo un Máster en Biomedicina Molecular, también en la Universidad Autónoma, y el CNIC le becó las prácticas. Después, decidió realizar la tesis doctoral. Consiguió una de las becas que el Estado concede para la formación de doctores en centros de excelencia acreditados Severo Ochoa. “He ido pasando por todas las etapas del programa de formación que tiene el CNIC”, comenta Aurora.

El descubrimiento de la investigación de altura ha superado sus expectativas. “Lo que me gustaba era tener una pregunta, contar con las herramientas para obtener la respuesta, testarla, con rigor científico, para al final poder aportar un poquito a lo que sabemos hasta hoy”. Con esta inquietud, llegó a la universidad sin tener muy claro qué quería hacer después, porque “la carrera es muy amplia”. Hasta que se hizo patente que lo suyo era la biomedicina. Y encontró el CNIC. “He tenido la posibilidad de desarrollar aquí mi carrera temprana, y estoy contenta. Tengo todas las herramientas. Convivo en un ambiente científico, internacional, el lenguaje es el inglés. Tenemos programa de seminarios científicos. Siempre por delante los valores de la ciencia, el rigor. He hecho tres estancias fuera y en septiembre me voy otra vez. Todo eso lo que hace es enriquecer la formación como científico”.

Aurora trabaja en grupo de cuatro personas, uno de los más pequeños del CNIC. Están estudiando la migración celular. “Cómo somos capaces de mejorar las condiciones de migración de las células”, explica. El éxito de su trabajo se traduciría en que cuando un tejido resultase dañado, por ejemplo el corazón, esas células con capacidad de migración podrían reparar el tejido. “Es necesario conocer muy bien la biología celular, porque lo que hacemos es potenciar las propiedades de la célula que ayudan a que migre”, explica.

Es la primera investigadora en una familia interesada por la ciencia. Al iniciar sus estudios en la universidad, sus padres le regalaron un diccionario básico de las ciencias, que hoy sigue abriendo para consultar algún término. “Es importante tener el apoyo de la familia”. Aurora ha abierto el camino; ahora, su hermano acaba de terminar Físicas. Se sabe una privilegiada. “Creo que es básico formar investigadores”. Para ella, una sociedad se vertebra por su educación, por la investigación y desarrollo y por la sanidad. “Son los tres pilares básicos”. En el terreno que conoce, el de la investigación, piensa que en estos momentos estamos viendo los últimos resultados de la época de la gran financiación. “Ahora mismo, no se está financiando la investigación”. El resultado es, a su juicio, un empobrecimiento de la sociedad. Su receta pasa por invertir en todos los niveles de la investigación, pre y post doctoral, para poder contar con un sistema de investigación que permita a jóvenes como ella no sólo formarse como científicos, sino ejercer una vida laboral de manera estable.

Visión a largo plazo

Cuando se plantea cómo ve la sociedad su trabajo en época de recortes como la actual, llega a la conclusión de que la gente quiere resultados inmediatos. “Se preguntan que si estamos trabajando tantas personas, con tanto dinero, ¿por qué los resultados no llegan a la clínica ya? Aurora les responde que para que eso suceda, son necesarios muchísimos controles, ensayos, en definitiva, tiempo. Los investigadores son una parte de la cadena, porque en el centro “somos necesarios todos, incluso la persona que prepara el auditorio para que venga alguien de fuera a contarnos su trabajo”. Aurora desearía que la sociedad entendiera que la investigación es cosa de todos, que hubiera un diálogo sociedad-ciencia.

