Cuando el futuro se escribe lejos de casa
Icíar, Laura, Esther y Marina se graduaron en carreras dispares, pero comparten un destino común: ampliar sus estudios por el mundo gracias a las Becas Excelencia de la Fundación Mutua.
Hay viajes que no empiezan en un aeropuerto, sino en una idea: la de que el conocimiento puede cambiarlo todo. Las cuatro jóvenes que dan forma a esta historia lo saben bien. Cuatro trayectorias que, gracias a una beca, han encontrado la llave para abrir la puerta de sus sueños. Son beneficiarias de una de las Becas Excelencia de la Fundación Mutua Madrileña, y ésta es la historia de cómo la excelencia se convierte en oportunidad.
Marina, Icíar, Esther y Laura se conocieron en julio en Madrid cuando acudieron a recoger su beca. Sus disciplinas son distintas: neurociencia, computación, diplomacia, arte. Pero hay algo que las une: la convicción de que esta ayuda puede transformar su futuro.
Marina: la curiosidad que viaja al frío del norte
En Caldes de Malavella, provincia de Girona, Marina Suárez tuvo claro desde niña que quería dedicarse a la ciencia. Estudió Ciencias Biomédicas en la Universidad Autónoma de Barcelona, atraída por esa mezcla de conceptos que explica la vida y la enfermedad.
Estoy muy agradecida a la Fundación Mutua, ya que puedo vivir este sueño dedicándome a tiempo completo a mis estudios
Desde septiembre su mapa apunta a Finlandia. Allí ha empezado un Máster en Neurociencias en la Universidad de Helsinki, referencia en investigación biomédica en Europa. “En Helsinki me está yendo muy bien, la ciudad es encantadora y muy internacional, lo que hace que sea muy sencillo integrarse. Escogí este programa porque me permite diseñar mi propio itinerario, elegir asignaturas y aprender de manera global”, cuenta.
Pese al frío y a las pocas horas de luz, Marina cuenta que en Helsinki siempre puedes encontrar algo que hacer: “Hay muchísimas organizaciones y clubs de estudiantes, que organizan muchos eventos durante el curso académico, lo que ayuda a conocer a gente y a hacer planes incluso cuando se hace de noche a las 15:30 de la tarde. De hecho, aquí he descubierto un evento tradicional de Finlandia que son las "sitsit", un evento estudiantil donde se organiza una cena durante la cual se cantan canciones tradicionales y actuales también y se hacen discursos. Normalmente hay una temática central y te puedes vestir acorde a ella; por ejemplo, fui a una de Mamma Mia. La verdad que es un evento diferente pero muy divertido e interesante”, comenta.
Mirando al futuro, su sueño es liderar un grupo de investigación y aportar conocimiento que ayude a entender el cerebro, ese órgano que guarda todos nuestros misterios.
La beca de la Fundación Mutua no solo le da alas, también le quita peso. “Sin ella, habría tenido que trabajar mientras estudiaba. Así, puedo centrarme en aprender y aprovechar cada oportunidad”. Marina sabe que la ciencia no entiende de fronteras, y que el futuro se construye con redes: “Espero conocer gente que comparta mis inquietudes y crear contactos en la comunidad científica”.
Icíar: física que se transforma en código
En Pozuelo de Alarcón, Madrid, Icíar Arnal aprendió que la física no es solo teoría: es una herramienta para entender el mundo y resolver problemas. Por eso eligió estudiar Ingeniería Física en la Universidad Carlos III de Madrid. Durante su tercer año, una estancia en Estados Unidos le abrió los ojos: “Aquella experiencia despertó en mí el deseo de continuar mi formación en el extranjero”, explica.
Hoy, su destino es Múnich, donde cursa un Máster en Ciencia e Ingeniería Computacional en la Universidad Técnica de la ciudad. Eligió este máster porque combina “la computación, la simulación y el análisis numérico, áreas que me interesan especialmente y que complementan muy bien mi formación previa en ingeniería y física, con el fin de abordar problemas complejos en ciencia e ingeniería desde una perspectiva computacional”, explica. Su trabajo ideal: I+D en una empresa tecnológica, enfrentando desafíos que exigen creatividad y rigor.
De momento, define la experiencia como “muy enriquecedora”, tanto por el entorno internacional del alumnado como por la calidad de los profesores. “Esta diversidad cultural genera un ambiente único en el aula, donde cada discusión se nutre de perspectivas diferentes y se convierte en una oportunidad de aprendizaje más allá del contenido académico. Además, estoy aprovechando para aprender alemán, lo que me permite integrarme mejor en la vida cotidiana y en la universidad”, cuenta.
La magnitud del Oktoberfest durante su primera semana en la ciudad la impresionó: “Más allá de la fiesta, me sorprendió la magnitud del evento y cómo se convierte en un punto de encuentro cultural. Fue una manera muy especial de empezar mi estancia y de sentir la ciudad desde dentro”, cuenta.
La beca no es solo un apoyo económico; es un salvavidas emocional. “Me permitirá centrarme en mi formación sin que la carga económica sea una preocupación constante”. Para Icíar, estudiar fuera no es solo aprender: es crecer. “Espero aprovechar todo lo que ofrece un entorno tan internacional y dinámico como Múnich”, cuenta
Esther: la voz que quiere unir orillas
Hay historias que nacen de una imagen. Para Esther Barrero, fue las que dejó la Primavera Árabe en 2011: “Niños sirios de mi edad jugaban en cráteres de bombas al otro lado del mar en el que aprendí a nadar. Oleadas de refugiados que arriesgaban sus vidas para llegar a las costas de mi país. Esto me inspiró a comprender el mundo más allá de mis fronteras y a descubrir qué herramientas tenemos para mejorar la vida de los demás”, arranca su historia.