Aurora Bernal disfruta de una beca de cuatro años para realizar su tesis. Considera que es el plazo idóneo para desarrollar un trabajo científico y poder obtener resultados. Una vez leída la tesis, cree fundamental añadir a su experiencia una fase de formación en el extranjero. Es su deseo. Sin embargo, para ella es importante volver a casa. “Después de todo, el Estado y la sociedad han invertido en mi formación de científica”. Admite que es muy complicado. “Irte a otro país, trabajar con los mejores es más o menos fácil, pero luego volver a España y establecerte como científico, no tanto”. Tiene claro que quiere salir fuera. A Berlín, la capital a la que llegó becada por primera vez en el verano de 2011 y que considera su segunda ciudad, un entorno en el que sacar partido a una oferta cultural –viajar, leer o ir a conciertos son sus aficiones-. Pero también que quiere volver. Si lo consigue, le gustaría trabajar en centros de investigación como el CNIC. El centro es sinónimo de investigación de calidad, también un ejemplo de lo que financiación pública y privada pueden hacer por la ciencia.

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Alimentar sonrisas https://www.vidascruzadas.es/social/alimentar-sonrisas/ Mon, 23 Jun 2014 11:29:48 +0200 1455718286730 Cuando un niño africano está contento, baila. Mamen Lucas, trabajadora de Manos Unidas y gran conocedora del Programa de Nutrición Infantil que la ONG lleva a cabo en la ciudad de Kananga, en la República Democrática del Congo, visitó a estos niños el pasado mes de mayo y la obsequiaron con el mejor de los regalos: un baile. El programa, destinado a los menores de cinco años, cuenta desde febrero de este año con el apoyo de la Fundación Mutua Madrileña. Una ayuda en formación y prevención que está cambiando la vida de cientos de familias, ayudando a acabar con la malnutrición de los pequeños y formando a las madres para romper el círculo de la pobreza.

Hay imágenes de niños desnutridos que sacuden conciencias. Algunos tienen dos años y pesan cinco kilos. “Clama al cielo”, afirma Mamen. En el centro nutricional que Manos Unidas tiene en el barrio de Kamayi, en la ciudad de Kananga, cuentan alrededor de 320 casos graves. “Pueden llegar así”, dice mientras muestra la fotografía de uno de ellos, pero en dos o tres meses, el niño ha cambiado y, aunque no está bien del todo, no tiene nada que ver con el dramático aspecto que presenta al llegar al centro.

Mamen Lucas conoce bien África. Recuerda que la primera vez que oyó hablar de Manos Unidas tendría poco más de 8 años. Siempre quiso ser misionera. Ha vivido cinco años en Congo, Gabón y Guinea Ecuatorial. En estos países, ha hecho de todo, desde asistir partos, impartir clases o ayudar a la reinserción de niñas esclavas. Desde hace diez años, trabaja en la sede de Manos Unidas, aunque su motivación y su día a día siguen siendo los mismos. El pasado mes de mayo, viajó al Congo para supervisar sobre el terreno el desarrollo del proyecto que financia la Fundación Mutua Madrileña.

Cada día, los casos más graves acuden al centro nutricional que dirige la hermana Alicia para tomar un complemento alimenticio, que consiste en dos paquetes con una alimentación enriquecida en proteínas, uno por la mañana y otro por la noche. El tratamiento se completa con vitaminas y suplementos de hierro.  Todos los que están en mantenimiento, reciben una comida al día, una especie de cocido o potaje. “El objetivo ha sido llegar al máximo número de niños posibles y a los casos más graves”, explica Mamen.

La Fundación Mutua Madrileña está implicada desde el pasado mes de febrero en el Programa de Nutrición Infantil en Kananga de Manos Unidas, uno de los proyectos beneficiados en la II Convocatoria de Ayudas a Proyectos de Acción Social, en la categoría Cooperación al Desarrollo. “La ayuda de la Mutua ha supuesto un refuerzo del programa que las hermanas Carmelitas vienen realizando desde hace 38 años”, señala Mamen. Estas misioneras pusieron en marcha entonces un dispensario y un centro para la formación de la mujer, conscientes de que la mujer africana es clave para el desarrollo de la sociedad. Como el dispensario no se podía centrar exclusivamente en los casos de los niños con problemas de alimentación, crearon el centro nutricional.

Descubrir nuevos casos

Gracias al apoyo de la Mutua, ha sido posible contratar un animador, cuya función es ir casa por casa haciendo seguimiento de los niños que reciben tratamiento e identificando casos nuevos, porque muchas familias tienen hijos con problemas de nutrición pero no consideran necesario intervenir. El trabajo de esta persona es descubrir casos nuevos y llevarlos al centro.

El objetivo principal del programa es reducir los índices de mortalidad de la población infantil y, a continuación, combatir las causas de la pobreza. Hay que ayudar a la madre a asegurarse unos ingresos, con un pequeño comercio o cultivando un pequeño huerto. Es la función del centro social de formación, donde aprenden corte y confección y nociones de agricultura. “Alrededor del centro hay terrenos donde siembran soja, cacahuete y otros cultivos para que luego puedan hacer lo mismo en sus casas”. Además, reciben instrucción básica en lengua y matemáticas. La técnico de Manos Unidas ha visto a las mamás con dos o tres niños en pequeños puestos en el barrio de Kamayi, al lado de sus casas. Se ganan bien la vida haciendo arreglos de costura o confeccionando trajes de encargo. Los clientes pueden llevar su propia tela, y en ese caso, el precio es más barato, o bien ellas ponen el tejido.

La Fundación Mutua Madrileña ha facilitado también la formación en el barrio. Antes, las visitas al dispensario se completaban con una charla explicativa, pero ahora, gracias al animador y a otros voluntarios, cada cierto tiempo se dan sesiones formativas en un barrio poblado por unas 7.000 personas y no sólo a los enfermos. Según Mamen, “hay muy buena acogida”. Se trata de que las familias tengan su pequeño huerto o que conozcan las mínimas normas de higiene a la hora de cocinar, entre otras cuestiones. “Los resultados son lentos, pero el hecho de que se interesen por asistir a la formación ya constituye un logro”. Enseñanzas como dejar los bidones de agua al sol durante determinadas horas cuando no tienen medios para hervirla y evitar así enfermedades.

La Fundación Mutua ha acercado la formación a las puertas de sus casas, dice Carmen Lucas. “La formación es fundamental. Si nosotros la recibimos desde los tres años, ellos también  tienen necesidad y derecho a contar con buenos mecanismos para formarse”. Más formación, menos pobreza y niños que bailan porque están bien alimentados. “Por cierto” –remata-, “ya no comen en el suelo, lo hacen en las mesas de madera encargadas a un carpintero local, gracias a la ayuda de la Fundación Mutua Madrileña”.

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Aprovechar oportunidades https://www.vidascruzadas.es/social/aprovechar-oportunidades/ Fri, 6 Jun 2014 12:17:25 +0200 1455718287200 A los 16 años, Gonzalo Morón tenía poco interés por los estudios. La oportunidad se presentó con una de las becas del Programa “Jóvenes Profesionales” que entonces ponía en marcha la Fundación Mutua Madrileña para estudiantes de chapa y pintura. Gracias a esa ayuda, ha llegado a ser: un joven que sabe lo mucho que cuesta ganar dinero, al que no le importa el trabajo exigente porque es una forma de mejorar en lo profesional y en lo personal. No para de imaginar cómo será su futuro: le sobran ideas y algunas ya están planificadas.

Admite haber dado más de un disgusto a sus padres. Gonzalo Morón echa la vista atrás y no se reconoce. De ser un chico al que no le gustaba estudiar a un joven que se gana la vida como oficial de tercera en un taller de automóviles. “Gano más que mi madre”, dice desde su posición privilegiada en una generación hipotecada por la falta de empleo. “He entrado a trabajar en una época difícil”. Está satisfecho. Apunta maneras de buen profesional. Ha llegado hasta aquí a base de trabajo y afán de superación.