Ese pensamiento de la todavía adolescente Esther la llevó a estudiar un doble grado en Sociología y Relaciones Internacionales, con especialización en Desarrollo. Ahora, su camino sigue en Brujas, en el Colegio de Europa, donde cursa un Máster en Relaciones Internacionales y Diplomacia de la Unión Europea, “Lo elegí porque se alineaba con mi deseo de aprender cómo hacer más fuerte y democrática a nuestra Unión Europea”.
Para Esther, la beca no es solo una ayuda: es la diferencia entre poder y no poder. “Costearme unos estudios privados sin ayuda financiera me era imposible. Esta beca hace realidad mi proyecto de futuro”.
Además, Esther no estudia en una universidad cualquiera, el enfoque académico del Colegio Europa con viajes de estudio y clases a cargo de los mejores profesionales y académicos del mundo en la Unión Europea, y un ambiente multicultural, lo convierte “en una atmósfera colaborativa y enriquecedora, el tipo de entorno social en el que crezco y prospero”, añade.
Y así lo está disfrutando. En este primer trimestre en el Colegio Europa, Esther ya he podido conocer a altos cargos de la UE, diversos embajadores y ha podido compartir un rato con la Relatora especial de las Naciones Unidas para los Territorios Palestinos. “Vino a una charla de una hora y se quedó con los estudiantes hasta las dos de la mañana. Poder debatir con ella de forma informal sobre su trabajo, su visión personal del mundo, Palestina e Israel… es una oportunidad única que no habría podido tener si no estuviera aquí”, explica.
En total el Colegio tiene a unas 51 nacionalidades entre sus alumnos, “sólo en mi residencia comparto espacio, desayunos, y celebraciones con personas de más de 27 nacionalidades. Si bien cada uno hacemos un máster diferente desayunamos juntos en nuestra sala de estar cómo una gran familia, ¡hay aceite de oliva para las tostadas!”, revela.
Su sueño es trabajar por la paz, “dedicando mi vida al servicio público de la Unión Europea y contribuyendo al desarrollo de las relaciones euromediterráneas”.
Laura: la artista que profundiza en el valor de la artesanía
En Madrid, Laura Calderón siempre fue “creativa, apasionada e imaginativa” lo que la llevó a estudiar Bellas Artes en la Universidad Complutense. En un primer momento, atraída por la pintura y el dibujo; pero el camino del arte es como un río: cambia de curso. Tras experimentar con grabado y escultura, llegó al arte textil y a la artesanía, disciplinas que reivindican lo manual en un mundo digital.
Tras terminar la carrera se tomó un año para trabajar y pensar cuál sería su siguiente paso. Es en ese periodo, hablando con amigas de la facultad, cuando se mencionaron las Becas Excelencia de la Fundación Mutua: “Yo sabía que mi padre tenía una póliza en La Mutua desde hace muchos años y, tras mirarlo, vi que era algo a lo que realmente tenía una oportunidad de optar. Decidí empezar un largo proceso de conseguir los documentos que necesitaba y aplicar a los Máster. Por ello, tras casi un año de entrevistas, solicitudes y correos, me siento muy orgullosa de estar en este momento”.
Desde septiembre se encuentra en la ciudad sueca de Gotemburgo donde cursa un Máster en Bellas Artes en Artesanía con especialización en Arte Textil en la HDK-Valand, la Academia de Arte y Diseño dentro de la universidad de Gotemburgo. “La universidad es increíble, un entorno totalmente especializado. ¡En mi clase somos todas internacionales! Tengo acceso constante a todos los talleres que pudiera imaginar para desarrollar mi obra y un sin fin de exposiciones a las que ir cada fin de semana”.
A Laura le atraía el planteamiento que combina trabajo en estudio/taller, seminarios y mentorías en un entorno altamente especializado, pero en su elección por este centro también pesó la presencia de Jessica Hemmings como profesora, una de las mayores expertas en el ámbito del arte textil contemporáneo, “cuyos ensayos ya conocía y habían sido fundamentales para mí en el desarrollo de mi trabajo de fin de grado”. Todavía no la ha conocido.
De Suecia lo que más le ha sorprendido ha sido la oscuridad: “Ahora mismo anochece a las 15:30, y la gran mayoría de días está nublado. Es un shock importante las primeras semanas y se echa de menos el sol, pero a la vez tiene bastante belleza, aporta una energía diferente al estilo de vida. ¡Ahora por fin entiendo por qué están acostumbrados a cenar a las 18!”, cuenta.
La beca es su hilo conductor. “Sin ella, habría sido imposible mantenerme en Suecia durante dos años. Estoy muy agradecida a la Fundación Mutua, ya que puedo vivir este sueño dedicándome a tiempo completo a mis estudios”, concluye.
La Fundación Mutua Madrileña no solo financia estudios, siembra oportunidades. Y esas oportunidades germinan en lugares tan distintos como Helsinki, Múnich, Brujas o Gotemburgo. Allí, estas cuatro jóvenes están escribiendo su historia. Una historia que empezó con una idea y que hoy se cuenta en presente gracias a las Becas Excelencia.