Gonzalo Morón es uno de los 12 jóvenes que participaron en la primera edición del programa Jóvenes Profesionales que la Fundación Mutua Madrileña viene desarrollando desde hace tres años en colaboración con la Fundación Exit y Asetra (Asociación de talleres de reparación de Madrid). Doce becas para doce estudiantes de Formación Profesional de chapa y pintura. Gonzalo fue uno de los elegidos. Recuerda que no estudiaba, o mejor, que no le gustaba lo que estudiaba. “Me aburría, perdía la atención”. Hizo un Programa de Cualificación Profesional Inicial (PCPI) de automoción en el Instituto de Educación Secundaria del barrio madrileño de San Blas. Le gustaba lo que aprendía, así como la idea de que era un sector de oportunidades laborales. Al acabar, hizo una prueba de acceso a un grado medio de carrocería, pensando en que así redondeaba su formación: motor y chapa. Encajaba en el perfil del programa de becas, de modo que uno de sus profesores le ofreció la posibilidad de presentarse. Pasó la prueba sin problemas y en menos de un mes ya estaba realizando sus primeras prácticas.

Por la mañana, estudiaba; por las tardes, trabajaba durante tres horas en el taller. Sin un minuto que perder. Contaba con poco más de una hora para cambiar de actividad y la mayor parte del tiempo se iba en transporte público. Corría, se agobiaba, pero al final consiguió aprobar. “La beca me ayudó a sacar el curso mejor, porque trabajaba en algo que estaba estudiando”. Cuando Gonzalo pisó por primera vez el taller, sabía tres cosas del oficio. “Los granos del papel de lija y poco más”, comenta exagerando su escasez de conocimientos. No es extraño que en su primer día le invadiera un sentimiento de vergüenza. Tuvo la suerte de caer en las manos de un oficial de primera con 20 años de experiencia que asumió con agrado la misión de enseñarle.

“Una gran ayuda”

Fueron dos años de formación práctica y remunerados. Gonzalo prestaba atención y poco a poco fue asumiendo trabajos de más calado. “En el segundo año, era otra experiencia. Me encomendaban el lateral de un coche, me dejaban pintar dos o tres piezas, preparaba los paragolpes”. La beca “era una gran ayuda”, pero no sólo en lo económico, también en lo emocional. Gonzalo Morón empezó a ver la vida de otra forma. Él, que valora todo lo que se puede lograr con dinero, aprendió lo difícil que cuesta conseguirlo. Al acabar las prácticas de la beca y el curso, estaba listo para su inmersión en el mercado laboral. Trabajó su currículum en otro taller, hasta recalar en el actual, en un polígono de Alcobendas, al que llegan vehículos de alta gama de la vecina La Moraleja. Los modelos de Porsche y  Maserati no le intimidan, al contrario, le motivan. “Me exige más y eso me gusta”. Recuerda su primer día y el ambiente laboral más formal del que hasta entonces había conocido. “Lo que más me llamó la atención es que tienes tu puesto de trabajo y tienes que cuidarlo”.

Acaba de iniciar su andadura en el mundo profesional y ya sabe lo que quiere. “Claro que pienso en el futuro, demasiado”. Imagina su porvenir y se ve en otro tipo de trabajos que le ofrezcan una mayor calidad de vida. Le atrae la idea de ser perito de seguros. Se ha informado de los requisitos, el momento económico actual es complicado, pero él ha echado las cuentas de lo que tendría que ahorrar para vivir holgadamente durante los dos años que calcula que necesitaría para su formación. No es la única alternativa laboral que baraja. Cuando era pequeño disfrutaba con la idea de ser policía. Otro sueño para sus planes de futuro.

Su entorno familiar (tiene una hermana melliza a la que adora) y de amigos es el de jóvenes que han optado por el estudio para labrarse un porvenir. Él no se plantea volver a las aulas, salvo en el caso de aprender idiomas. Ya lo intentó con el alemán, a raíz de una oferta de trabajo que tuvo de Alemania. El extranjero es una opción, para trabajar y para descubrir. Le atrae viajar, pero “por desgracia no tengo dinero”. Adquirir cultura a través del viaje. “Recorrer el mundo te da experiencia, aprendes idiomas”, algo muy importante para Gonzalo.

Ha sabido aprovechar las oportunidades. Agradece a sus padres todo lo que le han dado. “Les debo demasiado”. Gracias a la beca, es otra persona. De un futuro desdibujado a un presente en el que predomina la idea de que la vida laboral es dura. “El pan hay que ganárselo”.

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Formarse para dejar huella https://www.vidascruzadas.es/social/formarse-para-dejar-huella/ Sun, 25 May 2014 10:00:40 +0200 1455718285513 Por su cabeza de niño bullía la idea de hacer cosas que dejaran huella. Le gustaba todo lo relacionado con la Tierra y, por eso, José María González decidió estudiar Ciencias Ambientales. Como su curiosidad le empujaba a saber cómo funcionaba el mundo, compaginó esa joven y prometedora carrera con Administración y Dirección de Empresas. La doble formación resultó una buena baza a la hora de solicitar una beca de la Fundación Mutua Madrileña para realizar un postgrado en el extranjero.  Gracias a ella, afrontó sin apuros económicos los estudios de un MBA en la Universidad de Duke, en Carolina del Norte (EE UU). Fueron dos años aprendiendo y compartiendo el día a día con 400 alumnos de 48 países. La experiencia le ha cambiado emocional y profesionalmente.

En la Fundación Mutua Madrileña todavía se recuerda el grito de alegría de José María González (Madrid, 1981) cuando le anunciaron que le habían concedido una beca de para ampliar sus estudios en el extranjero. Este joven de carácter abierto y aventurero trabajaba como consultor en Garrigues Medio Ambiente cuando, preocupado por la idea de acomodarse laboralmente, decidió dar un giro radical a su vida: estudiar un máster que le preparase para un contexto global, en conocimientos y en mercados. “Volver a estudiar con treinta años es un lujo. El problema es tener dinero para ello; de lo contrario, ni te lo planteas. Yo no tenía responsabilidades familiares, me lo podía permitir. Durante años estudias inglés, luego una carrera, te pones a trabajar…; es lo que toca, estás labrando tu futuro,  pero llega un momento en que te preguntas: ¿ahora qué?”.

Analizó universidades en Estados Unidos, habló con antiguos alumnos, buscó financiación. Al final, seleccionó las cinco instituciones que encajaban en sus prioridades: estudiar un MBA basado en todas las industrias, en una universidad ubicada en una ciudad pequeña en la que resultara más fácil hacer comunidad con sus compañeros de clase y donde el coste de vida no fuera muy alto. El resultado fue The Fuqua Business School, en la Universidad de Duke (Durham, Carolina del Norte), una de las instituciones educativas de mayor prestigio en Estados Unidos. La beca de la Fundación Mutua Madrileña despejó la última duda, ya que le permitió financiar la mitad de la matrícula. Los ahorros de seis años en Garrigues y los trabajos que realizó durante el máster en la corporación Sealed Air o en The Blackstone Group hicieron el resto.

Trabajo en equipo

Fueron dos años “vitales” para José María. El MBA le enseñó a hablar de habilidades, más que de conocimientos. El aprendizaje técnico ha sido fundamental, al igual que la exposición internacional, que “me ha enseñado a hacer negocios de forma estándar para todo el mundo”, o el trabajo en equipo. Una de las grandes enseñanzas del programa ha sido vivir en lo que considera un ambiente perfecto. “Allí coincidimos todos los tipos de personas, de diferentes países, sin clases sociales y sin prejuicios. Si algún día dirijo una empresa, me gustaría establecer ese ambiente”.  “Eso sí –añade con una sonrisa– me harté a invitar a paellas a mis compañeros durante dos años”.

En la recta final del máster, su obsesión no era volver a España. Es más, con un par de ofertas profesionales, vislumbraba su futuro en Estados Unidos. Entonces, en una de las sesiones de networking organizadas por la Universidad, una joven le habló de una empresa americana del sector salud que acababa de inaugurar oficina en Londres y buscaba extender su presencia en otras ciudades europeas. Se puso en contacto con ellos y surgió la sorpresa. “Me estaban contando lo que quería oír”.

Desde pequeño tuvo la suerte de que sus padres le enviaran a estudiar fuera varias veces y durante la carrera vivió un Erasmus en Reino Unido. Se desenvuelve sin problemas por el mundo cargado con una mochila y se apunta a todo lo que huele a internacional. Sin embargo, José María González volvió a nuestro país porque encontró aquí el trabajo que más le gustaba.

Actualmente trabaja en IMS, una consultora del sector farmacéutico, un campo que “me interesa desde el punto de vista científico y que cambia el mundo a diario. Me permite trabajar en proyectos en todos los países, menos en España; todas mis reuniones son fuera, cada quince días me voy a ver a los clientes a Alemania, Suiza o Gran Bretaña. Puedo trabajar con nuevas cosas que aprendí durante el MBA y me encantan”. Acude a trabajar vestido de forma casual y es él quien planifica su tiempo. No vive para el fin de semana. Su vida son siete días a la semana y no le importa comprobar la Blackberry antes de irse a la cama o en sábado y domingo. “Siempre y cuando sea una cosa razonable”.

Aquel niño que quería cambiar las cosas sigue teniendo una asignatura pendiente: irse a una industria donde rematar el trabajo que durante años ha realizado como consultor. “Llega un momento en que el trabajo de la consultoría se lo das a otro. Nunca llega a ser tuyo el final, es algo que me gustaría experimentar”. En lenguaje gastronómico (la comida es una de sus aficiones), cocinar la receta inventada. Mientras, seguirá viajando por el mundo ligero de equipaje y con la mente abierta.

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Una ventana abierta al futuro https://www.vidascruzadas.es/social/una-ventana-abierta-al-futuro/ Thu, 15 May 2014 09:09:48 +0200 1455718284638 Vino con su familia a España desde Bolivia con tan sólo 12 años. Pasó de jugar en las calles de Cochabamba a las de Alcalá de Henares (Madrid). Como a cualquier chico de su edad, le gustaban el fútbol y los coches. Hoy, sigue igual de motivado: disfruta con el Real Madrid y trabaja en un taller de reparaciones de automóviles para ayudar a la economía familiar. A sus 22 años, Manuel Soria se propone aprovechar todas las oportunidades que la vida le ponga por delante.

Manuel Soria es uno de los pocos estudiantes en España que conoce las ventajas de una formación dual para la FP similar al exitoso modelo alemán. Siempre le gustaron los coches, así que al acabar la educación secundaria obligatoria, se decantó por un ciclo formativo de grado medio en chapa y pintura de vehículos. Estudiaba por la mañana en el instituto y por la tarde trabajaba cinco horas en una gran superficie como reponedor para complementar los ingresos de la economía familiar. Tantas tareas le pasaron factura. “No supe compaginar el trabajo con los estudios”. Repitió el primer curso, pero aprendió la lección: si algo tenía claro era que tenía que recuperar el año perdido.

El proyecto Jóvenes Profesionales que desarrolla la Fundación Mutua Madrileña en colaboración con la Fundación Exit y la Asociación de Talleres de Reparación de Madrid (Asetra) fue para Manuel Soria una ventana abierta al futuro.  El objetivo de este programa pionero es apoyar la formación práctica en talleres de automóviles de jóvenes estudiantes de formación profesional. Jóvenes como Manuel, uno de los alumnos seleccionados, cumpliendo así su deseo de aprender el oficio en un taller “de verdad” y, además, “llevar dinero a casa”.

Manuel entró a hacer sus prácticas en el taller Automatric en el año 2012. Después de salir del instituto, llegaba a casa con el tiempo justo para comer, descansar 15 minutos y hacer el trayecto de 30 minutos en autobús hasta el taller. Durante tres horas al día, de lunes a viernes, recibía formación práctica y vivía una experiencia pre-profesional becada. A veces, alargaba su jornada 15 o 20 minutos más, pero no le importaba. La secuencia del día le dejaba poco tiempo para hacer trabajos o estudiar, pero intentaba estar al día con el curso. El sacrificio merecía la pena. A diferencia de la experiencia laboral en el supermercado, ahora estaba más motivado. “Me siento bien después de reparar o pintar una pieza de un coche”. Trabajando con coches es donde más ha aprendido. Cuando mira hacia atrás en busca de la primera impresión que le causó su incorporación al taller, ve a un joven moviéndose prudentemente en un taller que nada se parecía al del instituto, atento a todas las explicaciones que le iba dando un encargado sobre cómo montar y desmontar un vehículo. “Al principio, sólo miraba, no tocaba los coches; poco a poco, me he ido soltando”.

Evaluación excelente

Los alumnos del programa son evaluados trimestralmente. El desempeño de Manuel Soria fue excelente desde el principio. Tenía ambición e iniciativa. Cuando llegaron las vacaciones de verano, Manuel comunicó a su jefe que, si le necesitaban, estaba dispuesto a trabajar. Le contrataron para esos meses. Al año siguiente, volvió al taller para realizar los tres meses de prácticas del segundo año del módulo de formación en centros de trabajo. Hoy, es un miembro más de la familia Automatric, e incluso hace de mentor con otro joven que disfruta la beca Jóvenes Profesionales. Tiene corta experiencia profesional, pero para Manuel, ayudarle “es un estímulo”.

Manuel Soria no tiene referentes en su entorno del mundo de los talleres de coches. Ha tenido el privilegio de recibir dos formaciones: la de la beca de la Fundación Mutua y la de la Formación Profesional de Grado Medio. Pero todavía le queda mucho camino por recorrer. “Me gustaría avanzar, pintar y hacer otras tareas de mayor responsabilidad”. Se considera bueno con los parachoques. “Me hice bastante rápido con ellos, los reparo bastante bien, en poco tiempo”.  Pensando en el futuro, se atreve con otros trabajos. Le interesa la mecánica de los automóviles, también la posibilidad de dar clases como experto en programas de formación. “Siento vocación por enseñar a otros”. No cierra ninguna puerta: ingresar en el Ejército (desde pequeño le atrae la vida militar) o labrarse un futuro en otro país europeo.

En estos momentos, Manuel está tramitando la nacionalidad española. Su vida está aquí, con su familia, que no atraviesa precisamente una buena situación, su trabajo y sus amigos. Le gusta el ejercicio físico, antes jugaba al fútbol –es seguidor del Real Madrid-, pero hace unos meses decidió reservarse para él los fines de semana. Ahora ha sustituido el deporte rey por el gimnasio al salir del trabajo. “Me doy una paliza, pero me sienta bien”.

La beca de la Fundación Mutua ha sido una motivación. “Si no hubiera hecho las prácticas, no tendría los conocimientos que tengo, que no pueden compararse a los que adquieres en el instituto. Conozco a compañeros que han hecho prácticas en empresas y no han aprendido lo que he aprendido yo”. Repasa la lista de la veintena de alumnos con los que ha compartido clase y no cree que hayan conseguido trabajo más de tres. En el taller es el más joven, aunque sabe que llegará un momento en que además de formación académica, tendrá experiencia.

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El joven que tocaba un Stradivarius https://www.vidascruzadas.es/cultura/el-joven-que-tocaba-un-stradivarius/ Mon, 21 Apr 2014 16:07:42 +0200 1455718276866 Cuando sólo tenía 18 años, el padre de Pablo escuchó un disco de Pau Casals que cambió su vida: dejó todo y siguió los pasos musicales del gran violonchelista catalán. Tanto, que su hijo lleva el mismo nombre. Y esos detalles marcan.

Pablo Ferrández es una de las figuras más prometedoras del panorama musical internacional. A sus 23 años, ya ha actuado como solista con orquestas como la Sinfónica de San Petersburgo. Estudia un máster en la prestigiosa Kronberg Academy de Francfurt, la elite de la formación musical, donde sólo aceptan a 16 estudiantes. “Puedo permitírmelo gracias a una beca de la Asociación Juventudes Musicales de Madrid que financia la Fundación Mutua Madrileña por ser hijo de mutualista”, explica con una sonrisa. Espera prolongar un año más su estancia en Alemania para realizar el doctorado pero, mientras, su carrera de concertista avanza sin pausa. En 2014 ya ha visitado Suiza, Rusia y España. En verano le esperan Francia y Grecia, entre otros.

El método del Mago Diapasón

Pablo y su hermana Sara -que estudia viola en Berlín- aprendieron a hablar y  a entonar al mismo tiempo. Su madre, profesora de música, quiso que aprendieran el lenguaje de la música como algo natural y creó el método del Mago Diapasón, que estimula las aptitudes musicales desde los primeros meses. La mayoría de las personas escuchan sonidos; Pablo, al que le regalaron su primer chelo con tres años, escucha notas.

A los 13 años ingresó en la Escuela Superior de Música Reina Sofía, “una de las mejores del mundo” según Pablo. Durante siete años estudió con la profesora Natalia Shakhovskaya, algo por lo que se considera “muy afortunado”. Tuvo que cursar la ESO y el Bachillerato a distancia. La primera, con ayuda de un profesor particular; el Bachiller, por su cuenta y con refuerzo materno. “Fue un periodo intenso, pero aprendí muchísimo”, señala orgulloso.

El gran honor

Sus ganas por  saber cómo se vive y se toca en otros lugares le llevaron hace tres años a Alemania, donde ha recibido uno de los mejores regalos de su carrera: desde comienzos de año toca uno de los dos Stradivarius que le ha concedido en préstamo la Nippon Music Foundation. Es el primer español que ha merecido este honor.

El Lord Aylesford, llamado así en memoria del noble inglés que lo adquirió, fue realizado en 1696 y es uno de los exclusivos 63 chelos construidos por el maestro de Cremona. “Es muy complicado de tocar. Tiene mucha sonoridad y mucha personalidad, le gusta que le toquen de una determinada manera; de lo contrario, no suena tan bien”, explica.

Un jurado presidido por el estadounidense Lorin Maazel concedió a Pablo este privilegio por su “excelente técnica, progreso y musicalidad” tras escucharle tocar en Munich. Contó también con el aval de Marta Casals, viuda de Pau Casals, y Ana Chumachenko, profesora de la Cátedra de Violín de la Escuela de Música Reina Sofía, ambas miembros del jurado.

Dos discos

Pablo ha grabado ya dos discos. El primero fue editado tras ganar el premio Edmond de Rothschild Group que concede cada año el Festival de Sommets Musicaux de Gstaad. En colaboración con la Orquesta Filarmónica de Stuttgart, incluye dos de las obras maestras del violonchelo (los conciertos de Dvorak y Schumann), y en él rinde su particular homenaje a Pau Casals, interpretando “El canto de los pájaros”, que el violonchelista convirtió en símbolo de la paz.  El segundo, grabado también en Alemania, saldrá al mercado el próximo verano.

Pablo Ferrández saborea el éxito con los pies en la tierra y reconoce que “el talento, sin capacidad de trabajo, se echa a perder”. Escucharle decir que “uno se debe al público” demuestra que este madrileño ha sabido elegir el camino correcto para mantenerse en lo más alto.

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